¡NO SOMOS DEUDORES! ¡SOMOS ACREEDORES DE UNA DEUDA HISTÓRICA, SOCIAL Y ECOLÓGICA!
DEUDA EXTERNA E IFIS
Para cumplir con las
obligaciones y los intereses de la deuda externa, los países del Tercer Mundo
se ven presionados a exportar más y más recursos, generándose más deuda
ecológica.
El volumen de exportaciones
de América Latina han aumentado en quince años, desde 1980 hasta 1995 en un
245% . Desde 1985 y 1996, en doce años,
se habrían extraído y enviado al exterior 2.706 millones de toneladas de
productos básicos, la mayoría de ellos no renovables. No se ha calculado aún
cuánto material se transforma, destruye o mueve para lograr estas
exportaciones, ni cuánta población ha sido afectada o desplazada.Como ejemplo podemos citar
que mientras que desde 1982 hasta 1996, en catorce años, América Latina ha
reembolsado 739.900 millones de dólares, es decir más del doble de lo que debía
en 1982 que era 300.000 millones de dólares y sin embargo la deuda no ha
disminuido sino que ha aumentado a 607.230 millones de dólares, debido a una
clara especulación en los mercados financieros.
El volumen de exportaciones
de América Latina ha aumentado desde 1980 hasta 1995 en un 245%. Entre 1985 y 1996 se habrían extraído y
enviado al exterior 2.706 millones de toneladas de productos básicos, la
mayoría de ellos no renovables. El 88%
corresponde a minerales y petróleo. Haciendo una proyección hacia el año 2016
él calcula que el total de exportaciones de bienes naturales de América Latina
al Norte serán de 11.000 millones de toneladas.
Podemos imaginar los impactos sociales y ambientales que esta extracción
de bienes naturales generará.
CONTRA
LA DEUDA Y LAS INSTITUCIONES FINANCIERAS INTERNACIONALES
Octubre
8 al 16, 2011
El
sistema de la deuda continúa haciendo estragos en la vida de las
personas alrededor del mundo. Los pueblos del Sur confrontan a diario
con los impactos y las consecuencias del endeudamiento financiero de
sus países que, lejos de aliviarse, aumentan con la crisis y la
búsqueda de ganancias extraordinarias de parte de los capitales más
concentrados. Además, continúan con la carga de una deuda
histórica, social, ecológica y climática impaga, que al ritmo de
las falsas soluciones, también sigue incrementando.
A lo largo de la historia del
capitalismo las crisis se han sucedido una y otra vez. Su explicación
radica en la inestabilidad propia de este sistema, Su evolución -atada
a las demandas de reproducción y acumulación del capital- es cÃclica,
con sus fases de auge y de posterior declinación. Esto nos obliga a
superar las lecturas superficiales concentradas en las efervescencias
financieras. Esas burbujas, en realidad, ocultan, al menos por un
tiempo, los problemas estructurales del proceso de acumulación. Y no
sólo eso, estas fases de predominio especulativo sirven para garantizar
elevados niveles de acumulación del capital cuando el aparato
productivo ha entrado en una fase declinante de sus tasas de ganancia,
nos recuerda Jürgen Schuldt.
Simultáneamente debemos tener
siempre presente que la factura de estas crisis se traslada, en un
elevado porcentaje, a los sectores medios y pobres del mundo
desarrollado, pero sobre todo a las economÃas empobrecidas por el
sistema.
En sÃntesis, no se puede reducir
la atención a los temas coyunturales. El mundo debe contar con una
estrategia que permita sentar las bases estructurales para el cambio,
aprovechándose inclusive de las actuales dificultades coyunturales y
por cierto de las debilidades relativas de los centros de poder
mundial. Este cambio no surgirá si se espera simplemente que los paÃses
desarrollados resuelvan sus problemas, olvidando el carácter
interdependiente y desigual de la economÃa internacional.
Esto implica tener en mente un cambio
de era. Habrá que superar la postmodernidad, en tanto era del
desencanto. Habrá que superar la idea del progreso entendida como la
permanente acumulación de bienes materiales, tecnológicos y de
conocimiento al tiempo que se rescatan las utopÃas. Esto implicarÃa
fortalecer los valores básicos de la democracia: libertad, igualdad,
equidad y ciudadanÃa. ¿Será
posible que a partir de la actual crisis se procese una nueva
organización civilizatoria para hacer realidad dichas transformaciones,
que permitan reconstruir -potenciando lo local- otro tipo de Estados
nacionales, renovados espacios regionales, para desde allà construir
democráticamente espacios globales democráticos? Esto implicará la
construcción de una nueva forma de vida más responsable con los seres
humanos y, en consecuencia, con la Naturaleza.[4]
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Las ideas que se exponen es
estas páginas buscan simplemente abrir la puerta al debate.
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De la gran discusión mediática a una
propuesta polÃtica
El punto medular de esta
propuesta radica en diseñar y aplicar una solución con un enfoque
integral. Parches o simples mejoras a las normas e instituciones
existentes apenas postergarÃan el aparecimiento de nuevas situaciones
crÃticas. Para lograr dicha globalidad se debe incorporar a todas las
categorÃas de actores. No es suficiente (¡ni tolerable!) que sólo
intervengan los paÃses más ricos: G-7, G-8, G-20, menos aún las
instituciones financieras internacionales.
