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Instituciones financieras
internacionales: el negocio del
"desarrollo"*
WORLD RAINFOREST
MOVEMENT - MOVIMIENTO
MUNDIAL POR LOS BOSQUES
* Artículo publicado en el Boletín 95 de junio de
2005
El desarrollo
puede brindar --de hecho lo hace-- grandes oportunidades para las corporaciones
ansiosas por aprovechar los negocios en los llamados países "en desarrollo". Las instituciones financieras internacionales
(IFI) han demostrado ser instrumentos muy buenos para lograr ese objetivo, y
extremadamente malos para mejorar las formas de sustento de los pueblos del Sur
o para proteger el medio ambiente.
El Grupo del
Banco Mundial, constituido por el Banco Mundial (BM) y la Corporación
Financiera
Internacional (CFI), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Banco
Asiático de Desarrollo (ADB), el Banco Africano de Desarrollo (AfDB), el Banco
Europeo de Inversiones (EIB), el Fondo Monetario Internacional (FMI), y las
Agencias de Crédito a la Exportación son las IFI más importantes.
¿En qué se basa
su poder? La desigualdad en la distribución de votos en las IFI es determinante
para ejercer el control. La representación en el directorio ejecutivo está
basada en la proporción de los fondos aportados. La estructura de las IFI se
basa en la ponderación del voto, donde no opera el criterio de un voto por país
sino que está condicionada al monto de dinero invertido por cada país miembro.
La trascendencia del voto básico que se asigna a todos los miembros ha
disminuido en proporción al número de votos asignados según el poder económico
de cada país. La pérdida de valor del voto básico ha inclinado la balanza del
poder en favor de los países industrializados. En la medida en que este
"factor de equidad" ha ido perdiendo importancia, la asignación de
votos se ha aproximado cada vez más a una relación de "un dólar, un
voto".
Si bien el FMI
está integrado por más de 180 países, cinco de ellos (EE.UU., Gran Bretaña,
Japón, Francia, Alemania y Arabia Saudita) controlan el 44 % de los votos.
EE.UU. tiene una participación de control de más de 16 por ciento del total de
votos en ambas instituciones, lo que le da el poder de veto en decisiones muy
importantes. En el caso del BM, los 24 países de la OCDE controlan más de dos
tercios de los votos. Los directorios de los bancos regionales multilaterales
como el Banco Asiático de Desarrollo (ADB) y el Banco Africano de Desarrollo
(AfDB), además de seguir la misma estructura de "un voto, un dólar",
son controlados principalmente por países que no pertenecen a la región, y que
al integrar los bancos permiten que sus corporaciones se beneficien de las
concesiones otorgadas a través de proyectos de "desarrollo". En el
ADB, el país que detenta el mayor número de votos es EE.UU., seguido por Japón,
Canadá y Alemania.
(http://www.bicusa.org/bicusa/issues/ADB_Voting_power_by_country2003.pdf).
En el AfDB,
Nigeria lidera la lista, pero seguido de cerca por los EE.UU. y Alemania.
(http://www.afdb.org/pls/portal/docs/PAGE/ADB_ADMIN_PG/DOCUMENTS/FINANCIALINFORMATION/2005-VP-ENG-MAY.PDF).
La asignación
desigual de votos se ve exacerbada por el sistema de asignación de puestos en
los directorios del FMI y el Banco Mundial sobre la base de un puesto por
circunscripción, que les asigna un puesto a cada uno de los cinco países con
mayor número de votos (EE.UU., Reino Unido, Francia, Alemania y Japón). Otros
tres países (China, Rusia y Arabia Saudita) constituyen una circunscripción de
un solo país, lo que les garantiza tener un puesto en los directorios. Quedan
apenas 16 puestos libres, a ser compartidos por los restantes 176 países
miembros.
Esta desigualdad
transforma a las IFI en una herramienta a través de la cual los países del G7
(Canadá, Francia, Alemania, Japón, Italia, Reino Unido, y EE.UU.) proyectan sus
objetivos económicos y de política exterior. Este pequeño grupo de países puede
acordar políticas fuera de las IFI e implementarlas a través de ellas. Los países del sur deben adaptarse
continuamente a las últimas modas económicas de las IFI, que a su vez son
influidas por las necesidades de los países industrializados.
Las
transacciones realizadas por las IFI en proyectos de (anti)desarrollo y otras
actividades comerciales tienen varias consecuencias. Las transacciones han
tenido y todavía tienen lugar en un campo desigual: los países ricos prestan
dinero a los países empobrecidos, aumentando su ya enorme deuda externa. Cabe
señalar que la deuda de muchos países creció durante períodos de dictadura
militar a través de préstamos concedidos por las IFI, que apoyaron durante
mucho tiempo esos regímenes dictatoriales.
