¡NO SOMOS DEUDORES! ¡SOMOS ACREEDORES DE UNA DEUDA HISTÓRICA, SOCIAL Y ECOLÓGICA!
La Iniciativa Yasuní ITT se encamina al triunfo
lunes, 02 de agosto de 2010
Joan Martínez Alier*
El canciller Fánder
Falconí (un puntal desde el 2006 de Alianza PAIS, el movimiento que
lidera el presidente Correa), anunció a principios de diciembre del
2009 que el Fideicomiso con el PNUD, dónde podrían ingresarse las
aportaciones para la Iniciativa Yasuní ITT, sería firmado el día 16 de
diciembre en Copenhague en la cumbre sobre el cambio climático. Se
convocó a la prensa, pero no hubo firma. El presidente Correa había
prohibido la firma. Abundaron las metáforas: el canciller se había
quedado colgado de la brocha, al canciller le habían tele-quitado la
silla en el momento de sentarse. A Helen Clark, la directora del PNUD,
que se aprontaba a firmar el acuerdo, la dejaron, como se dice en
Ecuador, con los churos puestos o (más groseramente) con la bata
alzada. Sin apenas inmutarse, dijo ante la prensa que la Iniciativa
Yasuní ITT era “fantástica”.
Tras la dimisión el 10
y 11 de enero de parte del equipo de alto nivel que había establecido
con el PNUD los términos del Fideicomiso, y tras la sonada dimisión de
Fánder Falconí el 12 de enero del 2010 en respuesta a las desacertadas
interpretaciones e insultos al equipo ecuatoriano y al PNUD por el
presidente Correa en la radio y televisión el 9 de enero, el propio
presidente se embarcó durante unos días en una “guerra de epítetos” en
contra del ex canciller Falconí, de ex ministro y presidente de la
Amablea Constituyente, Alberto Acosta, y de Esperanza Martínez
co-fundadora de Acción Ecológica en 1986 y de Oilwatch en 1995. En
Ambato, el presidente afirmó (Expreso, 15 enero 2010) que detrás del ex
canciller Falconí había toda una argolla del “ecologismo infantil” y
recordó que en Montecristi, al tiempo que se redactaba la Constitución
del 2008, el ya había advertido que el principal peligro no era la
derecha sino el indigenismo y el “ecologismo infantil”.
Analicemos esa elección de enemigos.
Para empezar, tales frases revelan ignorancia de las relaciones entre
las tres personas mencionadas. Entre Fánder Falconí y Acción Ecológica
no hubo ni antes ni después del 2007 una relación personal, intelectual
o política estrecha, mientras que sí la habido entre Acción Ecológica y
Alberto Acosta. Este último es co-autor de libros con Esperanza
Martínez y ha participado en numerosos talleres y foros organizados por
el Instituto de Estudios Ecologistas nacido de Acción Ecológica en
1995, y del cual yo he sido desde su inicio “rector honorario” y asiduo
profesor.
Esperanza Martínez fue asesora de Acosta en Montecristi, cuando éste presidió la Asamblea Constituyente en el 2008.
Fander
Falconí nunca participó en ninguna actividad de este pequeño Instituto
de Estudios Ecologistas cuyas actividades están dirigidas a movimientos
sociales. Falconí estuvo absorbido desde el 1997 hasta el 2001 en sus
estudios doctorales en la Universidad Autónoma de Barcelona (bajo la
dirección del Dr Giuseppe Munda y mía), y después, del 2001 al 2006 en
su trabajo en la FLACSO, y tras las elecciones del 2006 en su actividad
en el gobierno de Correa. Entre Fánder Falconí y Alberto Acosta
ciertamente hay una gran amistad, como “co-inventores” del Alianza PAIS
en el 2006, como intelectuales que piensan de manera cercana como
cualquiera puede leer en sus escritos sobre economía y ecología, como
co-autores y compiladores de varios libros. Ambos representan una nueva
corriente latinoamericana contra el desarrollismo extractivista, ambos
reclaman una transición hacia economías sostenibles. Acosta apela sobre
todo a los movimientos sociales del ecologismo popular y a movimientos
indígenas, Falconí se decanta más bien por la acción planificadora del
Estado, pero eso son matices dentro de una posición común
post-extractivista en política económica (que Correa parecía compartir
enteramente antes del 2007).
