¡NO SOMOS DEUDORES! ¡SOMOS ACREEDORES DE UNA DEUDA HISTÓRICA, SOCIAL Y ECOLÓGICA!
Deuda ecológica y Corporaciones Transnacionales en África E-Mail
jueves, 01 de diciembre de 2005
Festus Iyayi
Departamento de Administración EmpresarialUniversidad de Benin, Benin City, Nigeria 

Dejó de ser necesario debatir si es que África y su gente se ha beneficiado o no con la penetración de relaciones capitalistas de producción, desde 1400 en adelante, y con el proceso formal de incorpoción de las sociedades africanas a la economía capitalista mundial, desde aproximadamente 1850. Claras evidencias disponibles, acumuladas progresivamente, demuestran que Walter Rodney estuvo en lo correcto, y que sus críticos erraron.


 

Del más reciente World Development Report (Informe del Desarrollo del Mundo del Banco Mundial), los siguientes hechos son tan reveladores como escandalosos: el Índice Humano de Pobreza de África es el más alto del mundo; del mismo modo, los países africanos están en el último escalón del Índice de Desarrollo Humano.  Específicamente, Nigeria, potencialmente el país más rico de África, es el número 152 de los 175 países en la lista del IDH.  A algunos países como Ghana les va un poco mejor, pero en general, los países africanos están hoy entre los más pobres de la tierra.

 

Esta discusión analiza el rol de las corporaciones transnacionales en el proceso de empobrecimiento africano, en general y, más específicamente, su rol en la creación de un nuevo déficit ecológico en África.  En el proceso tratamos el concepto de la deuda ecológica y cómo puede ésta definirse para establecer niveles de deuda apropiados y responsabilidades de pago.

 

 

2.     FUERZAS INVOLUCRADAS EN LA INCORPORACIÓN DE ÁFRICA EN LA ECONOMÍA CAPITALISTA MUNDIAL

 

Offiong (1980: 76) ha sostenido que, “el sistema internacional del que depende África implica una estructura, la que consta de instituciones, clases, y arreglos de poder.  El proceso dinámico que tiene lugar dentro de esta estructura se conoce como imperialismo, un sistema institucionalizado de control que sistemáticamente da forma a instituciones y estructuras de los países dependientes limitando su libertad de acción”. La noción implica algún centro de control remoto y de partes que están acomodadas que funcionan automática y naturalmente.  Es verdad que existe un sistema capitalista internacional pero la pregunta clave es: ¿cuáles son las fuerzas que impulsan este sistema?

 

Aún en sistemas cerrados, existe el principio de causa primera, que es la acción humana.  En el sistema capitalista, la acción humana y sus fuerzas conductoras son individuos capitalistas que rigen y mantienen instituciones que acogen y protegen sus intereses y el control sobre otras clases de la sociedad.

 

En los primeros días de la acumulación capitalista y penetración de otros modos de producción al África, las fuerzas impulsoras eran comerciantes capitalistas apoyados por el poder del estado. Por ejemplo, en el comercio triangular de esclavos de África, Europa y los Estados Unidos fueron conducidos por compañías privadas como la East India Company, o individuos como Baker and Dawson, Richard and John Barclay, Azurara y varios otros.  Durante el período colonial, estas fuerzas impulsoras se habían expandido considerablemente hasta incluir el gran número de compañías que fueron establecidas durante el crecimiento del capitalismo industrial.  En Nigeria, y en muchas colonias africanas anglo-parlantes, la Royal Niger Company y luego la United African Company jugaron un rol determinante en la expansión de las relaciones capitalistas de producción.  En las colonias africanas francófonas, la Société Générale disfrutó del privilegio de liderar la campaña de penetración capitalista.

 

En el período neo-colonial, y especialmente en el período ahora visto como el de globalización, “las fuerzas dominantes son las Corporaciones Transnacionales (CTN), nueva forma institucional característica de este período, la clase capitalista en la esfera política, y de la esfera cultural y de la ideología del consumo” (Sklair, 2001: 4).

 

Estas fuerzas son usualmente apoyadas por las estructuras de los estados capitalistas industrializados y de los países subdesarrollados.