Aunque muchos
países derrocaron las dictaduras, sus gobiernos heredaron de todas formas esas
deudas. Una vez atrapados, los países endeudados tienen que cumplir con el pago
de su deuda financiera a expensas de su propia economía, desviando recursos de
otras áreas, por ejemplo de programas sociales y ambientales.
Las IFI se
relacionan de esta forma con el círculo vicioso de la deuda externa sobre el
que se construye la dependencia. Por medio de esta dependencia, las naciones
poderosas pueden imponer sus condiciones, imponiendo las políticas que deben
seguir los gobiernos si quieren recibir los préstamos.
Entre las
medidas que incluye la receta de políticas de las IFI están los programas de
ajuste estructural (PAE) para recuperar la estabilidad macroeconómica en el
corto plazo. Los PAE conllevan un paquete de políticas económicas diseñado para
solucionar los desequilibrios de los países en el comercio mejorando su balanza
de pagos, a través del incremento de las exportaciones y la reducción de las
importaciones. Por lo tanto, los países del sur se han embarcado en la
extracción intensiva de recursos naturales y en actividades de monocultivo
orientadas a la exportación (los llamados productos básicos o
"commodities"), también para generar las divisas necesarias para
pagar la deuda externa. Otras políticas adicionales han forzado a los países a
abrir sus economías nacionales a las compañías transnacionales que invierten en
la explotación de los recursos naturales de los países.
Esas políticas y
las inversiones de las IFI han implicado muy a menudo consecuencias ambientales
y sociales negativas, porque ejercen una presión creciente e indiscriminada
sobre la naturaleza. Proyectos de combustibles fósiles (como el gasoducto
Bolivia-Brasil o el Proyecto de gas de Camisea en Perú), proyectos de explotación
minera (como la mina Ok Tedi y la mina Lihir en Papua Nueva Guinea), represas
(la represa Nam Theun 2 en Laos), el cultivo de camarones (como el proyecto que
financian el BM y la CFI en Bangladesh, el Proyecto de servicios de apoyo a la
industria pesquera en Indonesia, o el Proyecto de cultivo de camarones y peces
en India), carreteras y plantaciones industriales (eucalipto, palma aceitera,
teca, árboles de caucho, soja), por todas partes destruyen el medio ambiente y
las formas de sustento locales y regionales y llevan a la deforestación y la
destrucción de otras áreas biológicamente ricas.
Muy lejos de
cualquier idea de "asistencia", los países del norte buscan las
mejores oportunidades comerciales en todos los terrenos, incluyendo el del
"desarrollo". Las experiencias a lo largo de los años muestran además
-como en los casos de Camboya, Timor Oriental, Afganistán e Irak- que la etapa
de reconstrucción posterior a los conflictos, guerras y desastres ha sido otro
campo de operaciones para las IFI, cuyos programas de reconstrucción no
contribuyen de manera significativa a la reconstrucción o la rehabilitación de
la vida de los pueblos y comunidades afectados. Los gobiernos que no cumplen
con sus recetas y condiciones, entran en la lista negra, es decir no reciben
más inversiones ni transferencias de tecnología y a menudo ven bloqueados sus
créditos para la exportación e importación.
A fin de
demostrar lo rentable que son las inversiones en las IFI para los países
industrializados, dejemos que el gobierno de EE.UU. hable por sí mismo (¡nos ha
evitado la tarea de intentar descifrar su mensaje!): "La participación de
EE.UU. en los bancos de desarrollo suministra un apoyo financiero esencial para
el trabajo de las agencias de promoción de las exportaciones de EE.UU. (...)
Los programas de ajuste estructural y de préstamos sectoriales de los bancos de
desarrollo han sido extremadamente importantes en la promoción de sistemas de
comercio más abiertos. En América Latina y el Caribe, este tipo de préstamos, junto
con los programas de ajuste del Fondo Monetario Internacional, ha dado como
resultado la reforma de políticas económicas fundamentales en algunos de los
países más grandes. (...) Como consecuencia, estos países se están convirtiendo
en mercados de exportación más grandes e importantes para EE.UU. y otros países
industriales. (...) El importante papel de los BMD (bancos multilaterales para
el desarrollo) en la economía internacional y los beneficios económicos que
brindan a EE.UU. no son bien conocidos. (...) Desde la fundación del Banco
Mundial en 1945, hemos sido su miembro contribuyente más grande e influyente.
También hemos sido su mayor beneficiario en término de los contratos otorgados
a empresas de EE.UU. para ayudar a los países prestatarios a ejecutar proyectos
financiados a través de los bancos. Los antecedentes de EE.UU. en materia de
contrataciones logradas en licitaciones a través de los bancos de desarrollo
reflejan el enorme interés económico que tenemos como nación en la promoción
del crecimiento económico sostenido de la economía internacional. La acción
económica se desarrolla cada vez más en este terreno. Para que las cosas
funcionen bien en casa, tenemos que efectuar acciones en el exterior." ("The
Multilateral Development Banks: Increasing U.S. Exports and Creating U.S.