Correa,
sin embargo, nunca ha sido ecologista, es un economista latinoamericano
de izquierda, cepalino. El no comparte las tesis del ecologismo popular
o del ecologismo de los pobres, a pesar que en Ecuador (Sarayacu,
Intag, Muisne…) hay tantos casos evidentes de defensa de la naturaleza
a cargo de comunidades locales contra la extracción de petróleo, contra
la minería de cobre, contra el destrozo de los manglares por las
camaroneras…
Pero una cosa es no ser ecologista y otra es ser
rabiosamente anti-ecologista, como en esas declaraciones de enero del
2010 y en tantas otras ocasiones. ¿Qué le pasa a Correa con el
ecologismo? Más allá de la mala inteligencia y de una cierta paranoia,
cuando el presidente Correa traza ese deslinde de enemigos (“prefiero
la derecha al indigenismo y al ecologismo infantil”) hay razones para
sorprenderse. ¿Es esto realmente lo que cree? Su imagen como dirigente
es de representante de la izquierda latinoamericana. Su política social
interna y su política exterior realmente han sido de izquierda moderada
y eficaz. El apoyo a la gestión de Correa (el 70% según las encuestas
de junio 2010) se da sobre todo entre las clases populares por las
políticas redistributivas. Ha mejorado mucho el sistema fiscal
ecuatoriano. Ahora casi todos los que deben hacerlo, pagan impuesto
sobre sus ingresos.
En
esas frases de enero del 2010, Correa escogió claramente (esperemos que
no sea definitivamente) a sus enemigos principales, el indigenismo y el
ecologismo por encima de la derecha. Ahí hay una diferencia entre
Rafael Correa por un lado, y Fander Falconí y Alberto Acosta por otro
lado -ambos economistas ecologistas, ambos de izquierda (basta leer el
libro de Fánder Falconí, Con Ecuador por el Mundo: La política
internacional ecuatoriana, publicado en julio del 2010). Además de
otras diferencias. Por ejemplo, el estilo político (diferencias
culturales entre serranos que apenas hablan lo justo y costeños
locuaces). También hay diferencias en lo que respecta a los derechos de
las personas pues Correa exhibe un catolicismo autoritario, por ejemplo
en cuanto a la despenalización del aborto, más propio, si se me
permite, de García Moreno que de Eloy Alfaro.
El verbo “yasunizar” se conjugará en el mundo
La
“guerra de epítetos” de enero del 2010 (a la que Fánder Falconí no se
sumó), auguraba lo peor para la Iniciativa Yasuní ITT. Pero ésta fue
recuperada entre enero y julio del 2010 por la ministra Maria Fernanda
Espinosa (quién ya le había dado importante apoyo entre julio y
diciembre del 2007, ocupando ella la cancillería) y por dos integrantes
del equipo anterior (Francisco Carrión y Carlos Larrea), a los que
afortunadamente también se sumaron personajes mediáticos como Freddy
Ehlers e Ivonne Baki. El vice-presidente Lenin Moreno continuó apoyando
la iniciativa, como ha hecho siempre. Los términos del Fideicomiso con
el PNUD van a ser finalmente firmados en Quito el 3 de agosto. Eso no
hubiera podido suceder sin la expresa voluntad del presidente Correa, a
quien los ecologistas del mundo debemos honestamente agradecer este
gran triunfo.
Las
propias vacilaciones del presidente Correa durante tres años, sus
repetidas amenazas de que si no llegaba inmediatamente la plata de
fuera iba a sacar el petróleo, y sus ataques furibundos a lo que el
llama pintorescamente el ecologismo “infantil”, llevaron a la oposición
de derecha, bien representada por los diarios más importantes, El
Universo y El Comercio, habituales críticos de Correa, a manifestarse
en favor de la Iniciativa Yasuni ITT.
Así, no se ha producido un
alineamiento posible entre la izquierda política, la CONAIE
(confederación de nacionalidades indígenas) y el ecologismo a favor de
la Iniciativa Yasuní ITT, mientras la derecha neo-liberal, exportadora
se manifestaba en contra de tal proyecto supuestamente ingenuo y
utópico. No ha sido así. Los editorialistas de El Comercio y El
Universo han estado hasta ahora por la Iniciativa Yasuní ITT con mayor
fervor que el propio presidente. Cosa curiosa.
