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Marcos
Arruda y Sandra Quintela[1]
“La
Río+20 será un punto de partida”, dijo María Luiza Viotti,
embajadora
brasileña en las Naciones Unidas,
recordando
que las negociaciones en temas como agua, océanos y seguridad
alimentaria
están
partiendo casi del punto cero”.
Y
eso, veinte años después de Río92...
Este
hecho indica la importancia de que la Cumbre Oficial de la Río+20
haga una evaluación crítica de los resultados prácticos de 20 años
de conferencias y acuerdos internacionales, para identificar los
avances, los retrocesos y las áreas estancadas, para detectar las
causas y definir las estrategias de acción, las metas y las formas
de tornarlas vinculantes. Nada de eso. Los oficialistas (ONU,
gobiernos del mundo rico, corporaciones transnacionales) decidieron
cancelar este rubro del programa de la Cumbre Oficial, dejando otros
dos: Economía Verde y un nuevo órgano de gobernanza ambiental en la
ONU.
El
pretexto es que “es hora de mirar hacia adelante y construir el
futuro”... Nada más hipócrita. Pues el pasado fue tejido por
otras tres Cumbres del género, más otras Conferencias sobre temas
sociales y ambientales específicos, y los resultados concretos son
predominantemente fracasos, que amplían las amenazas asociadas a las
modificaciones climáticas, a la deforestación y las consecuentes
sabanización y desertificación de regiones antes boscosas, al
deshielo de los casquetes polares y de los glaciares, a la escasez
creciente de agua potable, a la expansión de la contaminación por
pesticidas de las aguas, suelos y alimentos, a la acelerada reducción
de la biodiversidad.[2] En síntesis, es la vida en el Planeta que
está, y va a continuar bajo amenaza, sin que los principales
responsables quieran ir a sus raíces, que están plantadas en el
modelo de desarrollo centrado en el mercado, en el lucro y en el
crecimiento económico sin límites.
En
el poco espacio de este artículo, vamos a lo esencial, que es la
pregunta del título.
Quienes
promueven la propuesta de mutaciones en la economía mundial bajo el
nombre de Economía Verde son los países ricos, acompañados por las
élites de los “países en desarrollo”, Brasil inclusive. El
bloque oficialista, además de cancelar del programa el balance
crítico de los 20 años de tratados internacionales, sustituyó la
retórica del Desarrollo Sustentable por el eufemismo Economía
Verde. Es que el Desarrollo Sustentable está identificado con
aquellos 20 años de tratados, cuyos resultados son escasos, nulos o
negativos. En caso de su afirmación, la Economía Verde le
impondrá a la humanidad un ciclo parecido al de la revolución de
los agroquímicos de la post-guerra, que recibió el simpático y
engañoso nombre de Revolución Verde.
La
premisa de esta propuesta es que la crisis ambiental resulta de no
tratar la humanidad a la Naturaleza como capital. La propuesta de
la Economía Verde consiste en completar el triángulo de poder del
capitalismo: en los ángulos tres mercaderías – el ser humano, las
máquinas y ahora la Naturaleza, - y en el centro el capital. El
objetivo de la Economía Verde es, pues, la creación de un ambiente
propicio para la inversión privada en los bienes comunes de la
Naturaleza que se salvaron de ser privatizados en Río92: saberes
ancestrales, agua, semillas, biodiversidad, selvas y bosques,
atmósfera.[3]
¿Qué
cambios van a ser negociados en Río+20 para realizar tal objetivo?
·
Ponerles precios a estos bienes naturales y a los “servicios
ambientales”,[4] dándole al sector privado el control sobre esos
bienes y “servicios” a fin de que ellos le generen beneficios.
·
En lugar de generar productos reales, desarrollar un mercado
ficticio de títulos y certificados financieros que serán negociados
por los bancos, los mismos que provocaron la crisis financiera de
2008 y que recibieron trillones de dólares de fondos públicos.[5]
·
Desarrollar “tecnologías limpias” y activarlas antes de
ser sometidas a prueba (Geoingeniería, biología sintética,
nanotecnología, genómica)
·
Imponer un régimen de transferencia de tecnología que
someterá a los países del Sur al control monopólico de la
megaindustria sobre el uso de tecnologías no probadas
·
Construir un mecanismo de gobernanza “verde” más
centralizado en el marco de la ONU, que privilegie al sector privado
y a las instituciones de Bretton Woods, garantizando el control
privado del ambiente, de los bienes naturales y de los cambios
climáticos, y dejando de lado a las poblaciones empobrecidas
·
Desarrollar, en el marco de la ONU, indicadores y medidas que
monten las bases para un mercado mundial de “servicios ambientales”
y “ecosistemas”, cuantificando, precificando, privatizando y
financierizando las varias funciones de la Naturaleza.
En
suma, la economía globalizada, que ya es cenicienta por las
desigualdades sociales, por la privación de derechos de la mayoría
empobrecida del Planeta y por la polución y destrucción ambiental
que está amenazando la vida, tiende a tornarse aun más cenicienta:
el verde nominal es una tentativa (un atentado) para esconder la
ceniza real.
¿Puede
la Economía cenicienta hacerse verde?
Cuando
las células del organismo dejan de crecer y se ponen a multiplicarse
desordenadamente, se producen tumores que pueden ser fatales para la
vida del organismo.
