¡NO SOMOS DEUDORES! ¡SOMOS ACREEDORES DE UNA DEUDA HISTÓRICA, SOCIAL Y ECOLÓGICA!
DEUDA EXTERNA...DEUDA ECOLOGICA...DEUDA ODIOSA
miércoles, 01 de marzo de 2006
Por Aurora Donoso
ACCION ECOLÓGICA
Ecuador
“Deuda odiosa es aquella contratada contra los intereses de la población de un Estado, sin consentimiento y con el total conocimiento del acreedor”.
En este artículo demostraremos que la deuda externa que ha generado deudas sociales y ecológicas son deudas ilegítimas. Más aún, que por las características de sus contrataciones, los condicionamientos y la orientación de los mismos, así como por sus graves impactos, son deudas odiosas.
CREDITOS CONDICIONADOS
La deuda externa actual del Ecuador nace de la mano de la explotación petrolera. Efectivamente con el boom petrolero de los años 70 se inicia una nueva etapa de endeudamiento externo.
Según el Econ. Alberto Acosta, en este período de 1971 a 1981, la deuda externa en el Ecuador creció casi 22: de 260,8 millones de dólares a 5.869,8 millones.
El petróleo se constituyó en la garantía de los préstamos. Sin embargo en los años 80 en que se dio la crisis de la deuda, pues los intereses fueron unilateralmente aumentados por los acreedores, la deuda externa se constituyó en el arma principal de las instituciones financieras internacionales para mantener flujo de recursos naturales y financieros del Sur al Norte. Para imponer a los países del Sur las políticas neoliberales convenientes a los intereses del Norte. Para condicionar los créditos a sus intereses financieros y comerciales.
Desde los años 80, a través de las Cartas de Intención con el FMI, y de los programas de Estrategia de Asistencia al País (CAS) del Banco Mundial, requisitos previos para acceder a nuevos créditos, las instituciones financieras internacionales impulsan un nuevo boom petrolero en el Ecuador. El FMI promueve mayor explotación petrolera para garantizar excedentes con los cuales pagar los intereses de la deuda externa. Proyectos como el OCP en el Ecuador – Oleoductos de Crudos Pesados, un nuevo oleoducto que busca duplicar la explotación petrolera en territorios indígenas y áreas protegidas, en Amazonía Ecuatoriana, consta en la Carta de Intención con el FMI. El 70% de los recursos que ingresen del OCP se destinarán a reducir la deuda externa.
¿QUÉ ES LA DEUDA ECOLÓGICA?
Son los impactos sociales y ambientales generados principalmente en los países el Sur, por la explotación intensiva de recursos naturales como petróleo, gas, carbón y minería, para sostener formas de producción y consumo en los países industrializados del Norte.
Son los daños sociales y ambientales causados por la imposición del Paquete Verde para monocultivos de exportación que ponen en riesgo la soberanía alimentaria y cultural de las comunidades y pueblos del Sur.
Es la apropiación intelectual y el usufructo de los conocimientos ancestrales relacionados con las semillas, el uso de plantas medicinales y otros conocimientos
Sobre los que se sustenta la biotecnología y la agroindustria moderna.
Es la contaminación de la atmósfera por parte de los países industrializados por sus desproporcionadas emisiones de gases, principal causa del efecto invernadero y del deterioro de la capa de ozono.
Es la responsabilidad de los países industrializados por la producción de armas químicas, biológicas y nucleares y de substancias y residuos tóxicos que son depositados en los países del Sur.
DEUDA EXTERNA Y DEUDA ECOLOGICA
La explotación petrolera es un buen ejemplo de la relación deuda externa, deuda ecológica.
Mencionamos ya que para pagar la deuda externa el FMI y sus instituciones presionan a los países del Sur a aumentar la explotación de sus recursos naturales. Con este fin la Banca Internacional provee además créditos a nuestros países para construir infraestructura que facilite la explotación de estos recursos.
Es internacionalmente reconocidos los graves impactos sociales y ambientales de la industria petrolera y minera en el mundo. Impactos a nivel local como global.
Ejemplos de deuda ecológica por explotación petrolera la tenemos en Asia, Africa y América Latina. Países como Brimania, Tailandia, Chad, Sudán, Nigeria, Colombia y Ecuador han sido gravemente afectados por las corporaciones petroleras transnacionales como la Shell, Chevron/Texaco, Exxon Mobil, Total/Fina/Elf, AGIP, British Petroleum, Unocal, Occidental y muchas otras. Compañìas que han destruido y contaminado la naturaleza y afectado a las culturas, especialmente de los pueblos indígenas, negros, campesinos y pescadores. Pueblos como Kofan, Secoya, Huaorani en Ecuador, Mapuche en Chile, Guahibos y Araucas en Colombia, Uchaur, Urarina, Yora en Perú, Sakai y Aceh en Indonesia, Karen en Birmania, Ogoni en Nigeria, Bakola en Camerún, pueblos campesinos en Chad, minorías étnicas en Sudán, todos los pueblos del Delta del Níger y muchos otros.
Basta ver la deuda ecológica de Texaco en el Ecuador, para entender los gravísimos impactos de la explotación petrolera en el país, la misma que ha acelerado incluso la desaparición de pueblos indígenas amazónicos, su conocimiento y su cultura. Información sobre los impactos de Texaco y otras corporaciones petroleras la puede encontrar en las hojas web de Oilwatch () de Acción Ecológica () y deuda ecológica (www.deudaecologica.org).