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En este punto, reconociendo que la crisis internacional tiene su
origen en los paÃses centrales, habrÃa que tener presente las medidas
asumidas por los paÃses más poderosos, en el seno del G-20, para
“ayudar a los paÃses a amortiguar el impacto de la crisis financiera en
la actividad real y a limitar las repercusiones en la pobreza, sobre
todo en las economÃas en desarrollo†(Global Financial Stability
Report, abril 2009).
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La reunión del G-20 en Londres,
a inicios de abril del 2009, supuso no sólo otro intento más por dar
respuestas a la desbordante crisis. Más allá de las fotos y las serias
sonrisas de los lÃderes del grupo de paÃses que componen el G-20, se
tomaron algunas decisiones que deben ser necesariamente analizadas por
sus implicaciones en muchos paÃses del mundo.
Concretamente, los gobiernos de
los paÃses más ricos aceptaron poner en marcha planes de estimulo
fiscal por montos enormes en sus economÃas. Existe alguna diferencia
sustantiva entre las medidas del Consenso de Washington y el Consenso
de Londres, formulado a partir de la reunión del G-20. Antes, al menos
en el ámbito fiscal, se intentaba predicar con el ejemplo, ahora no.
Evolucionamos a un escenario capitalista aún más hipócrita. Una vez
comprobado que las medidas de antaño no funcionaron, ahora se permite
que los paÃses ricos (centro neurálgico de la crisis) ya puedan
emprender otras polÃticas, pero los paÃses de la periferia deben seguir
funcionando con la misma lógica ya fallida.
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Otra medida tomada fue la
intención de destrabar la Ronda de Doha y reflotar la Organización
Mundial del Comercio (OMC) para tratar de evitar que el comercio
mundial siga cayendo y frenar el proteccionismo creciente. No obstante,
en la práctica, son muchas las medidas que van en sentido contrario en
Estados Unidos y en Europa, particularmente.
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La esperada reforma del FMI no
se produjo. El FMI salió reforzado en sus vigentes medios de decisión,
continuando con el mismo sistema de votación: Europa continuará
detentando el 32% de los votos y los Estados Unidos el 16,8%. No habrá
nueva configuración del poder mundial. No habrá mayor peso de China,
India y Brasil en la toma de decisiones. Todo fue postergado hasta la
primavera del 2011.
No hay que esperar el concurso de los
actuales organismos internacionales, particularmente Banco Mundial, FMI
y BID. Ellos son corresponsables directos de la crisis, sea por acción
o por omisión.
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Cambiar las actuales estructuras
de poder puede tener muchos caminos. Quizás son necesarios liderazgos
colectivos -“ilustrados†y “humanistasâ€- para abrir la puerta a una
etapa, que aborde la construcción de una nueva sociedad. Es decir, se
requiere una batalla con las instituciones como mecanismos, pero en lo
profundo es una guerra de ideas y de ideales.
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En definitiva, hay que crear las
condiciones para que los gobiernos de todos los paÃses, con el concurso
de su propia sociedad civil, sean sujetos en la construcción de un
nuevo sistema financiero internacional. No debe quedar ningún actor
fuera del proceso. Los organismos multilaterales, repensados
Ãntegramente, deberán cumplir la tarea que les asigne la comunidad
internacional.
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En este punto debe quedar
absolutamente claro que no se trata de construir una nueva arquitectura
financiera internacional tecnocrática. El punto de partida es
replantearse integralmente la lógica económica. El ser humano, como
parte integrante de la Naturaleza, y por cierto la Naturaleza misma,
deben estar por sobre la lógica de acumulación de capital. La lógica
polÃtica debe primar sobre las demandas del mercado, los gobiernos
democráticos sobre las empresas transnacionales. Y la concepción de
esta estrategia de cambio debe basarse en los Derechos Humanos
-polÃticos, económicos, sociales y culturales-, asà como en los
Derechos de la Naturaleza.
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La pregunta de fondo es cómo
hacer realidad los cambios indispensables; es decir cómo cristalizar
las nuevas instituciones y regulaciones globales, inspiradas en una
renovada lógica económica, sabiendo que los grupos de poder mundial no
están dispuestos a ceder sus privilegios. Hasta poder cristalizar
propuestas globales sólidas y duraderas, hay que trabajar en la
construcción de organismos regionales que sean la base de la nueva
institucionalidad mundial. Los paÃses vecinos, que tienen mayores
afinidades entre sÃ, asociándose entre ellos, pueden conseguir sus
propósitos y regular sus relaciones productivas, financieras,
comerciales, laborales, migratorias, ambientales, tecnológicas y por
cierto polÃticas.Â
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A nivel internacional cada uno de
estos espacios regionales tendrá que interrelacionarse en un sistema de
nodos, procurando minimizar el peso de una instancia única mundial
dominada por pocas naciones. El resultado serÃa provocar una
fragmentación del poder mundial concentrado, al tiempo
que el mundo se deconstruye. Asà se neutralizarÃa, al menos en parte,
el exceso de poder de unos pocos paÃses sobre el resto.[8]Â
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Hacia la constitución
de un Código Financiero Internacional
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El mundo requiere un marco
jurÃdico regulador del sistema financiero: un Código Financiero
Internacional acordado por todos y al que se acojan todos los actores
sin excepciones. Esta solución tiene que ser internacionalmente pactada
para ser reconocida. Además, deben establecerse condiciones positivas
para frenar o al menos aminorar los impactos negativos que se
desprenden de la evolución cÃclica del sistema capitalista.