 

3.     CORPORACIONES TRANSNACIONALES Y MULTINACIONALES

 

Varios escritores han señalado los problemas de definición involucrados en el intento de distinguir una corporación transnacional de otros tipos de corporaciones globales como la empresa de negocios multinacional (Sklair 2001; Jenkins 1987).  Sklair (2001:2) ha sugerido que, “transnacional se refiere a fuerzas, procesos e instituciones que cruzan fronteras pero que no derivan su poder y autoridad del Estado.”  La corporación transnacional es la más importante de estas fuerzas.  El Concejo Económico y Social de las Naciones Unidas define una corporación transnacional como, “toda empresa que controla activos – fábricas, minas, oficinas de venta y similares - en dos o más países” (UNCTC, 1978: 158), Jenkins (1987: 1-2) cree que es mejor adoptar una definición amplia, que vea las CTN como “firmas que controlan la producción en por lo menos un país extranjero”.

 

El problema con esta definición es que excluye las instituciones financieras internacionales del espectro de las CTN.  Aún así, se ha establecido claramente que las finanzas y el capital de producción trabajan conjuntamente para apoyar y alimentar al sistema capitalista global.  Esencialmente, entonces, las CTN son corporaciones que se involucran en actividades económicas a través de las fronteras nacionales y que usualmente tienen inmensos activos y recursos a disposición.

 

La distinción entre las CTN y las Corporaciones Multinacionales (CMN) ha sido usualmente en términos de la membresía de las organizaciones.  Las CMN eran vistas como aquellas CTN que tenían empleados traídos de diferentes países.  Más aún, las CMN usualmente establecen sitios en la mayor parte de países y los operan mayormente como unidades autónomas.  Sin embargo, los recientes desarrollos entre las CTN en las áreas de fusiones y adquisiciones han ido progresivamente volviendo borrosa la distinción entre las CMN y las CTN.  Ahora, está claro que en ambos casos, los accionistas pueden encontrarse geográficamente dispersos y que la membresía organizacional cortará a través de las fronteras nacionales.  Sin embargo, tanto las CMN como las CTN surgen de los mismos intereses, operan bajo los mismos términos y producen las mismas consecuencias.

 

4.     PERFILANDO LAS CTN

 

Las CTN varían en términos de tamaño, cobertura nacional, origen y área de concentración.  El último criterio, el área de concentración es posiblemente el más importante en términos de las consecuencias o efectos de las CTN en diferentes partes del mundo.  Sin embargo, los orígenes de las CTN también son significativos.  En términos de los orígenes, el mayor número de las CTN está ubicado en los Estados Unidos (EUA) que tiene más de 150, equivalente a cerca del 30.0% según el Fortune Global 500.  Los EUA son seguidos de cerca por Japón, que cuenta con alrededor de 140, o el 28.0%.  Entre los países del tercer Mundo, solamente India, México, y Venezuela tienen tres CTN entre ellos. Estas CTN son, sin embargo, empresas patrocinadas por el Estado.

 

En términos de las áreas de concentración, los bienes de consumo y el sector de servicios se acreditó cerca de 150 o el 30% de las 500 corporaciones Globales; los servicios financieros son 13o o el 26% de las CTN; la industria pesada tuvo más de 80 CTN o 17% del total mientras que las infraestructuras y la electrónica tuvieron cerca de de 150 en su conjunto (Tabla 2).

 

El sector pesado industrial es dominado por las compañías extractivas globales (petroleras y sus derivadas, químicas, metales).  Las compañías de petróleo son dominadas por las “Siete Hermanas” (ahora varias de ellas fusionadas) (Sklair, 2001: 44).

 

5.     LA IDEOLOGIA DE LAS CTN

 

Entender la ideología o las creencias particulares de los propietarios de las CTN es crucial para una explicación de las actividades de las CTN en el mundo en general y en las partes del tercer mundo en particular.  Las ideologías permiten racionalizar las acciones que bordean lo criminal o, que de hecho son, criminales.  Sugieren estrategias, justifican medios –define opciones y aún la opción particular termina.  El comercio de esclavos fue racionalizado, por ejemplo, sobre la ideología de la superioridad de las razas, las necesidades del comercio capitalista y del desarrollo.  Hoy, la ideología de las CTN ha cambiado levemente.