Otros ejemplos que demuestran la estrecha relación entre deuda externa y deuda ecológica son:
Créditos orientados a cambiar las legislaciones nacionales y facilitar la explotación minera. Por ejemplo, en 1996 el Banco Mundial destinó US$ 643 millones para proyectos mineros. Solamente en el Ecuador el Banco Mundial con el co-financiamiento de los Gobiernos de Suecia y Gran Bretaña prestaron 24 millones de dólares para impulsar la minería industrial, entre ellos la adecuación de una nueva Ley Minera para favorecer la inversión extranjera en el Ecuador.
Otros créditos orientados a cambiar las políticas agrarias, los sistemas tradicionales de producción agrícola y masificar el uso del Paquete Verde y toda la tecnología agroindustrial, además de promover la agroexportaciòn. Solamente en el Ecuador, entre los años 85 y 88 se contrataron más de US$600 millones en créditos del BM y el BID con este propósito. Créditos que beneficiaron a las corporaciones internacionales que producen plaguicidas, semillas, maquinarias, asesoría y comercializan los productos en el exterior.
Estos créditos beneficiaron a los acreedores internacionales y a las élites nacionales, generaron divisas para cumplir con los pagos de deuda pero que, sobre todo, incrementaron las deudas sociales y ecológicas. Como es el caso de las industrias camaroneras, florícolas, palma africana y los productos no tradicionales de exportación, que afectan gravemente a la salud de los trabajadores/as, y que contaminan el suelo, el aire y el agua.
DEUDA ODIOSA
Tres condiciones son necesarias para considerar que una deuda es odiosa:
Que la deuda no ha recibido el consentimiento general de una nación.
Que los fondos contratados son destinados de manera contraria a los intereses de la Nación.
Que el Acreedor prestó con conocimiento de estos factores.
A partir de los años 80, los créditos contratados por el Ecuador han respondido a los condicionamientos del FMI, a los intereses de las instituciones financieras internacionales, sus empresas y gobiernos, que como hemos demostrado, han contribuido a incrementar la pobreza y el deterioro ambiental, local y global.
El sólo hecho de responder a condicionamientos de este tipo ya los hace ilegítimos. Más aún, si tomamos en cuenta los daños sociales, ambientales y culturales causados, ahora evidentes, no solo debemos declararlos ilegítimos, odiosos, sino exigir restitución.
Es evidente que los créditos contratados no han contado con el consentimiento general de la nación sino que ha respondido a las presiones y condicionamientos de las instituciones financieras internacionales, con pleno conocimiento de ellas, es decir, de los acreedores.
En relación a que los fondos contratados son destinados de manera contraria a los intereses de la Nación., el asunto es aún más perverso, pues los créditos han sido orientados para beneficiar a los acreedores y sus intereses vinculados, a costa del empobrecimiento de nuestros pueblos y el saqueo de nuestra tierra.
Basta ver los indicadores de migración y pobreza para constatar que los fondos contratados han sido contrarios a los intereses de la nación, a pesar de que en sus postulados nunca se olvidan de incluir frases como “desarrollo”, “desarrollo sustentable” “alivio a la pobreza” “ayuda al desarrollo” “proteger a los pobres”.
Según Eric Toussaint, cada año los países del Tercer Mundo pagan 240.000 millones de dólares por intereses de deuda externa. Solamente el Ecuador destina 2.200 millones de dólares al año para pago de intereses de deuda externa.
Según la OIT, más de 120 millones de inmigrantes se desplazaron desde América Latina, África y Asia hacia los países del Norte en la década de los 90. Y esta tendencia va en aumento. Solamente de mayo al julio del 2003 han emigrado más de 300.000 ecuatorianos y ecuatorianas, hacia EEUU y Europa, principalmente España e Italia.
Los niveles de pobreza en el Ecuador que en 1995 era del 56% cifra ya excesiva, hoy ha llegado al 79% de la población siendo la población rural la más afectada.
Otros indicadores de que éstos créditos no han beneficiado al país ni a su población son los gravísimos impactos ambientales de las actividades de explotación intensiva de los recursos naturales, como la explotación petrolera, minera, maderera, de gas y carbón, como son la deforestación, pérdida de biodiversidad, contaminación de los ríos y la tierra, destrucción de pueblos y culturas.
Los daños en la salud y en el ambiente de los monocultivos de exportación, y el uso del Paquete Verde y su tecnología, como es el caso de la industria camaronera, florícola, palma africana, plantaciones forestales etc.
Créditos que han promovido la concentración de tierras con el consecuente desplazamiento, explotación y empobrecimiento principalmente de pueblos indígenas y comunidades campesinas y negras.
Créditos que generan pobreza, y los resultados están a la vista.
Créditos que buscan principalmente sostener el flujo de recursos financieros, recursos naturales y mano de obra barata del Sur al Norte, para continuar con patrones de producción, consumo y producción de desechos, que ponen en riesgo la sobreviviencia de las poblaciones locales, de sus culturas, de la diversidad y del planeta en general.
No queda duda de que la deuda externa que genera deuda ecológica es deuda odiosa!