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LA JORNADA de Mexico, Mayo 25, 2008
Por Marcos Roitman Rosenmann
España piensa América Latina en términos coloniales, estableciendo una relación asimétrica en la cual se siente cómoda. Historia de la idea de España imperial perteneciente a la razón cultural de Occidente transportada en el túnel del tiempo sirve a los intereses más rancios.
Es así como la propuesta franquista de naciones hispanas se transforma en la versión del PSOE en comunidad iberoamericana para los fastos del quinto centenario.
Proyecto faraónico para reafirmar señas de identidad. Su preparación
copó gran parte del espacio político.
Así, se postergaría un debate irresoluto sobre el tipo de Estado y la
forma de gobierno en la construcción democrática de España. No debe
extrañarnos que la identidad y unidad de España se haga coincidir con
la fecha del 12 de octubre de 1492. Sus fundamentos: conquista y
colonización; lengua y religión. Principios entrecruzados por un mito:
el orgullo de construir un continente y alumbrar una civilización. Ser
la madre patria. Patrón sobre el cual, el colonialismo del poder
articula el posterior discurso del mestizaje cultural lleno de
autoritarismo. Sobre este paraguas se construyen los programas de
política exterior hacia América Latina. Sólo se retocan ciertos
factores coyunturales.
Así, durante los últimos cuatro años de gobierno socialista, se ha
utilizado el discurso de la cohesión social para encubrir el proyecto
de control imperial. Su lógica se une a los retos de la globalización
en sus aristas de la competitividad productiva, recepción de
inversiones, innovación tecnológica y lucha contra el terrorismo. Este
es el postulado. Nace una nueva cooperación al desarrollo.
Complementaria a las inversiones del capital. La lucha contra la
pobreza es parte subsidiaria de la creación de riqueza cuya
responsabilidad se deja en manos del capital privado. Son proyectos de
cooperación relacionados con las políticas del FMI y el BM. Es la forma
de evitar los riesgos de un desborde popular y la falta de
gobernabilidad en la región. Este ha sido el discurso mantenido durante
toda la legislatura.
Trinidad Jiménez lo sintetizó al asumir la Secretaría de Estado para
Iberoamérica, creada en junio de 2006. La cohesión social es: "...
devolver la fortaleza, capacidad, estabilidad y credibilidad a las
instituciones democráticas y mejorar la gobernabilidad... camino
exitoso... para un nuevo contrato social..". Por tanto, no es altruismo
democrático ni compromiso socialista militante. La lógica es otra. La
cohesión social es una llave. Abre otra dimensión: "El futuro de España
como país está en América Latina. El gobierno español contempla América
Latina como una apuesta estratégica".
El horizonte de la cohesión social es una apuesta de largo plazo que
garantiza la seguridad jurídica de las inversiones españolas. No
olvidemos que las obtenidas por el grupo Santander Central Hispano en
2006 en la región alcanzan 40 por ciento del total de beneficios netos.
Las inversiones y las suculentas ganancias
Por esta razón, Trinidad Jiménez el 2 de marzo de 2007 en el ciclo de
conferencias Diálogos, derechos humanos y seguridad jurídica en
Iberoamérica, celebrado en Madrid, puso encima de la mesa otra cifra
importante para la economía y el bienestar de los españoles: "Las
inversiones brutas de las empresas españolas en América Latina
representan 10 por ciento del PIB".
Así, España pasó de ser un país de poca relevancia inversora a
convertirse en el segundo más importante tras Estados Unidos. Desde ese
instante, las decisiones en política exterior responden a los intereses
de las empresas. El pragmatismo prima sobre los principios
ideológico-políticos. En cifras absolutas, las inversiones han pasado
de 342 millones de euros en 1993 a un pico de 31 mil 287 en el año 2000
para situarse en 10 mil millones de euros para 2005.
Si desglosamos dichas inversiones por grandes empresas y lobby, en
algunos países observamos el siguiente cuadro en millones de euros.
México: BSCH 2 mil 626, BBVA 4 mil 508, Iberdrola 584, Unión Fenosa
286, Gas Natural 600, Telefónica 2 mil 180, Dragados 80; Chile: BSCH 2
mil 200, BBVA 880, Endesa mil 186, Aguas de Barcelona 470, Telefónica
500; Brasil: BSCH 7 mil 200, BBVA 542, Endesa 799, Iberdrola mil 718,
Gas Natural 450, Telefónica 12 mil 800, Telefonía Móvil 2 mil 780;
Argentina: BSCH mil 800, BBVA 414, Repsol YPF 10 mil 500, Telefónica 9
mil 800.