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Este Código, que aparece
asociado a una resolución equilibrada de diferencias, debe abrir la
puerta a un sistema que funcione como la suma de mecanismos reguladores
de todas las transacciones financieras. Habrá que garantizar
transparencia en todas las operaciones, asà como un esquema de
información igual de transparente y abierto para la calificación de
riesgos crediticios, al margen de los que han monopolizado ese
subsector.
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La piedra angular de esta propuesta
global radica en la construcción de este Código (que
podrÃa empezar a configurarse con una serie de códigos regionales).
Este, a su vez, deberÃa garantizar que la neutralidad no sea del
territorio en referencia de un paÃs determinado, por más influyente y
neutral que fuese, ni dónde se establece el tribunal, sino del código
jurÃdico. Los códigos jurÃdicos existentes hasta la fecha corresponden
a la territorialidad de los acreedores por el tema de la ejecución de
garantÃas, por ejemplo. La neutralidad del código debe asegurar la
protección de todos los actores.
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Lo que se propone, para evitar la
figura de “tomar partidoâ€, es que la jurisprudencia de un actor no sea
la que se imponga sino una jurisprudencia internacional. [9]
Por igual, es cada vez más urgente la
desaparición inmediata de todos los paraÃsos fiscales[10], en donde se concentran muchas veces
los capitales golondrina que alientan la especulación financiera
internacional e, incluso, los recursos mal habidos productos de la
corrupción. Es dinero de la corrupción, en sentido estricto,
bien por venir de negocios ilÃcitos, o bien por la voluntad inequÃvoca
de no pagar impuestos, yendo en contra de la redistribución y la
justicia social. En la misma
senda de acciones habrá que resolver los retos que se derivan del
narcotráfico, reconocida fuente de acumulación de capitales
especulativos (Un adecuado control y despenalización del consumo de las
drogas no pueden ser desechado).
Un corolario de este proceso en
ciernes es que el derecho penal internacional debe de incorporar -en un
ejercicio continuado de globalización del derecho[11]- cláusulas de penalización a la corrupción de
carácter internacional con castigos severos para todas las partes
involucradas. Estableciendo, además, mecanismos de compensación para
aquellos actores que han sido dolosamente perjudicados o estafados. En
suma, se precisa construir una situación global de derecho.
Debe quedar claro que no se trata de
construir un nuevo Bretton Woods; aquel sistema que nació a mediados
del siglo pasado y que propulsó al dólar como moneda mundial. Tampoco
está en la mira simplemente la construcción un organismo internacional
de supervisión financiera internacional, tal como lo propone la
canciller alemana Angela Merkel, apoyada por Joseph Stiglitz, Premio
Nobel de EconomÃa.
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Para erradicar gran parte de los problemas
financieros y monetarios existentes, el mundo debe liberarse de las
ataduras del dólar. Un solo paÃs, por más fuerte que sea, no puede ser
más el regulador de los principales flujos financieros gracias al
monopolio de la emisión monetaria.
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Si se mantiene la primacÃa monetaria de un
paÃs, por más poderoso que sea, no se conseguirá sentar las bases para
soluciones duraderas. AsÃ, dentro de una canasta de monedas, en ningún
caso es conveniente que exista una moneda de un paÃs que resulte
dominante, pues eso mantendrá las estructuras inequitativas y las
tendencias de volatilidad e inestabilidad asociadas a la desigualdad.
Este punto es crucial. Si no se resuelve este reto, los problemas
económicos mundiales se mantendrán latentes. Y seguiremos atrapados por
estructuras polÃticas desiguales y concentradoras.
Parte del problema radica en la ausencia de
controles democráticos sobre los organismos multilaterales. Los
organismos financieros internacionales aparecen como inimputables. Se
encuentran por encima de todas las leyes y de todos los controles. Es
más, imponen cláusulas cruzadas, actuando de manera colusoria en forma
perversa y hasta dolosa. Todo esto es inaceptable en un mundo más
integrado donde se propone la democracia como el sistema de gobierno.
Por lo tanto, debe quedar claro que no sólo se requieren cada vez
mayores volúmenes de recursos financieros para trasladarlos a los
paÃses empobrecidos. De lo que se trata es de organizar otra economÃa,
no simplemente de cambiar las reglas de juego.
Incluso
deben diseñarse y constituirse mecanismos internacionales e instancias
de sanción a los organismos internacionales y sus funcionarios. Esto
moderará la actitud irresponsable que actualmente tienen estas
instituciones frente a los problemas de las economÃas con las que
trabajan. La impunidad ha sido la regla…
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A nivel regional, desde donde en realidad se
deberÃa disputar el sentido histórico de los cambios globales, las
propuestas afloran con creciente intensidad. Desde estos espacios
regionales se podrÃa empezar, entonces, a conformar la nueva
institucionalidad mundial.
La misma experiencia de la Unión Europea, con
todas sus limitaciones, ofrece una multiplicidad de lecciones para la
construcción de espacios regionales sobre los que deberÃa sustentarse
el nuevo sistema financiero mundial.
