La crisis económica vista desde la economía ecológica
Joan Martinez-Alier
"La contabilidad económica no cuenta bien los daños ambientales ni
el
valor de los recursos agotables. La crisis económica implica un cambio
de tendencia en las emisiones de dióxido de carbono por lo menos en los
países occidentales cuyas economías han entrado en lo que graciosamente
se llama “crecimiento negativo”. En los cinco años anteriores al 2008,
las emisiones de dióxido de carbono producidas por los humanos estaban
aumentando a más del 3 por ciento anual lo que llevaba a doblarlas en
20 años cuando lo necesario es que bajen a menos de la mitad lo más
pronto posible. El objetivo de Kyoto de 1997 es muy generoso con los
países ricos pues les concede derechos de propiedad sobre los sumideros
de carbono (los océanos y la nueva vegetación) y sobre la atmósfera
como depósito temporal de dióxido de carbono a cambio de una promesa de
reducción del 5 por ciento en sus emisiones del 2010 respecto a las de
1990."
Los tres pisos de la economía
La economía tiene tres niveles. Por encima está el nivel financiero
que puede crecer mediante préstamos al sector privado o al Estado, a
veces sin ninguna garantía de que esos préstamos puedan devolverse como
está ocurriendo en la crisis actual. El sistema financiero toma
prestado contra el futuro, esperando que el crecimiento económico
indefinido proporcione los medios para pagar los intereses de las
deudas y las propias deudas. Los bancos dan crédito mucho más allá de
lo que han recibido como depósitos, y eso tira del crecimiento
económico al menos durante un tiempo. Por abajo está lo que los
economistas llaman la economía real o la economía productiva. Es decir,
el comportamiento del consumo (privado y público) y de la inversión
(privada y pública) expresado en términos reales (a precios
constantes). Cuando crece, realmente eso permite pagar una parte o toda
la deuda. Cuando no crece lo suficiente, quedan deudas por pagar. La
montaña de deudas había crecido en el 2008 mucho más allá de lo que era
posible pagar con el crecimiento del PIB. La situación no era
financieramente sostenible.
Pero tampoco el PIB era ecológicamente sostenible pues en el tercer
nivel, por debajo de la economía real o productiva de los economistas,
está la economía real-real
de los economistas ecológicos, es decir, los flujos de energía y
materiales cuyo crecimiento depende en parte de factores económicos
(tipos de mercados, precios) y en parte de los límites físicos.
Actualmente, no solo hay límites físicos en los recursos sino
también en los sumideros: el cambio climático está ocurriendo por la
quema excesiva de combustibles fósiles y por la deforestación,
amenazando la biodiversidad. Otra amenaza directa a la biodiversidad es
el aumento de la HANPP, la apropiación humana de la producción primaria
neta de biomasa.
El decrecimiento económico y las emisiones de dióxido de carbono
La contabilidad económica no cuenta bien los daños ambientales ni el
valor de los recursos agotables. La crisis económica implica un cambio
de tendencia en las emisiones de dióxido de carbono por lo menos en los
países occidentales cuyas economías han entrado en lo que graciosamente
se llama “crecimiento negativo”. En los cinco años anteriores al 2008,
las emisiones de dióxido de carbono producidas por los humanos estaban
aumentando a más del 3 por ciento anual lo que llevaba a doblarlas en
20 años cuando lo necesario es que bajen a menos de la mitad lo más
pronto posible. El objetivo de Kyoto de 1997 es muy generoso con los
países ricos pues les concede derechos de propiedad sobre los sumideros
de carbono (los océanos y la nueva vegetación) y sobre la atmósfera
como depósito temporal de dióxido de carbono a cambio de una promesa de
reducción del 5 por ciento en sus emisiones del 2010 respecto a las de
1990. La crisis económica hará mucho más fácil cumplir ese modesto
objetivo de Kyoto. El comercio de emisiones de carbono desaparecerá
totalmente a menos que los países ricos se impongan a sí mismos la
obligación de bajar sus emisiones por debajo del compromiso de Kyoto,
como deberían hacerlo pues todavía son muy excesivas. El transporte
aéreo, la construcción de viviendas, las ventas de automóviles están
bajando en muchos países europeos y en Estados Unidos en la segunda
mitad del 2008. Los automovilistas estadounidenses compraron 9 por
ciento menos gasolina en las primeras semanas de octubre del 2008 que
en el mismo período del 2007. Bienvenida sea la crisis económica!
La contabilidad económica está equivocada
La crítica de la contabilidad económica convencional a menudo hace
hincapié en los valores de los servicios ambientales de los ecosistemas
que no están recogidos en esa contabilidad. Por ejemplo, los servicios
ambientales de los arrecifes de coral y de los manglares, los del
bosque tropical húmedo, pueden ser calculados en dinero por hectárea y
por año, y entonces las hectáreas perdidas pueden ser traducidas en
pérdidas económicas virtuales para impresionar al público y a los
gestores públicos. Eso está bien pero es insuficiente para percatarse
de cuáles con las relaciones entre la economía y el medio ambiente pues
el suministro energético de nuestra economía industrial depende no
tanto de la fotosíntesis actual como de la fotosíntesis de hace
millones de años. Nuestro acceso a los recursos minerales depende
también de antiguos ciclos biogeoquímicos, y estamos usando y
desperdiciando esos recursos sin reemplazo a un ritmo mucho más rápido
que el de su formación.