España busca acrecentar su poder en la región y legitimar la acción de
sus multinacionales. El PSOE se valdrá de la cumbre de Salamanca (2005)
para dicho objetivo. Así, Rodríguez Zapatero tras su clausura dirá: "Ha
nacido una nueva sociedad iberoamericana para lograr la paz, la
democracia y el desarrollo con cohesión social, teniendo como
principales enemigos a la miseria y el terrorismo".
De su seno nacerá un instrumento, la Secretaría General Iberoamericana
(Segib). Su comisario político será consensuado por todos a propuesta
de España y recaerá sobre Enrique Iglesias, aliado de Estados Unidos y
de la Trilateral. Así, la Segib daría seguimiento a los acuerdos de la
cumbre, siendo el más destacado "... establecer un diálogo permanente
en materia de inversiones, expansión de base empresarial y acceso al
crédito y la asistencia técnica... concertar acciones para expandir la
cooperación internacional, incluyendo países de renta media y eliminar
las asimetrías del sistema financiero y comercial, así como el peso de
la deuda externa, apoyar a los países a enfrentar las consecuencias de
los cambios en el mercado energético, y en ese contexto celebrar una
reunión especializada sobre fuentes de energía renovable".
No hace falta recordar que Endesa, Fenosa e Iberdrola controlan en
América Latina la mayoría de las energías renovables y los recursos
naturales y son los grandes "impulsores de proyectos de desarrollo
alternativo" y parte de los "mecenas" de la Segib. Así, gracias a
Enrique Iglesias, el concepto de cohesión social, dos años más tarde,
en 2007, dará nombre a la 17 Cumbre Iberoamericana celebrada en Chile.
«Vamos a defender los intereses españoles»
El PSOE estará satisfecho. Cohesión social, creación de riqueza,
inversión empresarial y política para pobres son una y la misma cosa.
La inversión española en la región no tiene por qué peligrar. A la
siguiente pregunta de un periodista: "¿La agenda que se viene encima
está llena de nombres propios. Y de intereses españoles. Repsol,
Endesa?", así responde Trinidad Jiménez: "Vamos a defender los
intereses españoles. Y quiero reunirme con todos aquellos que están
implicados en lo mismo".
Si aún quedasen dudas, el 30 de enero de 2007 declara al diario La
Nación de Costa Rica: "Las empresas españolas han sido capaces de traer
capital, generar desarrollo y empleo. El rechazo viene porque están
instaladas en servicios esenciales, muy sensibles de la economía (agua,
electricidad...) Y porque hubo crisis fuertes, como en Argentina". Pero
el programa de 2008 es más claro: "Los socialistas seguiremos
trabajando para garantizar un marco jurídico seguro y estable para las
inversiones en América latina y para que estas tengan una incidencia
positiva en el desarrollo donde están implantadas. Potenciaremos la
responsabilidad social de nuestras empresas".
En esta lógica, el trato hacia América Latina responde a un lenguaje
vertical de poder. Así deben interpretarse exabruptos reales y
manifestaciones de cólera cuando la palabra proveniente del continente
se utiliza horizontalmente para dejar patente dicha asimetría. La
política exterior de España incorpora este ethos.
En 2004, en su programa electoral, el PSOE denuncia la pérdida de
protagonismo de América latina en la política exterior de España. Se
trata de revertir el proceso: "Iberoamérica es una de las principales
víctimas de la ruptura del consenso por los gobiernos del Partido
Popular, pues ha quedado relegada como referencia prioritaria de
nuestra política exterior, subordinándola a una relación transatlántica
concebida como una relación casi excluyente de España con Estados
Unidos. En aras de esta relación, se ha debilitado el tradicional
diálogo directo y privilegiado que habían establecido los gobiernos
socialistas".
Para recuperarlo, pone énfasis en la política latinoamericana
desarrollada durante los gobiernos de Felipe González. Cuestión clave
para entender los cuatro años de gobierno actual, 2004-2008. Ya que
González ocupa un lugar privilegiado en el organigrama de Zapatero para
América latina. Un poder en la sombra.
En el viaje de Evo Morales, la primera persona con quien el gobierno
español decide debe entrevistarse es con Felipe González. Un
interlocutor cuyo prestigio y obra estaría por encima del bien y el
mal. Destacando entre sus haberes el desarrollo e impulso de las
cumbres y la potenciación de la Comunidad Iberoamericana de naciones.
