¡NO SOMOS DEUDORES! ¡SOMOS ACREEDORES DE UNA DEUDA HISTÓRICA, SOCIAL Y ECOLÓGICA!
DEUDA ECOLÓGICA: REFLEXIONES PARA COCHABAMBA E-Mail
miércoles, 21 de abril de 2010

José Augusto Pádua

cochabambaProfesor de la Universidad Federal de Río de Janeiro
Miembro del Consejo de promotores de la Alianza de los Pueblos del Sur acreedores de la Deuda Ecológica

Uno de los grandes desafíos que nos espera en el Siglo XXI será el de superar el mito del crecimiento ilimitado y discutir globalmente cuál es el patrón de consumo socialmente digno y ecológicamente realista para todos los seres humanos, considerando el imperativo de que este patrón sea democrático, o sea, una orientación de dignidad y sustentabilidad accesible para el conjunto de la humanidad.

Cada ciudadano de Bangladesh consume en promedio cerca de 1 Kilogramo de papel por año. El consumo promedio de un ciudadano de Brasil es de 27 Kg. En el Japón y en los Estados Unidos el promedio de consumo per capita es, respectivamente, de 222 y 308 kg de papel por año. Sabemos que datos en valor promedio son bastante falsos como imágenes profundas de la realidad. En un país tan socialmente injusto como es el Brasil, por ejemplo, no es difícil constatar que el valor medio de 27 Kg. es elaborado a través de la aproximación entre una pequeña minoría que consume mucho papel y una gran mayoría que consume poco. Los datos presentados arriba, sin embargo, sirven como indicadores de la enorme desigualdad existente en escala planetaria en lo que se refiere al consumo de los recursos naturales.


Esa desigualdad, a pesar de manifestarse también, en diferentes grados de intensidad, a lo interno de cada país, posee una clara separación Norte-Sur. Un grupo pequeño de países del Norte, cuya población total no rebasa el 20% de la humanidad, consume cerca del 80% de la energía y de los recursos naturales, utilizados en el planeta cada año. Y es responsable, de manera correspondiente, por cerca del 80% de la contaminación y de la degradación ambiental, producidas en el mismo período. La crisis ecológica que hoy observamos, por lo tanto, no es causada por los accidentes ocasionales que tanta atención despiertan en los medios de comunicación. Es causada por la presión cotidiana generada por los patrones de producción y de consumo no sustentable, e irreales desde el punto de vista de un planeta finito y limitado en sus recursos. La tierra está siendo destruida por una fracción minoritaria de la especie humana, que necesita hacer con urgencia un ajuste estructural ecológico.


Uno de los grandes desafíos que nos espera en el Siglo XXI será el de superar el mito del crecimiento ilimitado y discutir globalmente cuál es el patrón de consumo socialmente digno y ecológicamente realista para todos los seres humanos, considerando el imperativo de que este patrón sea democrático, o sea, una orientación de dignidad y sustentabilidad accesible para el conjunto de la humanidad. Se puede argumentar que un 1 Kg. de papel por año es muy poco, de tal manera que la población de Bangladesh necesita consumir más papel para ejercer, por ejemplo, su derecho a la educación y a la información. Pero tiene sentido consumir 222 y 308 kgs de papel por año?. Es ético vivir en un patrón de consumo que destruye el espacio colectivo de la humanidad e impide que el conjunto de la misma pueda vivir en condiciones materiales dignas?


Cuando examinamos que poblaciones son estas cuyo patrón promedio de consumo se despegó del restante de la humanidad, adoptando un modo de vida tan dilapidador y tan destructivo, vemos la gran concentración del mismo en los países de Europa Occidental y en aquellos otros países que son las extensiones más directas de Europa en la geopolítica actual de la Tierra: Canadá, Estados Unidos, Australia e Nueva Zelanda (las llamadas neo-Europas). Además de eso es necesario incluir un país no-europeo que mimetizó los aspectos esenciales de la economía y tecnología europeas y que desde hace mucho asumió una acción colonial e imperial sobre otros países asiáticos: el Japón.


Los estados e instituciones financieras de este conjunto de países se volvieron acreedores, especialmente en las últimas décadas, de una enorme deuda financiera adeudada por instituciones y estados de América Latina, África e Asia, una deuda que desestabiliza las economías de estos países y hace inviable las inversiones sociales y ambientales que ellos tanto necesitan. La idea de la Deuda Ecológica, que nació en América Latina en los años ochenta y que hoy se ha convertido en un importante instrumento de debate político en todo el planeta, busca cambiar los términos de esa cuestión, poniendo en la mesa aspectos profundos y evidentes de la historia moderna que precisan ser considerados antes que los meramente monetarios (sujetos a tantas manipulaciones contables y artificialidades especulativas).


En primer lugar, existe una deuda ecológica histórica. El gran enriquecimiento material y la elevación descontrolada de los patrones de consumo de los países del Norte no pueden ser entendidos fuera del legado del colonialismo y del imperialismo. Fue a partir de la dominación colonial, de la enorme transferencia de riquezas y explotación predatoria de los recursos naturales y mano de obra esclavizada, que Europa pudo dar el gran arranque económico que la enriqueció de manera notable y que después se difundió por las neo-Europas. El exterminio de poblaciones originarias, la apropiación indebida de tierras y el mantenimiento de patrones de intercambio injustos e impuestos por la fuerza caracterizan el emprendimiento colonial moderno. Un ciudadano de la Europa de hoy no puede decir que nada tiene que ver con la explotación llevada por sus antepasados, pues sin ésta explotación Europa y las neo-Europas no podrían ser lo que hoy son.


Existe, por otro lado, una deuda histórica actual, que aumenta cada día. En primer lugar a través de la continuidad de proyectos agresivos de explotación de los recursos naturales del Sur que destruyen ecosistemas y modos de vida de poblaciones locales. Los lucros son privatizados y globalizados, en tanto que la destrucción es socializada y localizada. Quién va a pagar por eso? En segundo lugar, es necesario considerar un factor todavía más profundo. Para adoptar patrones dilapidadores de consumo, las poblaciones del Norte invadieron el espacio ecológico común del planeta, que es una herencia colectiva de la humanidad. El calentamiento global de la atmósfera es un claro ejemplo de ese hecho. Los patrones de consumo dominantes en el Norte están deteriorando el clima de las diferentes regiones. Quién está pagando por esa super-ocupación del espacio ambiental de la Tierra por un grupo pequeño de países? Cuál sería el valor monetario de esa ocupación? Quién debe a quién en verdad?


En el año 2000, la creación de la Alianza de los Pueblos del Sur acreedores de la Deuda ecológica generó un espacio social para estimular el debate sobre el tema de la Deuda Ecológica y subvertir el carácter exclusivamente monetario que hoy domina la negociación sobre las deudas. Lo que necesita ser negociado políticamente, de hecho, es la supervivencia de la humanidad. Y esa negociación necesita tomar en cuenta todos los aspectos de la historia moderna. La deuda ecológica es un dato real de esa historia, que en gran parte puede ser cuantificado ( a pesar de no querer caer en la trampa de buscar su monetarización). Sin su enfrentamiento político será imposible buscar un futuro sustentable para la colectividad humana.

 
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