El pico de la extracción de petróleo tal vez ya ha sido alcanzado o
lo será pronto (si la economía se recupera). Actualmente se saca casi
87 millones de barriles al día. Contando en calorías, el promedio
mundial equivale a unas 20,000 kcal por persona y día (es decir, una
diez veces más que la energía de la alimentación), y en los Estados
Unidos equivale a 100,000 kcal por persona y día. En el uso exosomático
de energía el petróleo es mucho más importante que la biomasa.
Alf Hornborg escribió en 1998: “los precios del mercado de materias
primas son el medio mediante el cuál los centros del sistema mundial
que son grandes importadores netos de energía y materiales extraen
exergía (es decir, energía disponible) de las periferias”. Hubo un
intento en 2003 de lograr 2 o 3 mbd extra de Irak, que falló como
reconoce tristemente Alan Greenspan en sus memorias. La OPEP había
logrado a partir de 1998 y del acceso de Hugo Chávez a la presidencia
de Venezuela recuperar el precio del petróleo, manteniendo la oferta
bajo control y con la ayuda del crecimiento económico de la China y de
la India. El precio del petróleo llegó a su máximo a mediados del 2008.
Las cosas iban tan bien para los exportadores de petróleo que el
presidente Rafael Correa cuando Ecuador reingresó en la OPEP en
noviembre del 2007, propuso que la OPEP pusiera un eco-impuesto a la
exportación de petróleo destinado a fines sociales y a ayudar a la
transición energética mostrando así que a la OPEP también le preocupaba
el cambio climático.
La actual crisis económica no es solamente una crisis financiera, y
su causa no es únicamente que la oferta de nuevas viviendas en los
Estados Unidos haya excedido de la demanda que podía ser financiada
sosteniblemente. Es verdad que se vendió viviendas a personas que no
podía pagar las hipotecas, y se construyó viviendas (como también en
España) esperando que aparecieran compradores con patrimonios o con
salarios firmes que respaldaran sus pagos hipotecarios. En los Estados
Unidos el poder de compra de los salarios no había apenas aumentado en
los últimos años al haberse hecho más desigual la distribución del
ingreso, pero sí aumentó en compensación el crédito a los consumidores.
Los ahorros de los hogares estaban en un mínimo al comenzar la crisis,
como también ha ocurrido en España. Por lo visto, los banqueros
pensaron que el crecimiento económico continuaría indefinidamente y eso
mantendría o hasta haría crecer el precio de las viviendas hipotecadas.
“Empaquetaron” las hipotecas y las vendieron a otros bancos que a su
vez las vendieron o intentaron venderlas a inocentes inversores. Ahora
se acabó el boom inmobiliario (con el brusco “aterrizaje” que José
Manuel Naredo había venido anunciando en España hace años). La
industria de la construcción está parada en diversos países. Es
alarmante que eso se quiera compensar en España con la construcción de
más “infraestructuras” financiadas con deuda pública, cuando ese sector
de autopistas y aeropuertos está ya sobredimensionado.
La nacionalización parcial de varios bancos en Estados Unidos y en
Europa ha evitado una cadena imparable de quiebras, pero esa
nacionalización hará aumentar el déficit público. Está bien que aumente
el déficit público en situación de crisis siguiendo una política
keynesiana (excediendo ese déficit el 3 por ciento del PIB que impuso
Maastricht). Ese déficit ayuda a salir de la crisis y puede encaminarse
a fines sociales y ecológicos. Pero si la Deuda Pública crece y crece
(como ha ocurrido en el Japón en los últimos veinte años) eso
desembocará en una imposibilidad de pago de la deuda o en inflación.
Puede pensarse que el pago se logrará con crecimiento, pero ¿es ese
crecimiento desmaterializado? Lo financiero incide en la economía real
y ésta a su vez en la economía real-real.
La burbuja de crédito hipotecario y otras formas de crédito en Estados
Unidos (también en el Reino Unido y en España) hizo crecer la economía
real (impulsando por tanto las exportaciones de China), y en
consecuencia hizo crecer la demanda de petróleo y otras materias
primas. El aumento del precio de las materias primas fue de hecho otra
causa de la crisis, más allá del exceso de creatividad en la venta de
“productos” financieros. Hubo un gran aumento del precio del petróleo y
de otras materias primas hasta julio del 2008 en parte por compras
especulativas pero también por el crecimiento de la economía real
mundial. Hasta fines del 2008, la inflación amenazaba por el aumento de
precios de las materias primas, lo que recordaba la stagflation
de los años 1970. Una diferencia es que actualmente no hay presión
salarial. Un parecido es que el petróleo aumentó de precio (como había
ocurrido en 1973 y en 1979). El desafío permanente para los países
ricos es crecer económicamente usando menos materiales y energía en
términos absolutos. O, alternativamente, lograr que los precios de las
materias primas bajen. Eso está ocurriendo a fines del 2008 por el
descenso de la demanda debido a la crisis.