 

Korten (1996: 131, 70-71) ha identificado varios elementos clave de esta ideología e incluyen las creencias de que:

 

-          El dinero, la tecnología y los mercados del mundo deberían ser controlados y manejados por las gigantes corporaciones globales;

-          Las corporaciones deberían ser libres de actuar solamente sobre la base de las ganancias sin tomar en cuenta las consecuencias nacionales o locales;

-          No deberían existir lealtades hacia lugar o comunidad;

-          Las personas son primordialmente motivadas por la ambición;

-          La descontrolada búsqueda de la ambición y adquisiciones lleva a resultados sociales óptimos.

 

También se ha mencionado que la predisposición con la que las compañías petroleras y mineras multinacionales tienden a explotar los procesos no democráticos y corruptos de la mayor parte de los países del tercer mundo, surge de una enraizada cultura de la industria petrolera que define las relaciones de las compañías petroleras occidentales con los países del tercer mundo.  Según Ashton-Jones, (1998:130) esta cultura de la industria petrolera se fundamenta sobre cinco supuestos:

 

-          Aquella maximización de las ganancias es la única base sobre la que una compañía puede operar, entonces se resiste a hacer cualquier gasto fuera de lo requerido para sacar el crudo;

-          Que un trato puede ser hecho solamente con el gobierno, sin tomar en cuenta la legalidad o moralidad del mismo;

-          Que el “mercado”, (esto es, el mundo industrializado) tiene el derecho de tener los recursos que quiera, al menor precio, y sin tomar en cuenta los costos a la población local que se ve obligada a hospedar a las compañías mineras; y que,

-          “Nosotros”, las compañías mineras, conocemos mejor y actuamos responsablemente...

 

Y al continuar, Ashton – Jones (1998:31) dice,

 

“Por lo general, ni las compañías y tampoco los gobiernos con los que éstas se asocian, (tanto del primer como del tercer mundo) están dispuestas a aceptar divergencia alguna de esta cultura que se ve reforzada por una mezcla de cínicas relaciones públicas e intimidación.  Es justo decir que los impactos adversos de la minería sobre las vidas de las comunidades receptoras (y por esto, el extravagante uso de los recursos minerales por el mundo industrializado) surgen más de esta cultura inmoral (esta malicia) que de cualquier otra cosa.”

 

Estos supuestos conducen la operación de las CTN en el tercer mundo.  Sirven para justificar y legitimar las actitudes de las compañías (petroleras) multinacionales hacia tales actividades de degradación ambiental como derrames de crudo, quema de gas, construcción despreocupada e insegura de las instalaciones petroleras, abastecimiento de armamento para la masacre de pueblos indígenas, soborno de altos funcionarios estatales y su directa participación en abusos contra los derechos humanos.

 

 

6.     LAS CORPORACIONES TRANSNACIONALES EN ÁFRICA

 

Frente al panorama anterior, es simple comprender las actividades de las CTN en Africa.  Durante el período colonial, casi todas las actividades de las CTN estaban concentradas en el sector primario.  Esto incluía ´propiedades de plantaciones de té y café en Kenia, plantaciones de caucho en Liberia, minas de cobre en Zambia, metales preciosos en Sudáfrica (Jenkins, 1987:6) y algodón, maní y coca en Nigeria.  Aunque las CTN entraron al sector manufacturero durante el período colonial, siguieron expandiéndose y dominando las actividades económicas en el sector primario de las economías africanas.  Hubo entonces, sin embargo, un desplazamiento de los productos agrícolas hacia las industrias extractivas (incluyendo madera).  Adicionalmente tendieron a dominar aquellos sectores de la industria manufacturera en los que empezaban a participar.  A lo largo de los años, estas tendencias se han profundizado, más que ceder.

 

 

7.     IMPACTOS DE LAS COMPAÑÍAS TRANSNACIONALES EN AFRICA

 

El impacto de las CTN sobre la economía mundial en general y particularmente sobre África ha sido materia de controversia.  Por un lado, hay algunos, incluyendo las mismas CTN quienes han argumentado que las CTN ha sido los motores del crecimiento económico y del desarrollo del mundo y de Africa.

 

Por otro lado, hay quienes han argumentado que mientras las CTN han sido los motores del desarrollo en la riqueza de una pequeña porción de la población de la tierra, han sido sin embargo los motores de la pobreza y del subdesarrollo para la vasta mayoría de la población del mundo.  Esta segunda perspectiva es obviamente la correcta.  Es apoyada por la experiencia histórica de los pueblos del tercer mundo y Africa en sus relaciones con las CTN, por las determinantes y entonces el rol del poder en las relaciones económicas, y por las prácticas específicas de las CTN en Africa.