Obras instrumentalizadas, a juicio del PSOE, por el Partido Popular en
función de sus intereses. Circunstancia que llevó a perder en esta
legislatura el espacio institucional para desarrollar la política
exterior del reino.
Sin embargo, este discurso es parte de una demagogia electoral. El
propio Partido Popular defendió las cumbres, la comunidad
iberoamericana de naciones y potenció la creación de la Segib con sede
permanente en Madrid durante su mandato. Fue en la XIII cumbre
celebrada en Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia (2003). Pero el debate
es carnaza para mediocres "ideólogos de la crítica superficial al
Partido Popular" centrados en un ataque por su poco sentido de Estado.
No entienden del poder y del pacto de Estado.
Por eso arguyen: "La utilización partidista de la cumbre de San José
por el Partido Popular, con intervención de su presidente Nacional,
Mariano Rajoy, para atacar al gobierno de Rodríguez Zapatero y resaltar
el ‘fracaso’ de su política exterior y en concreto latinoamericana,
señalando que a la cumbre "no había ido ni el tato", no sólo suponía
ningunear la presencia del rey y del presidente del gobierno español...
Es evidente que mientras la lucha partidista continúe presente en lo
que son las líneas maestras clave de la política exterior española, va
a ser difícil garantizar el éxito de las Cumbres Iberoamericanas".
Crítica espuria a Estados Unidos
El PSOE, al criticar el gobierno de Aznar, pretendía obtener un rédito
político. Era una acusación a las posiciones pro norteamericanas
fundadas en el unilateralismo que impregnaron su segunda legislatura a
partir del atentado a las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001.
Este arrebato de soberanía del PSOE renegando de Estados Unidos, sobre
todo en la guerra contra Irak, deja al descubierto el carácter espurio
de su crítica cuando se trata de explicar la relación entre Estados
Unidos, España y América Latina. En esta dimensión, no hubo
distanciamiento con el Partido Popular, ni con Estados Unidos. El PSOE
es consciente de los límites de su crítica.
Si nos remontamos al primer gobierno socialista, no olvidemos las
palabras de Felipe González en plena guerra fría, cuando declaró:
"Habría que ayudar a Estados Unidos a encontrar su dimensión positiva
del liderazgo en América Latina". Más aún, arreciando la agresión al
gobierno del FSLN de Nicaragua, las guerras de baja intensidad en
Guatemala y El Salvador, González se mostró en favor de la comisión
Kissinger: "El Senado estadounidense ha presentado un esquema de
solución al problema centroamericano en el que se atacan los problemas
en profundidad, es decir, se busca en la situación económica las raíces
de la actual violencia. La iniciativa española intenta completar, a
nivel europeo, el proyecto norteamericano".
Y por último, manda el siguiente mensaje a los dirigentes
latinoamericanos: "No tomaremos ninguna decisión sobre América Latina
sin antes hablar con nuestro aliado del norte". Esto dejaba al
descubierto el rol subordinado de España y el papel rector de Estados
Unidos en el proceso de toma de decisiones en la política exterior
hacia América Latina. La crítica al Partido Popular en 2004 era un
reproche dentro de la dialéctica gobierno-oposición. Pero las
coincidencias respecto a Estados Unidos no acaban ahí. Si vemos la
actual legislatura, constatamos la continuidad en los asuntos
estratégicos. Ahora es Cuba.
El ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Moratinos, en rueda de prensa
celebrada en Luxemburgo, declaró una vez concluido su viaje a dicha
isla entre los días 2 y 3 de abril de 2007, el primero desde 1988, que
"el gobierno español ha mantenido contactos con Estados Unidos antes,
durante y después de mi visita a Cuba". Y será Trinidad Jiménez quien
da explicaciones a Thomas Shannon, secretario adjunto para América
Latina, a petición de Washington, un mes más tarde. De esta manera
satisface los deseos de la subsecretaria de Estado adjunta de Estados
Unidos, Colleen Graffy, para explicar las causas de la incomparecencia
de Miguel Ángel Moratinos con la disidencia cubana durante su estancia
en la isla. Toda una maniobra mediática.
En el fondo no había problemas. Si bien Moratinos no lo hizo, el
director general para Iberoamérica, Javier Sandomingo, se reuniría con
la llamada disidencia el 4 de abril. Este ejemplo muestra como ambos
partidos encuadran su discurso bajo un mismo patrón cuando se trata de
Estados Unidos y América Latina. Sólo hay matices. Ciertamente
importantes, pero matices.
