Convocados para celebrar la IV Asamblea de
los Pueblos del Caribe, nos
hemos dado cita en La Habana, Cuba, del 30 de junio al 4 de julio de
2008, 167
delegados y delegadas de organizaciones y movimientos sociales,
políticos,
campesinos, sindicales, de trabajadores, de mujeres, de estudiantes y
jóvenes,
artistas e intelectuales, así como organizaciones ambientalistas,
comunitarias
de base, de solidaridad y no gubernamentales de 20 países del Caribe,
junto a
representantes de importantes redes y campañas continentales.
La Asamblea tiene lugar en el marco de las actividades conmemorativas
por el 80
cumpleaños del Guerrillero Heroico, Ernesto Che Guevara, y de la
celebración
del 50 aniversario del triunfo de la Revolución Cubana. Saludamos
solidariamente ambos acontecimientos históricos, que son parte
inseparable del
patrimonio de nuestra lucha común.
Reafirmamos que nuestra Asamblea es un valioso espacio de diálogo,
intercambio
y construcción colectiva de iniciativas y acciones para el desarrollo y
la
convergencia de las luchas caribeñas en defensa de la vida, la
soberanía e
independencia nacional, la paz, el desarrollo sostenible y sustentable,
la
justicia social, la equidad, la igualdad y la identidad cultural de
nuestros
pueblos.
Denunciamos la creciente militarización que tiene lugar en nuestra
subregión
por parte de los Estados Unidos, la reciente reactivación de su IV
Flota, y
condenamos la criminalización de las protestas sociales de los pueblos.
Esta
política agresiva ratifica la pretendida hegemonía norteamericana sobre
el
Caribe y todo el continente. Ante ella, persiste la voluntad de lucha
de los
movimientos independentistas, anticolonialistas y antimperialistas en
defensa
de la soberanía de nuestros pueblos y el reclamo por un mundo de paz y
justicia
social.
Rechazamos el capitalismo y sus políticas económicas neoliberales,
configuradas
en los Tratados de Libre Comercio, EPAs, en la presencia creciente de
las
empresas transnacionales, las privatizaciones, la dependencia de muchas
de las
economías caribeñas a los destinos económicos de sus actuales o
antiguas
metrópolis, la creciente deuda financiera, social, ecológica y de
género. Todas
ellas constituyen un freno para el desarrollo de nuestras pequeñas y
estructuralmente subdesarrolladas economías. De ahí que la resistencia
y lucha
de nuestros pueblos, así como la construcción de renovados y verdaderos
modelos
de integración, tales como el ALBA y el Banco del Sur, se conviertan en
una
necesidad impostergable que requiere del más decidido apoyo.
Denunciamos que el actual modelo neoliberal resulta depredador del
medio
ambiente, incrementa las desigualdades sociales, atenta contra la
soberanía
alimentaria de nuestros pueblos, y convierte el uso de la energía no
renovable
en lucro de las grandes transnacionales, dada su alta demanda y
desmedido
consumo, peligrando su disponibilidad a corto y mediano plazo. El
calentamiento
global pone en riesgo la existencia misma de la vida humana y del
planeta en
que vivimos, lo que convierte en una prioridad de nuestra lucha la
exigencia a
los países industrializados y a las transnacionales que se desarrollen
modelos
energéticos alternativos y sostenibles.
El uso de tierras y cultivos agrícolas tradicionalmente destinados a la
alimentación humana para la producción de agrocombustibles provoca,
entre otras
nefastas consecuencias, en la tendencia alcista y especulativa de sus
precios.
De ello se deriva la necesidad de fortalecer nuestra lucha en defensa
de la
soberanía alimentaria y energética, construyendo modelos alternativos
de
consumo. No podemos vivir para que una minoría consuma de manera
egoísta,
absurda e irracional. Debemos luchar por la satisfacción de las
necesidades
legítimas de todos y de todas, para aportar y ser parte continuadora de
la vida
y del planeta, en armonía con la naturaleza.
