¡NO SOMOS DEUDORES! ¡SOMOS ACREEDORES DE UNA DEUDA HISTÓRICA, SOCIAL Y ECOLÓGICA!
PATRICK BOND - De soluciones falsas a soluciones reales para el Cambio Climático
martes, 01 de julio de 2008
29-06-08, Por
El Wall Street Journal confirmó en marzo de 2007 que el
comercio
de emisiones "dejará ganancias a algunas empresas muy grandes, pero no
crean ni por un minuto que esta charada será de alguna utilidad para
resolver el calentamiento global". El documento se refiere al comercio
de carbono como una "búsqueda de ganancias al viejo estilo...ganar
dinero haciendo trampa al proceso de regulación".
En medio de su bienvenida crítica a la manía de los biocombustibles,
publicado en ZNEt, Vandana Shiva incluye el siguiente punto: "El
protocolo de Kioto evitó por completo el desafío material de detener
las actividades que conducen a un aumento de las emisiones, y el
desafío político de regular a los contaminadores y hacer que éstos
paguen, de acuerdo con los principios adoptados en la Cumbre de la
Tierra en Río. Por el contrario, Kioto optó por poner en marcha el
mecanismo del comercio de emisiones, que en realidad recompensa a los
contaminadores, asignándoles derechos a la atmósfera y a comerciar
estos derechos a contaminar".
Por cierto, en 1997 en Kioto, Al Gore logró engañar a los
negociadores, llevándolos a adoptar el comercio de carbono como la
estrategia central del clima, a cambio del apoyo de Washington –que
nunca se materializó.
De igual manera, en diciembre de 2007, la Conferencia de las Partes
en Bali permitió que el debate de "todos contra Estados Unidos"
ocultara problemas mucho más perdurables. Incluso muchos ambientalistas
y ciudadanos bien intencionados piensan que construir a partir de los
postulados de Kioto es la estrategia correcta para las negociaciones
pos-Bali.
Entre éstos está la red de ONG conocida como Climate Action Network
y los grupos ambientalistas financiados por las empresas, como la UICN,
el Sierra Club, la World Wildlife Federation y el Environmental Defense
Fund. Los senadores estadounidenses Sanders, Kerry, Liebeman, McCain,
Leahy, Feinstein, Bingaman, Snow, Specter, Alexander y Carper
propusieron leyes en 2007 para concretar el comercio de emisiones.
"Resolver un problema de mercado (la contaminación) con una solución
de mercado" sigue siendo un precepto para algunos verdes 'light', a
pesar de un año plagado de informes escandalosos, tanto de
investigadores como de la prensa.
Hace un año, Peter Aherton, del Citigroup confesó en una
presentación en Power-Point que el Sistema de Comercio de Emisiones de
la Unión Europea (ETS por sus siglas en inglés) "no hizo nada para
detener las emisiones" y actuó como un "impuesto fuertemente regresivo,
gravando fundamentalmente a los pobres". Respecto del cumplimiento de
las metas de la política, admitió que "los precios subieron, las
emisiones subieron, las ganancias subieron… así que no, realmente no.
¿Quién gana y quién pierde? Todas las empresas de generación – ganaron.
Las empresas generadoras de energía en base a carbón mineral y energía
nuclear- las que ganaron más. Los fondos de inversión de alto riesgo
(hedge funds) y los que comercian con la energía – ganaron aún más. Los
que perdieron...ejem...¡los consumidores!".
El Wall Street Journal confirmó en marzo de 2007 que el comercio de
emisiones "dejará ganancias a algunas empresas muy grandes, pero no
crean ni por un minuto que esta charada será de alguna utilidad para
resolver el calentamiento global". El documento se refiere al comercio
de carbono como una "búsqueda de ganancias al viejo estilo...ganar
dinero haciendo trampa al proceso de regulación".