Las causales de
cesación de pagos deben quedar establecidas de forma que los casos de
fuerza mayor sean tratados de un modo distinto que los casos de mala
administración. En el comercio internacional existen cláusulas de
salvaguardia en caso de incumplimiento que se ventilan en el Tribunal
Internacional de Arbitraje por la Cámara Internacional de Comercio de
ParÃs cuando se entra en disputa. Estas cláusulas tienen un criterio
de fuerza mayor para los incumplimientos de contratos de entrega de
bienes. No existe nada análogo para el sistema financiero
internacional. Hay que establecer en el Código este tipo de
situaciones. Y por cierto, habrá que pensar en cláusulas de acción
colectiva, que son aquellas por las que si una mayorÃa calificada de
acreedores bonistas está dispuesta a sentarse a negociar un acuerdo de
refinanciación, entonces la participación de todos los bonistas estarÃa
representado. Hay que cerrar definitivamente la puerta a los
especuladores.
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  Por otro lado,
cualquier arreglo no debe afectar las inversiones sociales y la
capacidad de recuperación del aparato productivo. De ninguna manera se
puede hipotecar el diseño y ejecución de las polÃticas económicas
nacionales como consecuencia de los esquemas de renegociación de deuda.
Asà mismo, las rebajas en los saldos de la deuda deben ser directamente
proporcionales a las restricciones comerciales de los acreedores. Es
decir, a más barreras arancelarias en los paÃses acreedores, más
desendeudamiento de su parte.
Las finanzas deben estar al servicio
del aparato productivo, de un comercio mundial justo y sustentable, asÃ
como de las demandas sociales de los pueblos de la tierra. Es
necesario desmontar la generación de riqueza financiera, sobre todo
especulativa. Se busca recuperar el aparato
productivo y de servicios, en el marco de un nuevo estilo de vida
sustentable, inspirado en el Buen Vivir.
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Por cierto, en un esfuerzo de glocalización de
una estrategia de este tipo, serán necesarias medidas en todos los
ámbitos, sin descuidar el ámbito nacional, destinadas a viabilizar este
cambio estructural. Es indispensable una transformación profunda del
sistema bancario y del sistema bursátil en cada uno de los paÃses. Los
bancos deben ser bancos y nada más que bancos, por lo tanto, no
deberÃan intervenir en actividades bursátiles. Por otro lado, se debe
limitar los instrumentos financieros del mercado de capitales que dan
espacio a la especulación y a las propias prácticas bursátiles que
incentivan el juego financiero de búsqueda de ganancias en el corto
plazo. Por igual se requiere profundas reformas tributarias, sobre
bases de equidad y profunda transparencia (inclusive con criterios
ecológicos), rescatando la justicia tributaria en su máxima expresión.
En este punto cobra fuerza la
propuesta del presidente boliviano, Evo Morales:
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“Necesitamos una
Organización Mundial de Medio Ambiente y del Cambio Climático, a la
cual se subordinen organizaciones comerciales y financieras
multilaterales, para promover un modelo distinto de desarrollo,
amigable con la Naturaleza y que resuelva los graves problemas de la
pobreza. Esta organización tiene que contar con mecanismos efectivos de
implantación de programas, verificación y sanción, para garantizar el
cumplimiento de los acuerdos presentes y futuros... La humanidad es
capaz de salvar el planeta si recupera los principios de solidaridad,
complementariedad y armonÃa con la Naturaleza, en contraposición al
imperio de la competición, del lucro y del consumismo de los recursos
naturalesâ€.
En paralelo habrÃa que dar paso
al fortalecimiento de la Corte Penal Internacional,
para perseguir y sancionar todo tipo de delitos económicos y
financieros internacionales, incluyendo los ambientales.
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Construir sistemas de indicadores de
riesgo propios, alejados de los perversos Ãndices de riesgo-paÃs, es
otra de las tareas a asumir. Sobre esto cuando ya hay varias
experiencias que merecer ser fortalecidas y replicadas, por el ejemplo
el “Ãndice de riesgo-paÃs alternativo†del Centro Latino Americano de
EcologÃa Social (CLAES), Uruguay. Estos nuevos indicadores constituyen
una gran oportunidad no sólo para denunciar las limitaciones y
falacias de los sistemas de “riesgo-paÃs†dominantes, que recrean
permanentemente nuevas incertidumbres, sino que, al discutir
metodologÃas para calcular de otra manera y con renovados contenidos
otros Ãndices de “riesgo-paÃsâ€, se avanza en el diseño de nuevas
herramientas para intentar medir cuán lejos o cuán cerca estamos de la
construcción democrática de sociedades democráticas y sustentables.[23] Esto es, en sÃ, una
demostración palpable de como la crÃtica puede dar un salto cualitativo
al abrir la puerta al diseño de propuestas viables y renovadoras.
-Â Â Â Â Â Â Â Â Â
Acosta, Alberto;
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Acosta, Alberto y FalconÃ, Fander (editores); Asedios a lo imposible –
Propuestas económicas en construcción, ILDIS-FES y FLACSO, Quito, 2005.
(Nota: sobre este tema hay varias publicaciones de los autores).
Economista. Profesor e
investigador de la FLACSO. Consultor internacional. Ex-ministro de
EnergÃa y Minas. Ex-presidente de la Asamblea Constituyente.
A más de
impulsar otra filosofÃa en la relación con la Naturaleza, es preciso
privilegiar el valor de uso sobre el valor de cambio. La
mercantilización de todas las relaciones económicas es una aberración,
mucho más si se trata de las relaciones sociales. En esta lÃnea de reflexión,
transformando a la crisis en una oportunidad de cambio, en un proceso
de democracia continuada, habrá que rescatar lo público y la
multiculturalidad.
