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27 de agosto de 1999
La globalización excluyente es un rasgo que afecta a toda América Latina. Con matices, las brechas de la región en relación al mundo desarrollado han crecido mientras observamos que en términos absolutos la pobreza crece. Las últimas décadas han dado un fruto podrido de una región con alto endeudamiento externo, Estados debilitados, el medio ambiente en creciente deterioro y la pobreza acrecentándose derivado de migraciones internas e internacionales.
Pensamos que la realidad de la década del noventa, casi sin crecimiento económico por habitante en toda la región, pero con volúmenes de exportaciones crecientes, a precios irrisorios e injustos (por ejemplo, el precio de una computadora equivale a cien barriles de petróleo que sale, principalmente de la Amazonía) han llevado a un aumento de los pasivos ecológicos, mientras el consumo en los países desarrollados crece en forma desmesurada, incrementándose la deuda ecológica que estos países tienen con los países del Sur. El daño humano y medio ambiental es gigantesco para permitir el progreso como se entiende hoy día.
Planteamos que en parte el problema deriva del modelo de desarrollo hacia afuera, liderado por las exportaciones, que en simultáneo deprime los precios de las materias primas exportadas y empobrece a las poblaciones en la medida que los precios son cada vez menores y la contaminación generada para obtenerla cada vez mayor.
Por lo tanto, proponemos un modelo de desarrollo autocentrado, con justicia de género, con una reducción o eliminación de la deuda externa por las condiciones injustas en que ha crecido y por la forma como impide el desarrollo. La integración de América del Sur es indispensable en este contexto y la población de la región será principalmente a la cual se orientará la actividad económica. Se pondrá énfasis en la redistribución del ingreso privilegiando la actividad económica de los más empobrecidos con subsidios y la reparación de los daños ambientales de las actividades de extracción de recursos naturales como el petróleo y la minería.
La deuda externa dobló en la década de los años 80, cuando no hubo crédito, únicamente por la capitalización de intereses y además se pagó al exterior 150% del monto adeudado en 1980, durante ese período. No se necesita de más crédito internacional para desarrollarnos como naciones, sino de reducciones drásticas del mismo inmediatamente. En ese sentido apoyamos la campaña de Jubileo 2000. Adicionalmente, las condiciones impuestas para las reducciones de deuda, hasta la fecha, las consideramos inadecuadas y con resultados adversos al objetivo de reducción de la pobreza. Por eso planteamos la importancia de condiciones autónomas de parte de nuestros gobiernos bajo la supervisión de la sociedad civil.
Finalmente, la liberación de recursos fiscales generada por la reducción o eliminación de la deuda externa planteamos que debe ser orientada al fortalecimiento de la educación y la salud universales y a la reparación de los pasivos ecológicos generados, así como a la restauración de los derechos de los agricultores, dentro de sus culturas, como un reconocimiento de su labor de cuidado y coevolución de la biodiversidad agrícola.
Se suman a esta declaración las organizaciones participantes en el curso internacional “Deuda externa y deuda ecológica, una perspectiva desde la economía ecológica” promovido por la Fundación Heinrich Böll en Cochabamba, Bolivia.
Cotidiano Mujer, Uruguay
REPEM, Uruguay
ACA/COMCOSUR, Uruguay
APRODEH, Perú
CEDAL, Perú
Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán, Perú
Fundación Foro Nacional por Colombia, Colombia
Corporación Viva la Ciudadanía, Colombia
Instituto de la Mujer, Chile
MEMCH, Chile
Instituto de Estudios Ecologistas del Tercer Mundo, Ecuador
ISALP, Bolivia
AIPE, Bolivia
FOBOMADE, Bolivia
GRAMA, Bolivia
CESU, Bolivia
CEPAC, Bolivia
Foro Potosino de Medio Ambiente, Bolivia
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