Entendemos que el derecho al trabajo, la vivienda digna y el hábitat,
la
educación integral, la salud, la seguridad social y la tierra, son
incompatibles con el modelo neoliberal impuesto por el capitalismo
globalizado.
Ese modelo de dominación capitalista, patriarcal, racista y excluyente,
es la
fuente generadora de la pobreza que se generaliza en nuestros países.
Nuestra
lucha ha de estar enfocada a la construcción de un mundo de plena
equidad,
igualdad entre hombres y mujeres, y justicia social.
Somos conscientes de que los flujos migratorios de personas procedentes
de
nuestra subregión tiene serias causas de carácter socioeconómico,
asociadas a
la coyuntura de la economía global y a las políticas seguidas por las
potencias
industrializadas europeas y por los Estados Unidos. Estas constituyen
un
verdadero saqueo de cerebros, incitan al tráfico ilegal de personas,
especialmente de mujeres para la prostitución, frente a lo que
reclamamos la
libre circulación de las personas entre nuestros países, bajo el
principio de
que ningún caribeño es ilegal en el Caribe. Rechazamos las medidas
discriminatorias de las grandes potencias, particularmente la reciente
e
inaceptable Ley de Retorno del Parlamento Europeo. Mención aparte
merece nuestro
repudio a la criminal Ley de Ajuste Cubano, aplicada selectivamente por
los
Estados Unidos como un instrumento de desestabilización contra la
Revolución
Cubana.
Expresamos nuestra preocupación por las condiciones en las que se
desarrolla el
turismo en el Caribe, muy demandado por los países emisores,
particularmente
los Estados Unidos y Europa; pero hemos de defender un turismo sano,
sin
tráfico de drogas, sin prostitución, sin comercio sexual de mujeres y
niños;
con identidad propia, valorizado por la enorme riqueza y diversidad
cultural y
ecológica que nos caracteriza.
Los pueblos del Caribe hemos luchado por siglos contra la dominación y
el
sistema cultural impuesto por los colonizadores y recolonizadores de
todas las
épocas. Hemos construido nuestro sistema de valores basado en la
necesidad de
una identidad propia, que rechaza la transculturación que nos han
querido
imponer, y defiende el derecho a desarrollar modelos educativos
autóctonos y
ajustados a nuestras necesidades de desarrollo.
Las luchas que, en los distintos ámbitos de la vida política, social,
económica
y cultural, hemos protagonizado los pueblos del Caribe, requieren de un
mayor
fortalecimiento orgánico y articulación, en los cuales resulta cada vez
más
necesaria la participación amplia de los más diversos actores sociales,
así
como remontar las supuestas fronteras de la diversidad lingüística y
los
orígenes socioculturales impuestos por las metrópolis y por las
actuales
políticas hegemónicas y depredadoras de las grandes potencias
imperialistas. Es
necesario configurar un escenario propio de actuación para la
convergencia de
nuestras luchas y, a la vez, trabajar por una mayor integración en el
contexto
hemisférico con una perspectiva socialista.
En Latinoamérica se vienen desarrollando, con mayor o menor profundidad
y
efectividad, notorios procesos transformadores orientados en beneficio
de
nuestros pueblos y de la justicia social. La cooperación y la
solidaridad
genuinas son los ejes sobre los que se sustentan esos nuevos mecanismos
de
integración. Ellos abren nuevos horizontes para la inclusión social, el
bienestar humano y el desarrollo. Válido resulta para el Caribe, en ese
esperanzador contexto, fortalecer sus mecanismos propios y volcarse a
una
participación más activa y comprometida con la nueva dimensión
integradora
continental.
Las ideas y debates, los acuerdos e iniciativas que hemos adoptado en
estos
días de conocimiento, encuentro e intercambio durante esta IV Asamblea
nos
conducen a reafirmar nuestro compromiso con la lucha y defensa de la
Diversidad, la Resistencia, la Solidaridad, la Integración y la
Alternativa
Socialista que defendemos para los Pueblos del Caribe.
La Habana, 4 de julio de 2008