Una posibilidad cada
vez más distante, en la medida que se conoce cada vez más sobre la
magnitud de la crisis en las economÃas de los paÃses centrales,
particularmente.
Es necesario avanzar en un verdadero sistema democrático
de toma de decisiones, donde todos los paÃses independientemente de sus
reservas monetarias y sus aportes económicos a las instituciones
internacionales, tengan el mismo peso en las decisiones, un paÃs un
voto. Â
En la reunión del
G-20, en Londres, como disposición estrella, como si fuera el invento
del siglo, se sancionó discursivamente a los paraÃsos fiscales buscando
blanquearlos. Algo que ya se habÃa pedido desde hace tiempo, ahora se
presenta como una panacea para los problemas económicos mundiales. A
pesar de esa declaración, nada se dijo sobre el control trasnacional de
las finanzas.
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“La protección de las libertades, el
otorgamiento de igualdad ante la ley, y el aseguramiento de la paz
social ya no pueden ser garantizados o
comprendidos sólo como resultado del accionar de los sistemas jurÃdicos
nacionales. Menos aún, cuando en muchos casos, parte sustantiva de estos derechos no ha sido materializada en el propio
ámbito nacional.†(Alexander Schubert)
El gobernador
del Banco Central de China, Zhou Xiaochuan, ha planteado la creación de
una moneda de reserva supranacional como parte de la reforma del
sistema financiero y monetario mundial.
El SDR es un
activo (una suerte de moneda de cuenta internacional), que fue creado
por el FMI en 1969. Sólo lo usan los gobiernos y los organismos
multilaterales.
Se podrÃa recuperar alguna de las ideas de J. M.
Keynes, que estuvieron presentes en las discusiones de Bretton Woods;
por ejemplo, crear una divisa global de referencia anclada, con
estrechos márgenes, en los precios de una veintena de productos básicos
esenciales para la humanidad.
Un comentario
al margen: sorprende, por decir lo menos, la facilidad y rapidez con la
que fluyeron billones de dólares para salvar a los banqueros en los
paÃses desarrollados, sin respetar los antes tan promocionados
equilibrios macroeconómicos. Con
seguridad, con el volumen de recursos gastados en este salvataje
bancario se podÃa haber erradicado el hambre en el mundo…
Ver las reflexiones de Ricardo Moreno Simarro
y Alberto Moreno Soler, por ejemplo.
El Club de ParÃs, que carece de base jurÃdica
alguna, debe dejar de ser un instrumento de presión y chantaje de los
paÃses acreedores.
En este punto, a modo de una
sugerencia puntual, valdrÃa reflexionar sobre la pertinencia de una
suerte de moratoria de las deudas externas sin condicionalidad alguna,
al menos para los paÃses empobrecidos, tal como se instrumentó en los
años treinta del siglo pasado: la conocida como moratoria Hoover. Tras
el estallido de la crisis económica de fines de los años veinte en el
siglo XX, el presidente norteamericano Herbert Hoover, convencido por
los expertos económicos de que un factor decisivo de la crisis habÃa
sido el complejo problema de los pagos de reparaciones y deudas de
guerra, propuso posponer por el plazo inicialmente de un año (1931) el
pago de todas las deudas intergubernamentales. Por más que se amplió en
un año adicional el plazo, fue una decisión adoptada aislada y
tardÃamente, que no logró revertir la avalancha de la gran depresión.
Por favor distribuya y difunda la presente
declaración, y aliente a nuevas instituciones y personas a sumarse a
ella. Gracias.
DECLARACIÓN DE QUITO* SOBRE EL FINANCIAMIENTO PARA EL BUEN VIVIR Y LA VIGENCIA DE LOS DERECHOS DE LA NATURALEZA
La construcción de una nueva arquitectura financiera regional requiere
una incorporación decidida y profunda de la visión ambiental. Si ella
está ausente, o relegada a un papel meramente testimonial y técnico, se
reproducirán los procedimientos y problemas de las instituciones
financieras clásicas, y cuyos efectos ambientales y socioambientales
negativos han sido ampliamente documentados.
El ímpetu y compromiso con la integración regional latinoamericana y la
crisis económica
global, antes que obstáculos, brinda nuevas oportunidades para
incorporar esa dimensión ambiental que aliente una economía solidaria y
sostenible.
La incorporación de la dimensión ambiental requiere diversos
componentes, tanto en el plano de la nueva institucionalidad económica
regional como específicamente en el seno del Banco del Sur. Este banco,
por sus compromisos con el desarrollo económico, social y la
integración regional, requiere de esa nueva visión.
Un nuevo estilo de desarrollo resulta imperioso para la región. Este
debe basarse en aspectos no sólo económicos, sino especialmente
socioambientales, tanto para poder aprovechar de manera sustentable las
enormes riquezas ecológicas y culturales que albergan nuestros países,
como por las crecientes evidencias de su pérdida y deterioro.
La visión del Banco del Sur debe incorporar desde el diseño inicial de
sus políticas la justicia social y ambiental. En ese sentido, se debe
contar con un Código de Ética vinculante en temas ambientales y
socioambientales, en tanto sirve como inspiración y guía de las
actividades de la institución. Una nueva estrategia de desarrollo y una
nueva relación con la Naturaleza es una cuestión vital para avanzar en
la construcción del Buen Vivir.