El metabolismo social
En los últimos meses es inevitable recordar el libro de Frederick Soddy,
Wealth, Virtual Wealth and Debt
(Riqueza, Riqueza Virtual y Deuda) publicado en 1926. Soddy tenía el
premio Nobel de Química y era catedrático en Oxford. Expliqué sus
principales ideas económicas en mi libro La Economía y la
Ecología
de 1991. También Herman Daly ha descrito las propuestas de reforma
monetaria de Frederick Soddy que descansan en las proposiciones
siguientes. Es fácil para el sistema financiero hacer crecer las deudas
(tanto del sector privado como del sector público), y es fácil también
sostener que esa expansión del crédito equivale a la creación de
riqueza verdadera. Sin embargo, en el sistema económico industrial, el
crecimiento de la producción y el crecimiento del consumo implican a la
vez el crecimiento de la extracción y destrucción final de los
combustibles fósiles. La energía se disipa, no puede ser reciclada. En
cambio, la riqueza verdadera sería la que se base en el flujo actual de
energía del sol. La contabilidad económica es por tanto falsa porque
confunde el agotamiento de recursos y el aumento de entropía con la
creación de riqueza.
La obligación de pagar deudas a interés compuesto se podía cumplir
apretando a los deudores durante un tiempo. Otra manera de pagar la
deuda es mediante la inflación (que disminuye el valor del dinero). Una
tercera vía era el crecimiento económico que, no obstante, está
falsamente medido porque se basa en recursos agotables infravalorados y
en una contaminación a la que no se da valor económico. Esa era la
doctrina de Soddy, ciertamente aplicable a la situación actual. Fue sin
duda un precursor de la economía ecológica.
Las economías industriales ricas dependen, en su metabolismo social,
de la importación a precio barato de grandes cantidades de energía y
materiales. Eso es así en Europa, Japón, partes de China, y también en
Estados Unidos que importa más de la mitad del petróleo que gasta. El
precio del petróleo aumentó porque aumentó la demanda, y también por la
restricción de oferta por el oligopolio de la OPEP que se apoya en la
escasez de petróleo al ir llegando al pico de la curva de Hubbert. De
hecho, la teoría económica neo-clásica no
sostiene que el precio del petróleo deba ser igual al costo marginal de
extracción. El petróleo a 150 dólares por barril sería todavía
demasiado barato teniendo en cuenta una asignación intergeneracional
más justa y teniendo en cuenta las externalidades que se producen al
extraerlo, al transportarlo y al quemarlo.
A medida que la crisis económica avanza, el precio del petróleo cae
pero se recuperará si la economía crece otra vez. La OPEP intentará
reducir la extracción de petróleo durante la crisis. La reunión
prevista para noviembre del 2008 se avanzó al 24 de octubre cuando la
OPEP decidió disminuir la extracción de petróleo en 1,5 mbd.
Hay una tendencia creciente al aumento del costo energético de la
obtención de energía (un EROI más bajo). La bajada de la curva de
Hubbert será terrible política y ambientalmente. Hay ya grandes
conflictos desde hace años en el Delta del Níger y en la Amazonía de
Ecuador y Perú contra compañías como la Shell, la Chevron, la Repsol,
la Oxy. Ante la escasez de energía barata para impulsar el crecimiento,
hay quien quiere recurrir masivamente a otras fuentes de energía como
la nuclear y los agro-combustibles, pero eso aumentará los problemas
ambientales, sociales y políticos. Por suerte, la energía eólica y
fotovoltaica está aumentando, y mucho más deberá aumentar simplemente
para compensar el descenso de la oferta de petróleo en las próximas
décadas. El gas natural también crece y llegará a su pico de extracción
dentro de no mucho tiempo. Los depósitos de carbón mineral son muy
grandes (la extracción de carbón ya creció siete veces en el siglo XX)
pero el carbón produce localmente daños ambientales y sociales, y
también es dañino globalmente por las emisiones de dióxido de carbono.
El fin del boom de las materias primas
Con la crisis económica, ¿habrá ahora un final a la expansión de
exportaciones de energía y de materiales, disminuyendo así la presión
destructora en las fronteras de la extracción?