Hablando en el noticiero del Canal Cuatro de la BBC en marzo de
2007, el Comisionado Europeo de Energía daba su veredicto sobre el ETS:
"un fracaso". Yvo de Boer, el flemático jefe del Panel
Intergubernamental sobre el Cambio Climático (PICC) de Naciones Unidas,
advirtió sobre "la posibilidad de que el mercado también pueda
colapsar". En abril de 2006, el precio del carbono en el mercado
europeo cayó a la mitad de la noche a la mañana debido a la mala
gestión de las autoridades del ETS.
Pero no solamente en Europa. Según una investigación del comercio de
carbono (a través del Mecanismo de Desarrollo Limpio, MDL) en el Tercer
Mundo, realizada por la revista Newsweek en marzo de 2007, éste "no
está funcionando...[y representa] un camino groseramente ineficiente de
reducción de las emisiones en el mundo en desarrollo". La revista
califica a este comercio como un fraudulento 'juego de las tapitas' que
ha transferido "US$3 mil millones a algunos de los peores
contaminadores de carbono en el mundo en desarrollo".
Después de una exhaustiva serie de artículos sobre los problemas
asociados al comercio y las compensaciones de carbono, el Financial
Times concluye que no es más que una "cortina de humo" de carbono.
En junio, el diario The Guardian tituló su investigación con el
mismo tono de burla: "La verdad sobre Kioto –ganancias enormes, y un
poquito de carbono ahorrado… Abuso e incompetencia en la lucha contra
el calentamiento global... La verdad inconveniente sobre la industria
de las compensaciones de carbono".
Entre tanto, el profesionalismo y la sensatez de los grandes grupos
verdes –o simplemente su amiguismo (ya que personal clave de la CAN
trabaja ahora en la industria)—los ha vuelto absolutamente inútiles
como observadores vigilantes del comercio de carbono.
Entonces, ¿a quién recurrir?
La Conferencia de Bali registró la creación de un movimiento
alternativo en construcción por fuera de aquellos: la red por 'Justicia
Climática Ya' compuesta por Carbon Trade Watch (un proyecto del
Transnational Institute); el Center for Environmental Concerns; Focus
on the Global South; la Freedom from Debt Coalition, de Filipinas;
Amigos de la Tierra Internacional; Women for Climate Justice (Mujeres
por la Justicia Climática); la Coalición Mundial de Bosques (Global
Forest Coalition); el Global Justice Ecology Project; el International
Forum on Globalization (Foro Internacional sobre la Globalización); la
Kalikasan-Peoples Network for the Environment; Vía Campesina; el Grupo
de Durban por la Justicia Climática (Durban Group for Climate Justice);
Oilwatch; la Alianza Ambiental de los Pueblos Indígenas del Pacífico
(Pacific Indigenous Peoples Environment Coalition); Sustainable Energy
and Economy Network (del Institute for Policy Studies); la Red
Ambiental Indígena (Indigenous Environmental Network); la Red del
Tercer Mundo; el Foro sobre Justicia Climática de las Organizaciónes de
la Sociedad Civil de Indonesia; y el Movimiento Mundial por los Bosques
Tropicales.
Esta alianza criticó el comercio de carbono e hizo un llamamiento
a
buscar soluciones genuinas; "reducción del consumo; transferencias
financieras masivas del Norte al Sur basadas en la responsabilidad
histórica y la deuda ecológica, destinadas a la adaptación y
costos de
mitigación solventados mediante un reorientación del presupuesto
militar, la aplicación de impuestos innovadores y la cancelación de la
deuda; dejar los combustibles fósiles en el subsuelo e invertir en
fuentes de energía eficientes, seguras y limpias, y en energía
renovables gestionadas por la comunidad; conservación de recursos con
arreglo a los derechos, de forma de hacer valer los derechos a la
tierra de los pueblos indígenas y la soberanía de los pueblos sobre la
energía, los bosques, la tierra y el agua; y a través de la agricultura
familiar sustentable y la soberanía alimentaria de los pueblos".
En octubre de 2004 se fundó el Grupo de Durban (Durban Group) con el
objetivo de abordar los problemas del comercio de carbono, advirtiendo
sobre todos los peligros mencionados, en particular, la puntualización
de Shiva de que la transferencia del derecho a contaminar constituye un
regalo de billones de dólares para quienes son responsables del grueso
de los problemas del clima.