 

Aunque hay varias experiencias africanas que son directamente relevantes en este aspecto (crisis de la deuda africana, subdesarrollo, pobreza, inestabilidad política, crisis cultural, etc.). Nos enfocaremos particularmente en la creciente crisis ambiental, y por tanto ecológica de África.  El análisis se hace en términos del papel que juegan las CTN en la creación y sustento de esta criris.  La crisis ecológica africana es sustancialmente distinta de la crisis ecológica en las partes industrializadas del mundo.  Surge en gran medida de las actividades de las CTN en industrias extractivas: minería, petróleo, explotación de bosques, incluyendo las reservas genéticas y la introducción de grandes fincas de mono cultivos.  Mientras tanto podemos citar varios ejemplos en África donde las actividades de las CTN y sus colaboradores locales han producido crisis ecológicas: Ghana, donde ha ocurrido una excesiva contaminación del agua especialmente en las áreas mineras y el exterminio de bosques por la minería a cielo abierto; Zaire, donde los intereses extranjeros en la industria minera han producido degradación ambiental, pobreza masiva, desempleo y crecimiento económico sin desarrollo; Camerún, donde las actividades de la industria maderera ha alterado dramáticamente el ecosistema; y Nigeria cuyo ejemplo vale la pena resaltar. Por su parte, en Asia, mencionaremos el caso de Papua Nueva Guinea.

 

Broken Hill Property en Papua Nueva Guinea

 

Sklair (2001: 241) ha documentado que Broken Hill Proprietary (BHP) “fue un actor primordial en la industria minera en Papua Nueva Guinea.  La mina de cobre OK Tedi, en la que BHP tenía la mayoría de las acciones, ha sido al mismo tiempo una fuente de grandes ganancias y una llaga sangrante para la compañía desde su apertura en la década de 1980.  Poco tiempo después de que el gobierno australiano otorgara independencia a Papua Nueva Guinea en 1975, la OK Tedi Mining Limited fue establecida.  La promesa de ganancias y empleos persuadió al gobierno de Papua Nueva Guinea para eximir a la compañía de la mayor parte de las leyes ambientales del país.  Como era de esperar, la mina se ha convertido en una amenaza ambiental.  De acuerdo con la Fundación Australiana de Conservación, en 1991, el origen del sistema de ríos de OK Tedi estuvo casi “biológicamente muerto” después de años de exposición a roca triturada, cianuro y residuos de metales pesados provenientes de la mina.  La subsistencia de casi 30.000 propietarios de tierra había sido seriamente limitada, y en 1994 presentaron una demanda en Australia contra BHP.  La compañía, que se acreditó el 30 por ciento de los ingresos federales de Papua Nueva Guinea, fue posteriormente declarada culpable por la Corte Suprema de Victoria (BHP estaba domiciliada en Melbourne) por su involucramiento en la legislación que fue redactada para el parlamento de PNG la que volvía una ofensa criminal demandar a BHP!  Por este comportamiento, BHP fue incluida en la lista Multinational Monitor de las diez peores corporaciones en 1995”.

 

 

El Caso Nigeriano

 

El rol de las CTN y del gobierno nigeriano en la brutal explotación y creación de un desastre ecológico, en el Delta del río Níger, ha sido ampliamente documentado (Olorode, 1989; Ashton – Jones, 1998; ERA/FoEN, 1999: Human Rights Watch:  The Price of Oil, 1998; Iyayi, 1999; Okonta, 1998).

 

Es ilustrativo que la obra de Ashton-Jones “Los Ecosistemas Humanos del Delta del Níger” esté dedicado a:

 

         “NNAH UABARI, quien fuera asesinado a tiros el 25 de Octubre, 1993

cerca de la Estación de Flujo No 5 de Shell, Ilorokoro, Ogoni, Rivers State, Nigeria.”