Los grandiosos planes de exportaciones de América latina fueron
apoyados sobre todo por el Presidente Lula de Brasil. Más carreteras,
más oleoductos, gasoductos y tendidos eléctricos, más puertos e
hidrovías, más exportaciones de petróleo, de gas, de carbón, de cobre,
de mineral de hierro, de madera, de harina de pescado, de celulosa, de
soja y de etanol, ese ha sido el credo de Lula para América latina. En
octubre del 2008, en oposición total a lo que dice la Vía Campesina y
el MST, el presidente Lula se fue a Delhi para apoyar en la ronda de
Doha la apertura total de las economías a las importaciones agrícolas,
como si quisiera aumentar la tasa de suicidios de los agricultores de
la India. En vez de esto, debería haber discutido en Delhi como impedir
el derrumbe del precio del mineral de hierro (siendo tanto Brasil como
India grandes exportadores). Es verdad que el boom de exportación le
dio a Lula dinero para propósitos sociales, aumentando su popularidad.
Petrobrás se convirtió en una empresa no menos peligrosa para el medio
ambiente y los pueblos indígenas de América latina que Repsol o la Oxy.
La obsesión de Lula por la exportación de materias primas le impidió
hacer algo para frenar la deforestación de la Amazonía y llevó a la
ministra de Medio Ambiente, Marina Silva, a la dimisión en 2008. ¿Cuál
será ahora la estrategia del presidente Lula y de la izquierda
latinoamericana tras la crisis del 2008?
A finales del 2008, la crisis económica está derrumbando los precios de
las materias primas o commodities.
Desde julio del 2008 a finales de octubre, el trigo, el maíz, la soja
han bajado 60 por ciento de precio, como también el cobre, el níquel,
el aluminio, el mineral de hierro. Una parte del boom financiero en
Islandia se basó en inversiones exteriores destinadas a un desaforado
crecimiento de la fundición de aluminio. Los ecologistas protestaron
contra esas instalaciones y las plantas de electricidad que iban a
destruir bellos lugares intocados, con un costo no reconocido en las
cuentas económicas. La economía de Islandia se paró en octubre del
2008, los bancos no podían devolver los depósitos y han sido
nacionalizados.
En la década de 1920, las commodities bajaron de precio unos
años antes de 1929, pero esta vez el aumento de los precios de las commodities
(ayudados
por los desencaminados subsidios a los agrofuels y por el cartel de la
OPEP) ha continuado hasta julio del 2008, meses después de que las
acciones de las empresas empezaran ya a bajar desde enero del 2008.
Ahora ya esos precios están bajando. El llamado Baltic Dry Index que
mide los precios del transporte en barcos de mercancías a granel se ha
hundido desde julio 2008 en parte por la menor importación de hierro de
China. La multinacional mexicana CEMEX anunció el 16 de octubre del
2008 que reduciría su fuerza de trabajo en el mundo en un diez por
ciento por el descenso en la demanda de materiales de construcción y de
cemento, mientras las fábricas de automóviles de Europa y Estados
Unidos están reduciendo producción desde mitad del 2008. Todo eso puede
ser bueno para el medio ambiente aunque aumente el desempleo: hace
falta una reestructuración social que permita en los países ricos un
decrecimiento económico que sea socialmente sostenible.
Quienes desean un regreso a la normalidad pueden reconfortarse por
el descenso del precio del petróleo a finales del 2008. Ese descenso
sucede no porque haya aumentado la oferta sino porque disminuye la
demanda. Estamos muy cerca del pico de extracción de petróleo y eso
puede dar un apoyo a la OPEP en su intento de frenar la caída del
precio y sostenerlo en 70 u 80 dólares por barril. Algunos proyectos de
extracción de petróleo de bajo EROI y alto costo marginal (como las
arenas bituminosas de Alberta en Canadá y los petróleos pesados del
delta del Orinoco) tal vez sean aplazados, como también la extracción
del ITT Yasuní en Ecuador.
En el caso de otras mercancías distintas al petróleo, es posible que
los países exportadores reaccionen irracionalmente manteniendo o
incluso aumentando la oferta en su esfuerzo de mantener el ingreso.
Posiblemente haya una guerra de precios de la soja entre Argentina y
Brasil. En cambio, éste sería un buen momento para que América del Sur,
Africa y otras zonas que son exportadoras netas de energía y materiales
piensen en el desarrollo endógeno y avancen hacia una economía
ecológica y solidaria. Además, muchos países del Sur verán como caen
las remesas monetarias de sus emigrantes. El rechazo del Sur a
continuar proporcionando materias primas baratas para las economías
industriales, imponiendo impuestos sobre el agotamiento del “capital
natural” o “retenciones ambientales” y poniendo también cuotas a la
exportación, también ayudaría al Norte (incluyendo partes de China) en
nuestro camino de largo plazo hacia una economía más sostenible que use
menos materiales y energía.