Así, cuando el PSOE presenta su balance de las relaciones con América
Latina en la legislatura 2004-2008, une dicha relación con Estados
Unidos. "Con Estados Unidos compartimos una larga tradición de
cooperación, confianza y entendimiento mutuo bilateral en áreas como el
comercio, la cultura, la educación, el terrorismo, la educación, la
investigación o la lucha contra el terrorismo, que los y las
socialistas queremos mantener y potenciar. Estados Unidos y España son
socios y aliados, y su desacuerdo puntual no puede ocultar el tejido de
sus estrechas relaciones a todos los niveles... Superado el
desencuentro en torno a Irak, el gobierno socialista ha intensificado
las relaciones". De esta manera, es necesario para el periodo 2008-2012
"la creación de un área trasatlántica de integración entre la Unión
Europea y Estados Unidos. Y debido al triangulo de relaciones entre
España, Estados Unidos y América Latina, nos proponemos desarrollar una
cooperación con Estados Unidos en sintonía con los estados
latinoamericanos".
PP y PSOE: zorros del mismo piñal
Igualmente, resulta jocoso que el subsecretario de Relaciones
Internacionales del Partido Popular, Jorge Moragas, vierta elogios a la
secretaria de Estado para Iberoamérica. "Su partido concede un margen
de confianza a Jiménez a la espera de que sus labores se traduzcan en
una mejora de las relaciones entre España y esa región del mundo... La
dirigente socialista en más de una ocasión ha defendido posiciones
distintas a las de Moratinos... La posición de Jiménez sobre Cuba se ha
mostrado más abierta a la necesidad de reformar el régimen de Castro".
Son viejos conocidos. Mientras fungió como encargada de relaciones
internacionales del PSOE, el 5 de diciembre de 2005, emitió un
comunicado condenando la "persecución política a la oposición
socialdemócrata cubana. Manifestando su apoyo a la coalición
progresista y deplorando los actos del régimen cubano". No hay que
olvidar que Jiménez es miembro de la Trilateral desde 2001 y
anteriormente ejerció cargos dentro del organigrama de la cooperación
estadounidense.
Será el talante progresista del PSOE o neoconservador de la derecha el
arco en el cual se dirima la política exterior. Si el PSOE criticó en
2003 la pérdida de liderazgo de la política exterior en la región, en
2007 el Partido Popular hará lo mismo. Sus argumentos, apoyar a
gobiernos definidos populistas y defensores del socialismo del siglo
XXI. Un peligro para Occidente, la libertad individual, la
gobernabilidad, la economía de mercado y un riesgo donde anida el
terrorismo internacional. España no puede aliarse con tales regímenes.
Ecuador, Venezuela, Bolivia y Nicaragua caen en este saco. Tras el
viaje de Moratinos a Cuba, la crítica incluye la traición. Se rompió la
política de aislamiento internacional del régimen "castrista". Los
argumentos van y vienen. Son maleables, chovinistas y emergen en
tiempos electorales.
Sin embargo la verdadera política exterior se mueve bajo la razón de
Estado. Subsume a la corona, las inversiones del capital privado y
estatal, la política migratoria, la cooperación, la venta de armas y la
ayuda al desarrollo. Su práctica presupone un pacto. Entre sus actos
destacamos que el gobierno español del PSOE fue el primero en reconocer
a Felipe Calderón, presidente ilegítimo de México en 2006, en apoyar la
relección de Uribe en Colombia, en seguir expulsando a cientos y miles
de latinoamericanos durante su legislatura, en amparar las acciones
desestabilizadoras e ilegales de las empresas multinacionales Repsol,
Endesa, Telefónica, BBVA, Santander, bajo el criterio de razón de
Estado. En este sentido, el Partido Popular asiente y aplaude. Bajo
esta óptica, el consenso nunca se ha roto. Lejos quedan los años en que
el PSOE apoyaba las luchas antioligárquicas y democráticas de los
pueblos latinoamericanos por la autodeterminación, la liberación
nacional, anticapitalistas y antimperialistas.
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"… la mirada alcanza más lejos cuando su base se asienta abajo y
a la izquierda. (…) Y si me preguntas de qué color es la bandera que
abajo ondea, te diría "rojinegra". Desde las montañas del Sureste
Mexicano. Subcomandante Insurgente Marcos (EZLN).
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