 

La represión de los pueblos del Delta del Níger ha ido de la mano con la cruda explotación de los recursos petroleros del área.  En esta represión, las compañías petroleras, lideradas por Shell, han jugado un rol significativo, al proveer a la policía nigeriana de armamento e información con la que suprimie las revueltas locales en contra sus actividades.  Como Olorode (1998: 15) ha notado, la industria del petróleo en Nigeria ha causado una agonía sin precedentes en las comunidades indígenas del Delta del Níger, al alterar completamente los cursos de agua, destruir el suelo, el agua, el aire, y la vida vegetal y animal y además terminar con todos los medios de subsistencia de las comunidades.  Olorode (1998) igualmente ha documentado cómo otras ramas de la industria extractiva en Nigeria, la minería de estaño en el área de Jos Plateau, minería de lignita y carbón en el area de Enugu y de la cuenca del Níger, la explotación de productos boscosos y recursos vegetales genéticos, ha afectado negativamente los ecosistemas locales, y por ende, nacionales.

 

Las industrias extractivas en Nigeria, así como en otras partes de África y del Tercer Mundo, se encuentran completamente dominadas por las CTN.  Las CTN no solo operan con el total respaldo de sus gobiernos donde son domiciliadas, sobre los que mantienen control considerable, sino también ejercen completo control sobre los gobiernos de África y los países del Sur.  El rol e impacto de las CTN en este contexto confirman la visión de que ellas: “han emergido como las instituciones gobernantes dominantes sobre el planeta, con las mayores entre ellas llegando hasta virtualmente cada país del mundo y excediendo la mayoría de gobiernos en tamaño y poder.  Cada vez más, son éstos (los intereses de las CTN) más que el interés humano lo que define las agendas de políticas Estatales y cuerpos internacionales, aunque esta realidad y sus implicaciones han pasado largamente desapercibidas e inalteradas” (Korten, 2001: 54).

 

De este breve análisis del perfil y actividades de las CTN algunos puntos generales pueden ser definidos sobre las razones para la degradación ambiental en África y en otros países del Sur. 

 

El primer punto es que en cualquier situación, los problemas ambientales y ecológicos usualmente surgen de relaciones de poder desiguales entre el usuario no-propietario y el propietario no-usuario de los recursos naturales.  Esto es verdad no sólo en las relaciones de las CTN no propietarias y pueblos indígenas propietarios no – usuarios en África y otras partes del Tercer Mundo, pero también para los mismos tipos de relaciones en los países desarrollados.  Es por esta razón que las actividades de las compañías extractivas produjeron resultados muy diferentes para los indígenas canadienses o estadounidensas de los que fueron para las provincias atlánticas de Canadá, o los hacendados del Oeste de Texas, en Estados Unidos.  Para los indios, en ambas partes, las actividades de las compañías extractivas causaron dislocación social, degradación ambiental y desesperación.  Para los hacendados del Oeste de Texas y las Provincias Atlánticas canadienses, “los negocios de las comunidades locales se volvieron mayores y más prósperos... el nuevo dinero de campos petroleros y de gas amplió y profundizó la distribución de la riqueza y de poder en la comunidad” (Copy, 1984).  Mientras en el primer caso las compañías extractivas y los gobiernos de Estados Unidos y Canadá entraron en acuerdos con las comunidades locales que garantizaron que éstas podían ejercer su derecho a rechazar, retardar o permitir cualquier actividad en sus comunidades; en el caso de los indígenas canadienses, los culpables, la Reed Paper Company y el gobierno de Canadá, ambos “negaron cualquier responsabilidad legal, social o moral de la contaminación.  Ni el gobierno ederal, gobierno estatal y tampoco los políticos podían, o querrían ayudar al pueblo indio” (Ikein; 1998:118).  A diferencia de los hacendados de Texas, los indios eran, de hecho pobres, desorganizados pero más importante aún, indígenas e impotentes.

 

El segundo hecho es que la degradación ambiental es el resultado de la búsqueda y aplicación de la ideología de las CTN, que es también la ideología de la clase capitalista en los avanzados países capitalistas.  Por lo tanto, las ideas sobre desarrollo sustentable y un ambientalismo corporativo no pueden ser exitosas en un mundo donde las ganancias, el consumo de masas y la adquisición y avaricia proveen la base fundamental para las relaciones económicas, políticas y sociales. 