El PIB de los pobres
Hay que entender que la contabilidad económica convencional es
equivocada. Doy aquí otro argumento que se añade a los que ya Frederick
Soddy había señalado. La experiencia que Pavan Sukhdev, Pushpam Kumar y
Haripriya Gundimedia adquirieron en la India con un proyecto de
investigación que intentó dar un valor económico a los productos no
comerciales de los bosques (como la leña y alimentos para los grupos
tribales o campesinos y su ganado, la retención de agua y de suelo, las
hierbas medicinales de uso local, la absorción de dióxido de carbono)
sirvió después en el proyecto europeo TEEB (siglas en inglés de “La
Economía de los Ecosistemas y de la Biodiversidad”) apoyado por la DG
de Medio Ambiente de la Comisión Europea y por el Ministerio de Medio
Ambiente alemán. El equipo del TEEB destaca que una representación
monetaria de los servicios dados por la disponibilidad natural de agua
limpia, de leña y de pastos, de plantas medicinales, no mide realmente
su contribución esencial a la vida de los pobres.
Supongamos que una compañía minera contamina el agua en una aldea de
la India. Las familias no tienen otro remedio que abastecerse del agua
de los arroyos o de los pozos. El salario rural es un euro al día, un
litro de agua en envase de plástico cuesta 15 céntimos de euro. Si los
pobres han de comprar agua, todo su salario se iría simplemente en agua
para beber para ellos y sus familias. Asimismo, si no hay leña o
estiércol seco como combustibles, al comprar butano (LPG), como
preferirían, gastarían el salario semanal de una persona para adquirir
un cilindro de 14 kgs. La contribución de la naturaleza a la
subsistencia humana de los pobres no queda pues bien representada al
decir que supone el 5% del PIB en un país como la India. El asunto no
es crematístico sino de subsistencia. Sin agua, leña y estiércol, y
pastos para el ganado, la gente empobrecida simplemente se muere.
En la contabilidad macroeconómica se puede introducir la valoración
de las pérdidas de ecosistemas y de biodiversidad ya sea en cuentas
satélites (en especie o en dinero) ya sea modificando el PIB para
llegar a un PIB “verde”. Pero en cualquier caso, la valoración
económica de las pérdidas tal vez sea baja en comparación con los
beneficios económicos de un proyecto que destruya un ecosistema local o
que destruya la biodiversidad. Lo mismo se aplica a nivel
macroeconómico: un aumento del PIB ¿compensa el daño ambiental? Sukhdev
y sus colaboradores contestan así: ¿qué grupos de personas sufrirán las
pérdidas? En la India comprobaron que los beneficiarios más directos de
la biodiversidad de los bosques y de sus servicios ambientales eran los
pobres, y que su pérdida afectaría sobre todo al ya menguado bienestar
de los pobres. Esa pobreza hace que las pérdidas de servicios
ambientales repercutan desproporcionadamente en su “ingreso de
subsistencia” en comparación con otras clases sociales. De ahí la idea
del “PIB de los pobres”. En otras palabras, si el agua de un arroyo o
del acuífero local es contaminada por la minería, los pobres no pueden
comprar agua en botella de plástico porque no tienen dinero para ello.
Por tanto, cuando la gente pobre del campo ve que su propia
subsistencia está amenazada por un proyecto minero o una represa o una
plantación forestal o una gran área industrial, a menudo protesta no
porque sean ecologistas sino porque necesitan inmediatamente los
servicios de la naturaleza para su propia vida. Ese es el “ecologismo
de los pobres”.
En la revista Down to Earth (15 agosto 2008), al final del
boom, Sunita Narain daba varios ejemplos actuales de la India. “En
Sikkim, el gobierno ha cancelado once proyectos hidroeléctricos
atendiendo a las protestas locales. En Arunachal Pradesh, las represas
están siendo aprobadas a toda velocidad y la resistencia está
creciendo. En Uttarakhand en el último mes, dos proyectos en el Ganges
han sido detenidos y hay mucha preocupación con el resto de proyectos
mientras en Himachal Pradesh, las represas despiertan tanta oposición
que las elecciones han sido ganadas por candidatos que dicen que están
en contra de ellas. Muchos otros proyectos, desde centrales
termo-eléctricas a minas en zonas agrícolas, tropiezan con resistencia.
La mina de hierro, la fábrica de acero y el puerto propuestos por el
gigante sur-coreano Posco son discutidos, aunque el primer ministro ha
asegurado que tendrán luz verde este mismo mes de agosto. La gente
local no quiere oír eso, no quiere perder sus tierras y su
subsistencia, no confía en las promesas de compensación. En
Maharashtra, los cultivadores de mangos se levantan contra la central
térmica de Ratnagiri. En cualquier rincón donde la industria intenta
conseguir tierra y agua, la gente protesta hasta la muerte. Hay
heridos, hay violencia, hay desesperación, y nos guste o no, hay miles
de motines en la India de hoy. Tras visitar Kalinganagar, donde hubo
muertos en protesta contra el proyecto de las industrias Tata, escribí
que el tema no era la competitividad de la economía de la India ni
tampoco el Naxalismo. Los que protestaban eran aldeanos pobres sin la
capacidad de sobrevivir en el mundo moderno si perdían la tierra.