El Banco del Sur debe contar con criterios y salvaguardas ambientales a
lo largo de todo el ciclo de sus proyectos, desde su concepción,
durante su ejecución y una vez finalizados. También debe generar
incentivos para consolidar otra forma de vida armónica con los ciclos
de la Naturaleza y alentar otros estilos de producción y consumo,
procesos productivos de menor impacto ambiental, uso cuidadoso de
materia y energía, y una mayor generación de trabajo dignificante. Esos
criterios, reconociendo la diversidad ecológica de la región, deben
apuntar a los más altos estándares de calidad y exigencia para asegurar
una adecuada conservación de nuestro patrimonio natural y cultural y
mejorar la calidad de vida de nuestros pueblos.
En definitiva, se deberán priorizar iniciativas que se adapten a los
ciclos, y balances de la Naturaleza, ajustarse a los ritmos propios de
reproducción en los ecosistemas, respetar las formas de vida,
salvaguardar los derechos de las poblaciones locales y los pueblos
indígenas. O sea, una perspectiva que permita transitar hacia nuevas
culturas respetuosas de la Naturaleza.
Las iniciativas que vinculen objetivos ambientales con la integración
regional merecen especial atención. Entre ellos destacamos aquellas
orientadas a fomentar un adecuado uso y manejo de las riquezas
naturales compartidas y ecosistemas en zonas de frontera. El Banco debe
ir más allá de las posturas convencionales que reducen la integración a
formas de interconexión, especialmente como ejes de vinculación física.
Un similar problema se vive en muchos emprendimientos de interconexión
energética. La integración, en la visión del Banco del Sur, debe ser
asumida como un proceso más abarcador, que no se agota en simples
reflexiones y cálculos comerciales. Debe ser una concepción de la
integración que no puede poner en riesgo la vida de la Naturaleza y de
las poblaciones locales. Esta nueva integración debe apuntar a
políticas comunes en ambiente y desarrollo para reducir la presión
sobre los ecosistemas, articular las producciones nacionales para
reducir las asimetrías dentro de la región, y resolver los problemas de
nutrición, pobreza y calidad de vida de nuestros propios pueblos,
fomentando la soberanía alimentaria.
Los mecanismos clásicos para la evaluación y selección de proyectos han
fracasado. Por eso, desde el Banco del Sur habrá que priorizar, no sólo
dentro de la entidad, sino en toda la región, el diseño, difusión y
práctica de sistemas de evaluación ajustados tanto a cada ecosistema
como a los pueblos potencialmente afectados, los que deben incorporarse
activamente en el proceso de selección, evaluación, consulta y
consentimiento. Esas prácticas no pueden quedar restringidas a las
evaluaciones económicas convencionales, sino que deben apelar a
evaluaciones multicriteriales que incorporen los aspectos ecológicos,
culturales, religiosos, etc. Las evaluaciones ambientales deberán ser
más rigurosas en sopesar estos aspectos y propuestas de acción, para no
ser apenas una justificación administrativa, ni procesos de consulta
simbólicos. Esto exige procedimientos efectivos de acceso a la
información y participación pública, que deben estar garantizados en
todo momento por el Banco del Sur.
Es necesario subrayar la importancia de la consulta y participación
activa de todas y todos, incluyendo decidídamente las nacionalidades
indígenas, campesinos y otras poblaciones locales, mujeres y otros
sectores sociales. Si bien ese objetivo es repetido con frecuencia en
muchas declaraciones oficiales, en la práctica se mantienen
limitaciones y opacidades y en muchos casos han desembocado en severos
conflictos socio-ambientales en toda la región. Por lo tanto es
necesario pasar a mecanismos e instrumentos que aseguren la información
adecuada a las comunidades y su efectiva participación en el proceso de
evaluación.
Existen muchos antecedentes del uso y aplicación de criterios y
salvaguardas ambientales en estos y otros temas en la banca del
desarrollo, tanto en los bancos multilaterales como regionales. El
futuro Banco del Sur deberá aprovechar aquellas experiencias, muy
especialmente sus errores, debilidades y limitaciones, para poder dar
un paso hacia una institución de nueva generación donde esas
condiciones ambientales y sociales efectivamente incorpore aspectos
ambientales y el respeto a los derechos humanos y de la naturaleza en
la práctica diaria del banco. Este nuevo banco debe apegarse siempre al
principio que las actividades que financian “no dañen a las personas ni
al ambiente”.
Enfrentados con la complejidad y diversidad de los ecosistemas
latinoamericanos y caribeños, y su multiculturalidad, es evidente que
las evaluaciones deben ser juiciosas y precavidas. Por lo tanto, el
principio precautorio debe ser una referencia indiscutible en los
procedimientos del banco. Este compromiso del Banco del Sur también
debe nutrirse de los avances en la justicia social y ambiental, y entre
ellos el paso sustantivo dado en Ecuador con el reconocimiento de los
Derechos de la Naturaleza en su nueva Constitución. Esta nueva visión
sobre la valoración del ambiente debe ser incorporada
efectivamente en el Código de Ética del futuro banco.
Consecuentemente, el Banco del Sur no debería promover emprendimientos
que afecten hábitats críticos, sitios de alta biodiversidad o
endemismo, o que afecten especies en peligro, territorios indígenas o
aquellos que amenacen la soberanía alimentaria. En cambio, debería
apoyar iniciativas como la conservación y restauración de la
Naturaleza, y el uso sustentable de los recursos naturales y permitan
construir soberanías sobre esos recursos. Desde este punto de vista es
indispensable que el Banco del Sur priorice sus recursos y créditos en
aquellos proyectos que hagan realidad la soberanía alimentaria y la
soberanía energética, especialmente desde la lógica de una soberanía
regional a construir.