 

El tercer punto es que aquellos quienes ejercen el poder dominante en las relaciones entre usuario-no-propietario y en el propietario-no-usuario no solo son mayormente responsables de producir la degradación ambiental sino que también son responsables de producir pobreza..  El punto es ampliamente apoyado por la experiencia específicamente estadounidense, canadiense y por los miles de casos ejemplo de varias partes de países del Tercer Mundo.  En este sentido, los siguientes son ilustrativos: la Philippine Associated Smelting and Refining Corporation, PASAR, de control japonés, y su vergonzoso récord en las Filipinas;  la experiencia del pueblo indígena Igorot de la Provincia de Benguet, Filipinas, en manos de Estados Unidos; el negligente depósito de residuos industriales y la severa  contaminación en Venezuela, Curaçao, Perú y Ecuador notablemente por las compañías petroleras, Shell, Occidental ybTexaco, respectivamebnte (Bassey,  1997); la trabedia ambiental en Indonesia (Ikein; 1990), etc.  El cuarto, y ciertamente el punto más alarmante y molestoso, es que las CTN que degradan el ambiente del Tercer Mundo lo hacen deliberada y concientemente, más que por ignorancia, necesidad, falta de recursos o accidente.  En Papua Nueva Guinea, Nigeria, Filipinas o Ecuador, las CTN, apoyadas por los gobiernos locales, toman parte en redactar legislaciones que les permiten cubrir sus rastros o para huir de cualquier responsabilidad, toman parte activamente en abusos de derechos humanos, montan campañas publicitarias que cuestan miles de millones de dólaras para sacar brillo a su imagen y distorsionar los hechos.  Hacen todo esto, y más, con conocimiento de forma deliberada y con el respaldo de estrategias cuidadosamente elaboradas. 

 

Es dentro del contexto de estas cuatro observaciones y particularmente, con respecto a la última, que creo que el concepto de deuda ecológica necesita ser citado, dado sentido y desarrollado.

 

 

8.     EL CONCEPTO DE DEUDA ECOLOGICA

 

La deuda implica algunas obligaciones ineludibles que se basan sobre algún precedente.  Las obligaciones pueden ser morales o legales pero requieren ser redimidas.  Más aún, aquel requisito, o fundamento que provee la validez de la obligación es el precedente y por tanto, la naturaleza de la deuda, ya que, moral, o legal solamente, puede ser inferida de la naturaleza del precedente.  En el deudor normal –relación de crédito-, el precedente es provisto por una solicitud del deudor al acreedor de algún bien o servicio.  La relación entre el deudor y el acreedor es formalizada en un acuerdo que se vuelve vinculante para ambas partes:  el acreedor tiene la obligación de proveer lo ofrecido mientras que el deudor se ve obligado a reemplazar lo prometido con términos y condiciones especificadas en el acuerdo.  Aún en aquellos casos en los que la obligación es moral, por ejemplo, si A se siente en deuda hacia B por algunas acciones desempeñadas por B que A valora, la obligación surge de un entendimiento entre A y B, de que existe una obligación por parte de A para redimir la deuda en algún momento futuro.  Puede no ejercerse acuerdo formal alguno, pero la obligación para redimir la deuda no será menos vinculante.

 

Las dificultades surgen en la relación deudor-acreedor cuando [i] A cree que B está en deuda con ella pero B no lo reconoce –o rechaza reconocerlo y [ii] cuando B reconoce la deuda que A reclama pero proclama que es una deuda moral más que legal.  Esto también puede ser cuando, más aún, A sostiene que la obligación es legal, o legal y moral al mismo tiempo.  En este caso, se requerirá que las partes defiendan sus causas en una corte de precedente.

 

Las deudas ecológicas encuentran estas y otras dificultadas en por lo menos cuatro áreas.  La primera es una de definición; la segunda es de cuantificación y por lo tanto de establecer los límites de responsabilidad.  La tercera es asignar responsabilidad.  La cuarta dificultad, y de ninguna manera la menor, es asegurar que aquellos que tienen responsabilidad de hecho la asuman y se descarguen de ella.

 

Definiendo la Deuda Ecológica

 

Algunos autores han hecho una distinción entre ecología y ambiente y, al notar la dependencia de un concepto sobre el otro, han insistido en que ambos términos sean usados de diferente manera (Ashton – Jones, 1998; Sklair, 2001).  Más aún, Sklair (2001) ha argumentado que las mayores corporaciones transnacionales se encuentran concientemente involucradas en promover la idea de una crisis ambiental más que ecológica, porque la última tiene mayores implicaciones para el comportamiento corporativo.  El ambientalismo corporativo tiene sus costos pero son algunos que pueden ser fácilmente absorbidos dentro de la ideología dominante de las CTN.  Otros autores no hacen distinciones entre ecología y ambiente indicando que la primera no tiene sentido sin la otra (World Commission Environment and Development).  Al tomar nota seriamente de lo expuesto por la observación de Sklair, esta discusión tomará ambos términos alternadamente.