Habían visto como sus vecinos eran desplazados, como no se cumplían las
promesas de dinero o empleo. Sabían que eran pobres y que el desarrollo
económico moderno les empobrecería más. También es así en Goa, que es
más próspera pero donde he visto que pueblo tras pueblo resiste contra
el poderoso lobby minero…”.
Las externalidades del sistema económico
La teoría economía neoclásica explica las externalidades (es decir,
efectos negativos o a veces positivos no recogidos en los precios del
mercado) como “fallos del mercado”. Así, si la minería destruye la
supervivencia de comunidades, o si el cultivo de soja y la aplicación
masiva de glifosato afecta a la salud de poblaciones humanas, eso son
fallos del mercado que no da precio a esos daños. Similarmente, si el
crecimiento económico basado en la quema de combustibles fósiles causa
un aumento de la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera y
por tanto un cambio climático, eso se debe a que los precios están mal
puestos. Fallos del mercado que podrían ser corregidos con impuestos o
con permisos de contaminación transables. Otros autores, muy reacios a
la intervención estatal, prefieren ver las externalidades como “fallos
de gobierno”, fracasos de los gobiernos que no se ponen de acuerdo para
establecer normas ambientales internacionales o que no aciertan a
imponer una estructura de derechos de propiedad sobre el ambiente o que
subsidian actividades nocivas.
Hay otra línea de pensamiento en estas cuestiones. Así como la
ideología patriarcal ha influido en la desatención que la ciencia
económica muestra hacia el trabajo doméstico no remunerado, de la misma
forma la ideología del progreso y el olvido de la naturaleza han
influido en la desatención que la ciencia económica muestra hacia el
marco ecológico de la economía.
¿De dónde nacen las externalidades? Desde la Economía Ecológica,
ponemos atención al crecimiento de los flujos de energía y de
materiales en la economía, y a la salida de residuos. Es la perspectiva
del Metabolismo de la Sociedad, que Marx mencionó en El Capital
(acudiendo, entre otros, a los estudios de Liebig sobre el guano del
Perú y los nutrientes agrícolas) pero que ni Marx ni los marxistas
desarrollaron, de manera que no existe una tradición de historia
ambiental-económica-social marxista. El metabolismo social es la
perspectiva que en la segunda mitad del siglo XX han desarrollado
Nicholas Georgescu-Roegen, Robert U. Ayres, Herman Daly, René Passet,
Manfred Max-Neef, Víctor Toledo, Jose-Manuel Naredo y su discípulo
Oscar Carpintero, Marina Fischer-Kowalski y su grupo en Viena, John
McNeill, Mario Giampietro, Roldán Muradian, Walter Pengue y muchos
otros en los campos de la economía ecológica, la ecología industrial,
la agro-ecología, la historia ambiental.
Al poner atención en el metabolismo de la sociedad, las
externalidades no son ya esporádicos fallos del mercado o fallos de la
acción gubernamental sino que adquieren carácter sistémico, inevitable.
La economía humana es un subsistema de un sistema físico más amplio. La
economía recibe recursos (y a menudo los explota más allá de su
capacidad de regeneración) y produce residuos. No existe una economía
circular cerrada. La economía está abierta tanto por el lado de la
extracción de recursos en la fronteras como de la producción de
residuos. Los perjudicados no sólo son otras especies no-humanas y las
próximas generaciones de humanos (que no pueden protestar) sino que a
menudo son también gente pobre, que protesta.
De ahí, la penetrante frase de Enrique Leff hace ya veinte años en un
acápite de su libro Ecología y Capital :
“Del análisis marginalista de las externalidades a la acción de los
grupos ambientalistas marginados”. Está costando mucho que
políticamente triunfe esa perspectiva del ecologismo popular. No se
quiere ver que los daños socio-ambientales producidos por el
crecimiento económico, también a veces por las nuevas tecnologías,
negados tanto por liberales como por la mayoría de los marxistas, se
harán sentir cada vez más.
La ola económica neoliberal coincidió desde 1975 o 1980 (triunfo de
Pinochet, Thatcher, Reagan) con su contrario: el auge cada vez mayor de
la crítica ecológica a la economía. El mercado no garantiza que la
economía encaje en la ecología, ya que el mercado infravalora las
necesidades futuras y no cuenta los perjuicios externos a las
transacciones mercantiles, como ya señaló Otto Neurath contra Von Mises
y Hayek en los inicios del famoso debate sobre el cálculo económico en
una economía socialista en la Viena de 1920.
El cálculo del PIB oculta más de lo que enseña. Se ensalza al
mercado como mecanismo racional de asignación de recursos, e incluso se
pretende que los problemas ecológicos surgen de la ausencia de
racionalidad mercantil privada, como en el caso de la mal llamada
"tragedia de los bienes comunales". Por el contrario, el punto de vista
ecologista nos lleva a dudar de los beneficios del mercado. Sin duda,
el mercado impone una búsqueda de ganancias, lo que ayuda a un uso más
eficiente de los recursos tal como se vio tras el crecimiento de los
precios del petróleo en 1973 y también ahora con la búsqueda de una
mayor eco-eficiencia. No obstante, el aumento de eficiencia puede
desencadenar la Paradoja de Jevons: más eficiencia en el uso de
recursos, costos relativos más baratos, por ende mayor uso de recursos .