La región enfrenta urgencias en los sectores que combinan la calidad de
vida, salud y la protección ambiental, tales como el saneamiento y el
manejo adecuado de residuos sólidos urbanos y emisiones de gases, así
como en la creciente dependencia de fuentes de energía fósil con sus
consecuentes impactos sociales y ambientales, locales y globales.
Todavía predomina un modelo económico extractivista, cuyas patologías
son ampliamente conocidas. Superar esta perversa realidad es otra de
las tareas que debe emprender el Banco del Sur. En resumen, este banco
debe ser un actor que garantice el Buen Vivir y los Derechos de la
Naturaleza.
El Banco del Sur, además, deberá prepararse para ser parte de las
nuevas estructuras financieras regionales, subregionales y nacionales,
que preparen a nuestros países para los inevitables impactos de los
cambios climáticos que están produciéndose y se producirán a escala
global.
Asimismo, a nivel global se deberá contribuir al manejo sustentable y
eficiente de los flujos financieros. El banco no puede ser, en ninguna
circunstancia, un partícipe de los procesos de especulación financiera
clásica o de aquellos esquemas financieros que si bien puedan usar el
rótulo de “instrumentos de financiamiento verdes”, en realidad
reproducen la lógica de acumulación tradicional del capital financiero
internacional. Es necesario alentar un mayor protagonismo de fondos y
otros mecanismos de inversión que estén genuinamente inspirados en
principios éticos sociales y ambientales. Asimismo, el Banco del Sur
deberá ser un promotor para conseguir el resarcimiento de la deuda
ecológica y social.
Los adherentes a esta declaración desean felicitar al gobierno de
Ecuador, y en especial a la Comisión Presidencial para la Nueva
Arquitectura Financiera Regional y el Banco del Sur, por su iniciativa
en promover este debate plural a nivel continental. Consecuentemente
esperamos que este liderazgo en esta materia se mantenga. Solicitamos a
los gobiernos de los demás países de la región que apoyen la
incorporación real y efectiva de una dimensión socioecológica en el
futuro Banco del Sur. En ese camino, esperamos que todos los gobiernos
concreten la puesta en marcha del Banco del Sur.
Los adherentes a esta declaración lo hacen, en unos casos a nivel
institucional y en otros casos a título personal e individual.
En Quito, el 6 agosto 2009.
Organizaciones y redes:
Acción Ecológica, Ecuador
Centro de Derechos Económicos y Sociales (CDES), Ecuador
Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES), Uruguay
Ecociencia, Ecuador
Ecuador Decide, Ecuador
FASE - Solidariedade e Educação, Brasil
Fundación Solón, Bolivia
Fundación Pachamama, Ecuador
GRAIN
Grito de los Excluidos Mesoamerica.
Instituto Equit, Brasil
Instituto de Estudios Ecologistas del Tercer Mundo, Ecuador
Instituto del Tercer Mundo (ITEM), Uruguay
Latindadd América Latina
Liga de Defensa del Medio Ambiente (LIDEMA), Bolivia
Nexos Culturales, Ecuador
Oilwatch Sudamérica
Rede Brasileira Pela Integração dos Povos (REBRIP), Brasil
Red Internacional de Género y Comercio (IGTN), Capítulo Latinoamericano
Red Latinoamericana de Mujeres Transformando la Economía (REMTE),
capítulo Ecuador
Adhesiones personales:
Alberto Acosta, Quito, Ecuador
Paulo Bustillos, La Paz, Bolivia
María Fernanda Espinosa, Quito, Ecuador
Juan Vicente Troya, Quito, Ecuador
Tomás Hirsch, Santiago, Chile
Alvaro Zerda S., Bogotá, Colombia
Carlos Amat y León, Lima, Perú
Eugenia Correa, México, México.
Eduardo Gudynas, Montevideo, Uruguay
Joseph Vogel, San Juan, Puerto Rico.
Carlos Aguilar Sánchez, San José, Costa Rica
Natalie Weemaels, Quito, Ecuador
Roberto Bissio, Montevideo, Uruguay
José Benjamín Inuca, Quito, Ecuador
Jaime Brailh, Quito, Ecuador
Mariuxi Rivera, Quito, Ecuador
Ignacio Dobles, Costa Rica
Diana Conde, Quito, Ecuador
Javier Félix, Quito, Ecuador
Wimberley Díaz, Quito, Ecuador.
Renato Sánchez, Quito, Ecuador
Guido Tamayo, Quito, Ecuador
Francisco Vizcaíno, Quito, Ecuador
Catalina Noroña, Quito, Ecuador
Miguel A. Vázquez, Quito, Ecuador.
María José Pozo, Quito, Ecuador.
César Hermida Bustos, Quito, Ecuador.
* Declaración elaborada en el marco de la discusión de una nueva
arquitectura financiera regional y la incorporación de la dimensión
ambiental en el Banco del Sur.
La declaración no representa una resolución oficial del seminario
taller celebrado sobre este tema bajo convocatoria de la Comisión
Técnica Presidencial del Ecuador (agosto 2009).
Semana de Acción Global contra la Deuda y
las IFIs -
Basta
de Falsas Soluciones
¡Los
Pueblos y el Planeta requieren Anulación de
la Deuda y Reparaciones YA!