En
la economía no es diferente. En el sistema del capital, las grandes
empresas industriales, comerciales, de servicios – principalmente
los bancos – y, el agronegocio, necesitan crecer siempre o
desaparecen. No definen un punto óptimo a partir del cual producir
y vender lo suficiente y usar los excedentes para invertir en calidad
y para estimular la creación de otras empresas que fortalezcan la
cadena productiva, en procura de atender mejor las necesidades
humanas. Eso es asunto de la Economía Solidaria.
Las
grandes empresas son intensivas en el uso del capital, de bienes
naturales y de energía. La economía comandada por ellas persigue
el lucro para sí y por cualquier medio. Es esto lo que explica
prácticas como las de financiamiento privado de campañas
electorales, dádivas a políticos para la compra de favores,
envejecimiento artificial de productos de consumo para acelerar la
demanda de nuevos productos, destrucción parcial o total de
ecosistemas y biomasa, especulación financiera, inmobiliaria y con
productos alimenticios, entre otras. Surge entonces la necesidad de
que empresarios íntegros promuevan los valores éticos y convoquen a
la clase del capital a posturas de responsabilidad social y
ambiental. Sin embargo esta responsabilidad es un aspecto marginal de
la actividad empresarial, una especie de “política compensatoria”.
Con una mano ávida el gran capital se apropia de los bienes
naturales y del trabajo humano, transfiriendo los costos a los
consumidores, las comunidades locales y los gobiernos. Con la otra
mano pasa una pequeña parte de sus excedentes para obras sociales y
mejoras ambientales. Pero esto no hace parte de su lógica. Tales
bienhechurías son como un anexo del contrato principal con los
accionistas, que es maximizar las ganancias de éstos y crecer
siempre más[6].
Bajo
la fuerte influencia de esas corporaciones, los Estados nacionales y
la ONU renuncian a su mandato democrático, protegiendo el interés
privado en las tomas de decisión sobre política económica,
energética, de transporte, saneamiento ambiental, vivienda, etc.[7]
Manteniendo el PIB como medida de la riqueza de la Nación, el Estado
consagra la economía al servicio del lucro a cualquier precio y de
la acumulación privada de capital como la actividad dominante de la
vida de la sociedad.
¿Qué
economía puede ser verde?
En
diciembre de 2010, la Conferencia de los Pueblos sobre el Cambio
Climático y los Derechos de la Madre Tierra, con 9 mil delegados y
35 mil participantes, lanzó la Declaración de los Derechos de la
Madre Tierra. Tal declaración presenta propuestas concretas para
un desarrollo fundado en la soberanía de los pueblos, en el
reconocimiento de los derechos de éstos a desarrollarse con
soberanía, justicia social y sustentabilidad ambiental. Entre
ellas:
·
Que la economía sea concebida en su sentido etimológico,
como la gestión de las casas en las que vivimos[8] - el cuerpo, la
familia, la comunidad, y los otros territorios hasta el Planeta
·
Que el bien vivir y la felicidad sostenible de los habitantes de
esas casas, en harmonía con el ambiente natural, sean la motivación
y la finalidad precipua del desarrollo económico y técnico
·
Que los presupuestos militares y de defensa se destinen a la
preservación de la Naturaleza, a fin de tornar viable una economía
de elevada equidad social y vida de calidad para todos (bien vivir),
de bajo carbono, de baja intensidad energética y de bajo uso de los
bienes naturales comunes
·
Que las deudas sociales y ecológicas sean reparadas generando
recursos para ese mismo fin
·
Que se promueva la soberanía alimentaria en oposición al
agronegocio
·
Que se prohíban la Geoingeniería y los productos
transgénicos, que implican riesgos aun desconocidos y generan
monopolios corporativos a costa de la dependencia de la agricultura
familiar
·
Que los servicios básicos sean controlados por el Estado
social y no privatizados
·
Que se respeten los derechos de los pueblos ancestrales,
incluyendo consulta libre, previa e informada para que no sean
mercantilizadas las selvas y bosques naturales
·
Que el principal sujeto del desarrollo y gestor de la
sustentabilidad sean las comunidades locales, instrumentadas y
educadas para tales fines.
[1]
Socioeconomistas del PACS, Instituto Políticas Alternativas para el
Cono Sul, Rio de Janeiro. Agradecemos a Pablo Solón, de Bolivia y al
Grupo ETC, del Canadá por la inspiración, a Paulino Nuñez por la
traducción y a Chilo/Altagracia Villareal por la revisión.
[2]
Ver el folleto “Economia Verde: Nova Cara do Capitalismo”, 2012,
Red Jubileo Brasil.
[3]
En 1992, las corporaciones originarias de los países ricos
negociaron el control de 23,8% de toda la biomasa del planeta.
[4]
El concepto de ‘servicios ambientales”’ es cuestionable, pues
no se trata de servicios realizados por personas, y sí bienes que la
Tierra ofrece a todos los seres vivos, entre ellos los humanos.
[5]
Ya están en marcha mecanismos como el comercio de créditos de
carbono, o REDD (que recompensa bosques conservados con títulos que
son comprados por empresas con recursos del Banco Mundial y
negociados en los mercados de capitales) y otros.
[6]
Ver como ilustración el “Relatorio de Insustentabilidad de la
Vale”, publicado en portugués en abril de 2012 por la Articulación
Internacional de los Afectados por la Vale, Rio de Janeiro.
[7]
Ver como ilustración los textos retrógrados y perversos de la
Cámara y del Senado que pretenden reformar el Código Forestal
brasileño en favor de los ruralistas.
[8]
Del griego Eco, Oikos = casa, y nomía = gestión.
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JUBILEO
SUR/AMERICAS
secretaría
regional a/c PACS
Políticas
Alternativas para el Cono Sur
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