Activos tóxicos y pasivos venenosos
Los activos que toman la forma de acreencias sobre deudas que no serán
pagadas han sido bautizados en la crisis actual con el curioso nombre
de “activos tóxicos”. Así, un banco acreedor que da un préstamo
hipotecario, lo coloca en su activo en el balance aunque el deudor
difícilmente vaya a pagar esa hipoteca y aunque la vivienda que
respalda el crédito haya perdido precio en el mercado. De aquí a un
tiempo, el banco tendrá que borrar ese activo o darle un valor menor.
En el lado del pasivo de los balances de las empresas, las actuales
reglas contables no obligan a deducir los daños al medio ambiente. De
hecho, la economía actual tiene una enorme “deuda de carbono” hacia las
generaciones futuras y hacia los pueblos pobres de nuestra propia
generación que sufrirán por el cambio climático habiendo contribuido
muy poco a que se produzca. Muchas empresas privadas en el sector
extractivo tienen también grandes pasivos ambientales. A la
Chevron-Taxaco se le está exigiendo 16 mil millones de dólares en un
juicio en Lago Agrio, Ecuador. La compañía Rio Tinto dejó un pasivo muy
grande en Andalucía desde 1888, y después en Bougainville, en Namibia,
en Papúa Occidental junto con la compañía Freeport MacMoran. Son deudas
a personas pobres o indígenas. La Shell tiene enormes pasivos por pagar
en el Delta del Níger. Pero los accionistas de esas empresas no deben
preocuparse. Esas deudas venenosas están recogidas en los libros de
historia pero no en los libros de contabilidad.
En un libro de la UICN para el Congreso Mundial de Conservación en
Barcelona en octubre del 2008 con el título Transition to
Sustainability,
Bill Adams y Sally Jeanrenaud proponen una alianza entre el movimiento
conservacionista y el ecologismo de los pobres. Esa alianza es difícil,
si uno nota la muy visible vinculación entre el conservacionismo y
empresas como Shell y Rio Tinto. John Muir estaría horrorizado. Por su
lado, la izquierda tradicional del Sur ha visto el ecologismo como un
lujo de los ricos más que una necesidad de los pobres a pesar de que
hay víctimas del ecologismo popular tan conocidos como Chico Mendes y
Ken Saro-Wiwa.
Pluralismo de valores
Las decisiones económicas serían mejores al dar valor monetario a
los recursos y servicios ambientales que tienen precio bajo o precio
cero en la contabilidad habitual, pero no debemos olvidar otras
consideraciones. En primer lugar, no hay que olvidar que el
conocimiento sobre cómo funcionan los ecosistemas, sobre sus umbrales
de tolerancia y sobre su resiliencia, es impreciso. En segundo lugar,
hay que dar importancia a los valores no monetarios en las decisiones,
no vayamos a caer en el fetichismo de las mercancías ficticias. Por
ejemplo, recordemos la inminente amenaza que pende sobre la Niyamgiri
Hill en Orissa, donde viven los Dongria Kondh. Tal vez la baja del
precio del aluminio en más de 50 por ciento en la segunda mitad del
2008, y por tanto el descenso del precio de la bauxita, ayude a salvar
esa montaña sagrada. Pero en cualquier caso, podemos preguntar:
¿cuántas toneladas de bauxita vale una tribu o una especie en trance de
extinción? ¿cómo expresar esos valores en términos que un Ministro de
Finanzas o un juez de la Corte Suprema puedan entender? Los lenguajes
de valoración de los indígenas o de los campesinos son silenciados en
favor del lenguaje de la valoración monetaria. Esos otros lenguajes
incluyen la aserción de los derechos territoriales contra la
explotación externa, ya sea apelando al Convenio 169 de la OIT que
exige un consentimiento previo de los indígenas, o en la India las
cláusulas en la Constitución y algunas sentencias judiciales que
protegen a los adivasi. También cabe apelar a valores ecológicos y
estéticos. En fin, podríamos preguntar a los Dongria Kondh: ¿qué precio
tiene vuestro Dios? ¿cuánto dinero valen los servicios que os
proporciona vuestro Dios?
La cuestión no es pues si el valor económico solo se determina en
mercados realmente existentes ya que los economistas han desarrollado
métodos para la valoración monetaria de los servicios y bienes
ambientales y de las externalidades negativas. La cuestión es, más
bien, si todas las evaluaciones pertinentes en un conflicto ambiental
(por ejemplo en minería de cobre u oro en el Perú o de bauxita en
Orissa, o determinada represa en el noreste de la India, o la
destrucción de un manglar por la industria camaronera en Honduras o
Bangladesh, o la determinación del nivel adecuado de emisiones de
dióxido de carbono por la Unión Europea) deben ser reducidas a una
medida común, a la única dimensión monetaria.