 

La Deuda Ecológica, o desde nuestra perspectiva, ambiental, ha sido definida como “la carga adicional sobre el ambiente ocasionada por sobrepasar los límites de la resistencia del sistema natural” (Navia, 1994, citado en Ojo, 2001: 28); o como sobrepasar “el potencial productivo del ecosistema” (World Commission Environment  and Development, 1987: 9).  Estas definiciones y aquellas relacionadas elevan un número de preguntas: cuál es la resistencia del sistema natural o el potencial productivo del ecosistema?  ¿Cuál es la naturaleza de la carga adicional y cómo surge ésta?  Estas cuestiones, especialmente la última, son importantes por la necesidad de asignar responsabilidad por las deudas.

 

Surgiendo de nuestras observaciones anteriores, vemos una deuda ecológica como una obligación debida por actores económicos y políticos a la sociedad, o sectores de ésta, por actos concientes de su parte que llevaron a un daño del ambiente y limitaron su capacidad de sostener la vida o de auto-regenerarse.  El énfasis sobre los actores indica que individuos e instituciones reconocibles perpetúan actos nocivos al ambiente, se escondan o no detrás de una agenda de sustentabilidad global, o de los imperativos del desarrollo.  La idea de que los actos son concientes es para llamar la atención hacia la obligación legal, más que moral, de que las consecuencias del daño ambiental imponen.  Es también para separar esta clase de acciones de otras como aquellas en sociedades premodernas o preindustriales, donde las comunidades que recolectan comida se involucran en relaciones con el ambiente que condujeron finalmente a la verdadera tragedia de los comunes. 

 

Particularmente, dadas las conocidas relaciones entre la pobreza y la degradación ambiental, la insistencia sobre los actores económicos y políticos actuando concientemente, usualmente en búsqueda de fines de lucro, sugiere que la responsabilidad por la degradación ambiental no puede ser compartida por los pobres, pero sí por aquellos cuyas acciones causan pobreza.  Finalmente, siendo actos concientes, son distintos de las acciones por ignorancia o accidente.  Pueden y deben ser ubicados dentro de la clase representativa de acciones que categorizamos como “crímenes contra la humanidad”.  Por ejemplo, estamos al tanto de que soldados se matan entre ellos, y aún a miembros de la población civil en tiempos de guerra.  Estas muertes no son vistas como actos criminales: son comprensibles dentro de las reglas de la guerra.  Pero algunos soldados son juzgados por crímenes de guerra.  Un caso reciente y muy conocido es el de Milosevic, ex presidente de Yugoeslavia quien fue arrestado y enfrentó un juicio en La Haya por “crímenes contra la humanidad”.  El juicio se basa en la noción de actos decentes e indecentes, normales y anormales en tiempos de guerra. 

 

Mientras distintos tipos de acción pueden llevar a daños ambientales, no todas las acciones requieren ser clasificadas como de deuda ecológica.  Sugerimos que la noción de deuda ecológica sea reservada para el daño al ecosistema que resulta del acto conciente de agentes económicos y políticos y que el concepto, de pérdidas ecológicas sea reservado al daño ambiental que resulta de las acciones no intencionales de agentes y actores económicos.  El primero es un crimen de la cabeza, la otra, una ofensa al corazón.  Ambas requieren amortización, pero de clases cualitativamente distintas.  Las CTN cometen crímenes ecológicos en el tercer mundo por los que deben pagar, pero el pago no puede ser la forma de desarrollo sustentable, ni del ambientalismo corporativo; debe ser en la forma de la restitución apropiada y adecuada.  Sin embargo, la pregunta que surge es: ¿cómo se determinará lo apropiado y adecuado de tales pagos?

 

Estableciendo Costos

 

Varios comentaristas de la crisis ecológica han acordado que es difícil, si no imposible, cuantificar y estimar costos de daño ecológico (Kapp, 1970; Martínez-Alier, 1990).  Sin embargo, Kapp (1970:44) ha argumentado que:

 

 
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