Hay
voceros de la industria petrolera que preguntan por qué va a ser
Ecuador el único país del mundo que deje voluntariamente el petróleo en
tierra y que aseguran que Ecuador va a hacer un enorme sacrificio
porque hay más petróleo en el ITT de lo que se dice, pero en los medios
de comunicación, en la sociedad ecuatoriana (en la medida que los
ciudadanos conocen el tema, todavía no más allá del 50 por ciento) y en
la Asamblea parece haber una extraña y más que bienvenida casi
unanimidad en favor de la Iniciativa Yasuní ITT. Que dure.
Supongamos que las vacilaciones del presidente Correa
han sido fingidas durante tres años para lograr este efecto; nos
encontraríamos ante una exitosa maniobra política de calidad
excepcional. O tal vez lo que ha ocurrido es que los argumentos del
ecologismo son tan buenos que les hemos convencido a todos. La
inigualable biodiversidad de la zona, la evitación de las emisiones de
dióxido de carbono, y los derechos de los pueblos indígenas locales,
valen más que la venta de los 850 millones de barriles de petróleo
pesado del ITT. Mejor dicho, valen más en la medida que podamos dar
valor económico al carbono represado, a la biodiversidad no destruida.
Pero no es que valgan más, es que valen distinto. No confundamos valor
y precio.
Lo que hace falta ahora, una vez firmado el
Fideicomiso, es que lleguen las aportaciones exteriores que deben
alcanzar unos 3,500 millones de dólares en 10 años, para compensar
(como se propuso ya desde el 2007) la mitad al menos del costo de
oportunidad (en dinero) para Ecuador de dejar el petróleo del ITT en
tierra. Esa es una cantidad fácil de conseguir, si se la compara con
las cuantiosas deudas ecológicas y sociales que los países ricos tienen
con el Sur.
Gerardo
Honty (en un capítulo del libro de Esperanza Martínez y Alberto Acosta,
ITT-Yasuní: entre el petróleo y la vida, Abya-Yala, Quito, 2010) se
muestra favorable a la propuesta pero, para afilar su argumentación, le
busca defectos. Uno de ellos es que si del ITT no se saca petróleo, se
sacará de otro lado. Ahora bien, petróleo no hay en todas partes. Hay
cada vez menos (estamos ya empezando la bajada de la curva de Hubbert y
disminuye el EROI: energy return on (energy) investment). Pues
entonces, escribe Honty, se sacará gas o peor todavía, carbón (que hay
mucho). Nos ahorramos la producción de las 410 millones de toneladas de
dióxido de carbono que corresponden a los 850 millones de barriles del
ITT pero se producirán la misma cantidad al quemar combustibles fósiles
extraídos de otro lugar. Es lo que se llama leakage, o "fuga". Lo mismo
ocurre cuando se impide deforestación en un lugar, pagando, y tal vez
se deforesta en otro lugar no muy lejano (mientras queden bosques por
deforestar, claro está).
Ahora
bien, se puede producir el efecto contrario, que Honty no analiza. El
éxito de la iniciativa Yasuni ITT no llevará a un leakage o fuga, sino
al revés, puede llevar a la imitación, es decir, a dejar más y más
combustibles fósiles en tierra en lugares sensibles ambientalmente y/o
socialmente. De esos hay muchos: el fondo del mar, toda la Amazonia,
Alaska, los humedales del mundo, muchas horribles minas de carbón en la
India y en China... Concretamente, hay quienes se aprontan ya a
conjugar el verbo yasunizar en otros lugares: en el Delta del Níger, en
el sitio Ramsar que se llama Laguna del Tigre en Guatemala, en el
Madidi en la Amazonía de Bolivia, en el bloque 67 en Perú (vecino al
ITT), en los páramos de Colombia donde se quiere sacar carbón…
* Joan
Martínez Alier, colaborador habitual de SinPermiso, es catedrático de
teoría económica en la Universidad Autónoma de Barcelona y uno de los
fundadores de la investigación internacional en economía ecológica.