Debemos rechazar tal simplificación de la complejidad, tal exclusión
de lenguajes de valoración. Debemos aceptar, por el contrario, el
pluralismo de valores inconmensurables entre sí para evitar que la
ciencia económica se convierta en un instrumento del poder en la toma
de decisiones. Eso es así cuando se aplica el análisis costo-beneficio
a proyectos de inversión concretos, y también al nivel macro donde los
aumentos del PIB triunfan sobre cualquier otra dimensión. La cuestión
es pues ¿quién tiene el poder de simplificar la complejidad imponiendo
un determinado lenguaje de valoración sobre los demás? Así, el
movimiento conservacionista mundial debe ciertamente criticar la
contabilidad económica habitual y debe empujar para que se corrija esa
contabilidad para reflejar mejor nuestras relaciones con la naturaleza
(como propone el proyecto TEEB), pero sin olvidar que otros lenguajes
de valoración son también legítimos: los derechos territoriales, la
justicia ambiental y social, la subsistencia humana, la sacralidad.
La ciencia económica ve la economía como un carrusel o “tío vivo”
entre los consumidores y los productores o empresas. Se encuentran en
los mercados de bienes de consumo o en los mercados de los servicios de
los factores de la producción (por ejemplo, al vender fuerza de trabajo
a cambio de un salario). Los precios se forman en esos mercados al
intercambiar las mercancías o comprar servicios de los factores de la
producción. Una parte de los ingresos se ahorra y financia la compra de
bienes de inversión por las empresas. El estado detrae dinero en la
forma de impuestos (sobre el consumo, sobre el ingreso de personas
físicas o sobre beneficios de las empresas) y con eso paga la inversión
pública y el consumo público (escuelas, sanidad, defensa y seguridad).
La contabilidad macroeconómica (el cálculo del PIB) agrega las
cantidades multiplicadas por sus precios. Eso es la Crematística que
olvida el agotamiento de recursos (que los precios infravaloran) y
también la contaminación como olvida asimismo todos los servicios
proporcionados en la esfera doméstica o del voluntariado, sin
remuneración.
En cambio, la economía puede describirse de otra manera, como un
sistema de transformación de energía y de materiales, incluida el agua,
en productos y servicios útiles, y finalmente en residuos. Eso es la
Bioeconomía o la Economía Ecológica (Georgescu-Roegen, 1966, 1971,
Herman Daly, 1968, A. Kneese y R.U. Ayres, 1969, Kenneth Boulding,
1966). Ha llegado el momento de sustituir el PIB por indicadores
sociales y físicos al nivel macro. La discusión sobre la décroissance
soutenable
o el decrecimiento económico socialmente sostenible que Nicholas
Georgescu-Roegen planteó hace treinta años, debe ahora convertirse en
el tema principal de la agenda política en los países ricos.
La crisis económica da una oportunidad para que la economía de los
países ricos adopte una trayectoria distinta con respecto a los flujos
de energía y materiales. Ahora es el momento de que los países ricos,
en vez de soñar con recuperar el crecimiento económico habitual (que
les permita pagar las deudas), entren en una transición socio-ecológica
hacia menores niveles de uso de materiales y energía (dejando muchas
deudas por pagar). La crisis debe dar a la vez una oportunidad para
reestructurar las instituciones sociales según las propuestas de los
partidarios del “decrecimiento económico socialmente sostenible” (tal
como se explicó en el número 35 de la revista Ecología Política,
2008). La décroissance est arrivée. El
objetivo social en los países ricos debe ser vivir bien dejando de lado
el imperativo del crecimiento económico. Parece además que a partir de
cierto nivel de ingreso, la felicidad no crece ya al crecer el ingreso.
Es decir, los “bienes relacionales” adquieren más importancia que los
bienes materiales: en palabras de Castoriadis, “vale más un nuevo amigo
o una nueva amiga que un nuevo Mercedes Benz”. O en las viejas palabras
de Marcuse de 1968, los humanos hemos de aprender a determinar nuestra
propia estructura de necesidades más allá de las de subsistencia.
Y tanto en el Norte como en el Sur, ese camino a una economía
ecológica y solidaria debe incluir la voluntad de frenar el crecimiento
de la población. El planeta (tanto sus habitantes humanos como los
no-humanos) estaría mejor con 4 o 5 mil millones de personas que con 8
o 9 mil millones, aunque eso sea contra-indicado para el crecimiento
económico que en cualquier caso está mal medido.
A primera vista parece que el Sur se perjudica si el Norte no crece
porque hay menor oportunidad de exportaciones y también porque el Norte
no querrá dar créditos y donaciones. Pero son precisamente los
movimientos de justicia ambiental y el ecologismo de los pobres tan
vigorosos en el Sur, los mejores aliados del movimiento por el
decrecimiento económico socialmente sostenible del Norte.
|