Jobs"- Bancos multilaterales de desarrollo: cómo hacer crecer las
exportaciones estadounidenses y crear empleo en EE.UU.", informe del
Departamento del Tesoro de los Estados Unidos de América, mayo de 1994).
Las IFI facilitan
hoy la fuga de recursos del sur al norte, cuyos orígenes se remontan a la época
colonial, cuando las potencias se apoderaron de la riqueza de sus colonias para
construir el "desarrollo" del norte. La pérdida masiva de capital de
los países pobres en favor de los países ricos del norte fue calculada en US$
50 mil millones sólo para 1985. En 1990 hubo una transferencia neta de US$ 156
mil millones del "Tercer mundo" hacia el norte. Sólo de África, el
flujo de fondos hacia el FMI y el BM entre 1986 y 1990 fue de US$ 4,7 mil
millones, mientras que en América Latina, entre 1990 y 1998 se transfirieron
más de US$ 700 mil millones sólo por concepto de pagos a bancos y
multinacionales de EE.UU. y Europa. En otras palabras, como consecuencia del
otorgamiento de préstamos y del requisito de repago con intereses se está
produciendo un flujo inverso de recursos desde el sur hacia el norte a una
escala sin precedentes.
Esto tiene lugar
en el marco de un sistema de comercio injusto controlado por los países más
importantes a través de la Organización Mundial del Comercio, los acuerdos de
"libre comercio", un conjunto de mecanismos comerciales y la
inversión extranjera directa canalizada a través de las IFI.
En las raíces de
todo este proceso está el modelo de producción excesiva, consumo excesivo y
desperdicio excesivo de las sociedades industrializadas del norte, a donde se
dirige la mayor parte de la producción del sur. El norte puede mantener su
estilo de vida gracias a la apropiación de recursos y de mano de obra barata de
los países del sur y a su destrucción ambiental, que incluye la deforestación.
Sin embargo, la
resistencia se expresa de varias formas, desde las luchas locales a las
campañas mundiales y las nuevas perspectivas que aportan a la construcción de otros
mundos posibles que desafíen el modelo globalizador dominante.
Una de esas
expresiones es el concepto de deuda ecológica. Se basa en la idea de que existe
una deuda histórica acumulada, social, ambiental y cultural del norte con el
sur, originada en el saqueo colonialista impune que taló los bosques para
extraer minerales y plantar cultivos comerciales, se apropió de los
conocimientos ancestrales, esclavizó a los pueblos del sur y produjo daños
ambientales y sociales irreparables.
Al cambiar la
perspectiva desde la cual se enfrenta la deuda que ha esclavizado a los países
del sur, la deuda ecológica convierte a los países del norte en deudores de los
países del sur, porque es tan inmensa e histórica que ha hecho insignificantes
las deudas financieras que los países del sur tienen con las IFI. El sur ya ha
pagado con creces su deuda.
No obstante, la
desproporción destruye el concepto de compensación. ¿Cuál es el precio de casos de daño a la salud o muerte,
destrucción de culturas o del ambiente? ¿Pueden ser compensados con dinero en
efectivo? Varias comunidades indígenas, como los U'WA en Colombia, han
rechazado la compensación económica de la compañía Occidental Petroleum para
que dejen su región porque para ellos no tiene precio, es su madre tierra.
La deuda
ecológica no intenta convertir la naturaleza en mercancía sino oponerse como
concepto a la deuda externa, que es recusada por ilegítima, inhumana e inmoral.
Crece cada día
la conciencia sobre el papel que juegan las IFI en el mantenimiento de un orden
internacional injusto que afecta negativamente al medio ambiente y a los
pueblos. Con este boletín nos unimos a las distintas organizaciones del norte y
del sur que monitorean y ponen al descubierto las actividades de las IFI para
contribuir a la justicia social y ambiental.
Artículo basado
en información obtenida de: "IMF and World Bank: Instruments of
Globalisation", Alternative Information & Development Centre (AIDC),
http://www.aidc.org.za/?q=book/view/119; "Deuda ecológica y derechos
económicos, sociales y
culturales", Joan Martínez-Alier,
http://www.deudaecologica.org/a_alier02es.html
; Ecological debt: the desecration of life, Aurora
Donoso, Acción Ecológica, http://www.accionecologica.org/descargas/alertas/deuda/pasivos%20en%20la%20mineria.doc;
"Options for democratising the
World Bank and the IMF", Paul Ladd, http://www.sarpn.org.za/documents/d0000527/page3.php#footnote;
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