La crisis
financiera y económica
global tiene consecuencias devastadoras en la vida de millones de
personas en
todo el mundo, tanto en el Sur como en el Norte, y en nuestro hogar
común, el
planeta Tierra. Junto con las crisis alimentaria, climática y
energética, la
crisis financiera y económica ha conllevado graves impactos: entre
otros,
pérdidas masivas de puestos de trabajo y salarios; recortes en los
fondos para
garantizar los derechos humanos básicos de salud, educación, vivienda,
agua,
electricidad y seguridad social; expulsiones violentas de la tierra y
del
territorio; un incremento en la concentración del control y la
explotación de
los recursos naturales por parte del poder empresarial; y un incremento
de las
actitudes racistas y discriminatorias por género, religión y
orientación
sexual. Los costos de esta crisis, ciertamente sistémica, continúan
creciendo e
incluyen el agravamiento de la crisis social y la intensificación de la
militarización, de la guerra y de la criminalización de la protesta,
incluso
cuando los beneficios de los especuladores y otros buitres empiezan a
recuperarse.
Los
niveles de endeudamiento en el
Sur global están sufriendo también el impacto de estas crisis surgidas
del
corazón de la economía mundial, como resultado de políticas diseñadas
en favor
del libre flujo de capitales en un mercado que se había declarado
autorregulado. Como resultado, la bomba de la deuda está a punto de
explotar
nuevamente. La reducción de ingresos fiscales, la caída de remesas de
trabajadores migrantes, y las crecientes demandas sociales, económicas
y ambientales,
están presionando a muchos gobiernos del Sur a la búsqueda desesperada
de
prestamistas, borrando cualquier mejoría reciente y convirtiéndose en
presas
fáciles de aquellos que no ofrecen nada sino más deuda ilegítima.
Sin
embargo, la deuda que se está acumulando no es solo financiera. Las
falsas
soluciones que se promueven ante estas crisis están generando un
incremento
potencialmente irreversible de las deudas ecológica, climática, social
y
económica, de las que son acreedores los pueblos y el planeta,
especialmente en
el Sur. Entre estas falsas soluciones podríamos citar nuevos préstamos
para
suplir las necesidades generadas por las crisis; créditos para
proyectos de agrocombustibles,
megaproyectos energéticos o los llamados mecanismos de desarrollo
limpio; el
mercado de carbono; el rol central del que se está dotando a
instituciones
altamente cuestionadas como el Fondo Monetario Internacional, el Banco
Mundial,
el Fondo de Estabilidad Financiera o la Organización Mundial del
Comercio.
También las reducciones de deuda limitadas, condicionadas e impulsadas
desde
los prestadores, desconociendo los compromisos de reconocer y anular
sin
condicionamientos, a las deudas financieras ilegítimas. En lugar de
reconocer
la necesidad de una transformación fundamental de un sistema cuyo
fracaso se ha
tornado cada vez más evidente, las respuestas de los gobiernos del
Norte – en
particular el G7-, de las empresas transnacionales y algunos gobiernos
en el
Sur, van encaminadas a salvar el sistema. En vez de aprovecharse de las
crisis
a espaldas de los mismos pueblos, países y planeta que por un largo
tiempo han
estado pagando los costes de su enriquecimiento, deben ofrecer
compensación y
reparaciones por su responsabilidad en provocar una crisis criminal y
por el
uso desmedido de la riqueza y la naturaleza del mundo entero.
¡Ya
basta! Nosotros,
los pueblos, debemos
unirnos local y globalmente para construir alternativas de equidad y de
equilibro para todos y todas, sin deudas ni dominación. Por ello
convocamos a
los movimientos y organizaciones de todo el mundo, a unir fuerzas en la
SEMANA DE ACCIÓN GLOBAL CONTRA LA
DEUDA Y LAS IFIs,
del 12 al 18 de Octubre de 2009. Juntamente con los Pueblos
Indígenas que convocan a una MINGA
GLOBAL EN
DEFENSA DE LA MADRE TIERRA, del 12 al 16 de octubre, y
uniendo las
luchas por liberarnos de la dominación de la deuda y del
fundamentalismo del
mercado, con las luchas por la justicia climática (13 de octubre), de
las
mujeres rurales y por el repudio de la deuda (15 de octubre), la
soberanía alimentaria
(16 de octubre) y la erradicación de la pobreza (17 de octubre), nos
movilizaremos por soluciones duraderas que harán otro mundo, un mundo
justo,
posible. ÚNANSE A LA ACCIÓN Y DEMANDEN:
·Anulación sin
condiciones de todas las deudas financieras ilegítimas.
·Restitución y
reparaciones de las deudas ecológicas, climáticas, económicas, sociales
e
históricas, sobre la base de auditorias integrales y participativas.
·Respeto del derecho
soberano de los países a tomar medidas unilaterales para poner fin a
los pagos
de deuda a fin de satisfacer sus obligaciones con los derechos humanos
y
ambientales
·Respuestas a las
crisis económica, climática, energética y alimentaria que no aumenten
la carga
de deuda sobre los pueblos del Sur ni sobre el planeta y no incrementen
la
militarización ni la criminalización de la protesta social.
·La creación de
nuevas instituciones financieras y una arquitectura financiera global y
regional que ponga a las personas y el planeta por delante del lucro y
el poder
empresarial.
¡Los pueblos del Sur son los acreedores! ¡No deben pagar!
¡Anulación
de la Deuda y Reparaciones Ya!
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