¡NO SOMOS DEUDORES! ¡SOMOS ACREEDORES DE UNA DEUDA HISTÓRICA, SOCIAL Y ECOLÓGICA!
Mensaje de Galeano a Cochabamba
miércoles, 21 de abril de 2010
MENSAJE
A LA CUMBRE DE LA MADRE TIERRA
Por
Eduardo Galeano
“Los derechos humanos y los derechos de la naturaleza son dos
nombres de la misma dignidad”
Lamentablemente,
no podré estar con ustedes. Se me atravesó un palo en la rueda, que me
impide viajar.
Pero
quiero acompañar de alguna manera esta reunión de ustedes, esta reunión
de los míos, ya que no tengo más remedio que hacer lo poquito que puedo
y no lo muchito que quiero.
Y
por estar sin estar estando, al menos les envío estas palabras.
Quiero
decirles que ojalá se pueda hacer todo lo posible, y lo imposible
también, para que la Cumbre de la Madre Tierra sea la primera etapa
hacia la expresión colectiva de los pueblos que no dirigen la política
mundial, pero la padecen.
Ojalá
seamos capaces de llevar adelante estas dos iniciativas del compañero
Evo, el Tribunal de la Justicia Climática y el Referéndum Mundial
contra un sistema de poder fundado en la guerra y el derroche, que
desprecia la vida humana y pone bandera de remate a nuestros bienes
terrenales.
Ojalá
seamos capaces de hablar poco y hacer mucho. Graves daños nos ha hecho,
y nos sigue haciendo, la inflación palabraria, que en América latina es
más nociva que la inflación monetaria. Y también, y sobre todo, estamos
hartos de la hipocresía de los países ricos, que nos están dejando sin
planeta mientras pronuncian pomposos discursos para disimular el
secuestro.
Hay
quienes dicen que la hipocresía es el impuesto que el vicio paga a la
virtud. Otros dicen que la hipocresía es la única prueba de la
existencia del infinito. Y el discurserío de la llamada “comunidad
internacional”, ese club de banqueros y guerreros, prueba que las dos
definiciones son correctas.
Yo
quiero celebrar, en cambio, la fuerza de verdad que irradian las
palabras y los silencios que nacen de la comunión humana con la
naturaleza. Y no es por casualidad que esta Cumbre de la Madre Tierra
se realiza en Bolivia, esta nación de naciones que se está
redescubriendo a sí misma al cabo de dos siglos de vida mentida.
Bolivia
acaba de celebrar los diez años de la victoria popular en la guerra del
agua, cuando el pueblo de Cochabamba fue capaz de derrotar a una
todopoderosa empresa de California, dueña del agua por obra y gracia de
un gobierno que decía ser boliviano y era muy generoso con lo ajeno.
Esa
guerra del agua fue una de las batallas que esta tierra sigue librando
en defensa de sus recursos naturales, o sea: en defensa de su identidad
con la naturaleza.
Hay
voces del pasado que hablan al futuro.
Bolivia
es una de las naciones americanas donde las culturas indígenas han
sabido sobrevivir, y esas voces resuenan ahora con más fuerza que
nunca, a pesar del largo tiempo de la persecución y del desprecio.
El
mundo entero, aturdido como está, deambulando como ciego en tiroteo,
tendría que escuchar esas voces. Ellas nos enseñan que nosotros, los
humanitos, somos parte de la naturaleza, parientes de todos los que
tienen piernas, patas, alas o raíces. La conquista europea condenó por
idolatría a los indígenas que vivían esa comunión, y por creer en ella
fueron azotados, degollados o quemados vivos.
Desde
aquellos tiempos del Renacimiento europeo, la naturaleza se convirtió
en mercancía o en obstáculo al progreso humano. Y hasta hoy, ese
divorcio entre nosotros y ella ha persistido, a tal punto que todavía
hay gente de buena voluntad que se conmueve por la pobre naturaleza,
tan maltratada, tan lastimada, pero viéndola desde afuera.
Las
culturas indígenas la ven desde adentro. Viéndola, me veo. Lo que
contra ella hago, está hecho contra mí. En ella me encuentro, mis
piernas son también el camino que las anda.
Celebremos,
pues, esta Cumbre de la Madre Tierra. Y ojalá los sordos escuchen: los
derechos humanos y los derechos de la naturaleza son dos nombres de la
misma dignidad.
Vuelan
abrazos, desde Montevideo.
--
Aurora Donoso
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