La firma del fideicomiso es un paso
importante pues sin él la iniciativa Yasuní no tendría
posibilidades de continuar, es más podríamos decir que después de
3 años empieza a concretarse ahora. No firmar el fideicomiso
probablemente habría significado la invasión acelerada de
petroleras en el Yasuní, o en el mejor de los casos habría quedado
reducida a negociaciones bilaterales por proyectos enmarcados en el
mercado de carbono a cambio de una parcial renuncia a la explotación
petrolera.
El tiempo ha favorecido para que la
sociedad ecuatoriana e internacional conozca de la propuesta y tome
una posición. Hoy la sociedad ecuatoriana es más consciente de que
la riqueza que tenemos es la naturaleza y su diversidad, las culturas
indígenas. La sociedad comienza a valorar lo que significa el
sentido de comunidad y de respeto a la naturaleza. Tenemos ahora una
nueva Constitución que recogió los derechos de la naturaleza, la
plurinacionalidad como propuesta política y el sumak kawsai como
régimen económico.
Es el
momento de reconocer y felicitar a quienes han trabajado por la
iniciativa: a los indígenas Waorani que llevan más de 20 años
denunciando los impactos de las operaciones petroleras en sus
territorios; a los pueblos y comunidades que con su resistencia
inspiraron la propuesta Yasuní; a sus dirigentes de la CONAIE que
han mantenido y promovido la protección del Yasuní; a aquellos
trabajadores petroleros que han provisto valiosa información técnica
y desde sus espacios han respaldado la iniciativa; a los demandantes
del juicio contra la Texaco que nos han permitido contar con
información sobre los impactos de la actividad petrolera; a los
jóvenes de la campaña Amazonía Por la Vida que han promovido la
defensa del Yasuní en escuelas, colegios y barrios en todo el país;
a los artistas, periodistas, académicos que han mantenido viva la
iniciativa. Y por supuesto a los funcionarios y ex-funcionarios del
Estado que han impulsado acciones para consolidar la llamada primera
opción para el Yasuní.
Sin duda
tenemos razones para celebrar y simultáneamente para continuar
construyendo caminos. Eso nos obliga a subrayar los logros y señalar
las debilidades, pues el silencio finalmente facilita el olvido de
los sueños.
Proteger
el Yasuní implica reflexiones y acciones locales, nacionales e
internacionales que aún están pendientes.
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A
nivel local corresponde apoyar a las comunidades para la defensa de los
territorios, los bosques y el agua, sin esas comunidades y sus luchas,
la iniciativa del Yasuní nunca habría surgido. Es intolerable que estas
sean reprimidas o descalificadas, eso equivale a dejar huérfana a la
iniciativa.
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La
iniciativa Yasuní puede y debe allanar el camino a un Ecuador post
petrolero. De hecho ha permitido contraponer a la idea clásica de
priorizar la explotación, a la de conservar el patrimonio. Es necesario
superar las medidas y políticas de más exploraciones, más explotación y
más consumo, que nos atan al modelo petrolero, peor aún cuando estas
afectarían al centro y sur de la Amazonía. Incluso es necesario cerrar
la herida que representa el bloque 31, con cantidades mínimas de
petróleo, el Bloque 16 que sobrevive con vida artificial, pues su
contrato debería terminar en dos años y el campo Armadillo que afecta a
pueblos en aislamiento voluntario.
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Aún
cuando la propuesta Yasuní permitió hacer visibles las vergonzosas
negociaciones del mercado de carbono promovidas por el Protocolo de
Kyoto, inspiró a otros pueblos y países para replicar la iniciativa de
dejar el crudo bajo tierra y abonó a la discusión sobre la existencia
de una deuda ecológica que el Norte debe al Sur, es necesario unificar
las posiciones oficiales, que en algunos casos son contradictorias. Es
necesario en ese sentido distanciar los fondos Yasuní de los mercados
de carbono y de los proyectos REDD, que devienen en complicidad con los
contaminadores y en pérdida de soberanía local y nacional, o de las
inversiones en megaproyectos que sostienen el modelo extractivistas.
Todos
estos son temas pendientes y pasos necesarios para el éxito de la
iniciativa Yasuní y crearán el marco adecuado para ampliar el
respaldo nacional e internacional necesario. La firma del
Fideicomiso por parte del gobierno nacional, más allá de ser un
requisito necesario para continuar con la iniciativa, podría ser una
oportunidad para dar un giro en las políticas publicas que
constituya un precedente positivo para la protección de la
naturaleza y para el Sumak Kawsai.
Tenemos
mucho por delante y nos corresponde enfrentarlo con el compromiso, el
optimismo y el entusiasmo de siempre.