Pero los personajes del establishment seguirán confundiendo las
cosas. En la reunión de Bali, uno de los líderes claves del Tercer
Mundo fue el ministro de Medio Ambiente de Sudáfrica Marthinus van
Schallwyk –sucesor de FW de Klerk como líder del Partido Nacional,
después de haber servido en la policía del appartheid como espía de sus
compañeros estudiantes (posteriormente fundió al Partido Nacional en el
Congreso Nacional Africano, el partido gobernante, y fue recompensado
con un ministerio de poca monta). Su estrategia para atraer a Estados
Unidos al redil implicó pagar el precio de eliminar de la declaración
oficial cualquier meta de emisiones y mecanismo de rendición de cuentas
y reforzar el comercio de carbono.
El liderazgo de Van Schalkwyk es un ejercicio de travestismo, ya que
no dijo nada sobre los US$20 mil millones que su propio país destina a
nuevas inversiones – en parte privatizadas a través de AES, una
multinacional estadounidense—en generación eléctrica barata alimentada
a carbón, para beneficio de las grandes empresas; él apoya la expansión
de la energía atómica. Sudáfrica ya tiene una producción de emisiones
por persona por unidad de PBI veinte veces mayor que la de Estados
Unidos, y la política oficial de comercio de carbono de Schalkwyk
argumenta que se trata básicamente de una "oportunidad comercial".
Esto es así solamente si no existe resistencia; en Durban, Sajida
Khan luchó contra el comercio de carbono antes de morir de cáncer,
enfermedad que le causó un relleno sanitario vecino a su casa durante
la era del apartheid – la experiencia piloto para la extracción de
metano, financiada por el Mecanismo de Desarrollo Limpio en Sudáfrica.
En contraposición al comercio de carbono, lo que está reverberando
en el seno de los movimientos de base, entre los mineros y en las
luchas de resistencia en muchas partes del mundo, es una estrategia y
una demanda muy diferente de los activistas de la sociedad civil:
¡dejen el petróleo en el subsuelo, y los recursos en la tierra!
Este llamado lo hizo por primera vez el grupo OilWatch (cuya sede se
encontraba entonces en Quito, Ecuador) en 1997, como estrategia para el
clima en Kioto. Las/os heroicas/os activistas de Acción Ecológica
participaron en la lucha para detener la explotación petrolera en parte
del Parque Nacional Yasuni. Esto llevó al Presidente Rafael Correa a
declarar a mediados de 2007 que el Norte debía pagarle a Ecuador cerca
de US$5 mil millones como indemnización por su compromiso a renunciar
de manera permanente a la explotación del Yasuni (aunque existe
preocupación entre los pueblos indígenas sobre la extracción de
petróleo en zonas aledañas, especialmente de manos de la voraz empresa
brasileña Petrobras).
Hace un año, en el Foro Social Mundial en Nairobi, fueron muchos
grupos más los que entendieron la importancia de este movimiento,
gracias a la elocuencia de los activistas del Delta del Níger, como los
de la ONG de Port Harcourt Environmental Rights Action (ERA)-Amigos de
la Tierra Nigeria. Por ejemplo, mujeres activistas de la comunidad
cortaron sistemáticamente la producción en los campos petrolíferos con
sentadas en las que se desvistieron, mostrando así su total falta de
respeto por las multinacionales del petróleo.
En mi propio vecindario, que incluye dos de las refinerías más
grandes del África, la South Durban Community and Environmental
Alliance se ha movilizado contra los crímenes ambientales de las
empresas y el municipio, entre los que se cuentan tres grandes
explosiones e incendios desde septiembre y la matanza generalizada de
peces en Navidad, provocada por un vertido tóxico en el puerto de
Durban, el más movido del África.
Pero el legado de la resistencia contra los abusos asociados a los
combustibles fósiles se remonta mucho más atrás en el tiempo, e incluye
a los ambientalistas de Alaska y California que lograron detener las
perforaciones e incluso la exploración. En Noruega, el grupo por la
justicia mundial ATTAC se preocupó por estos mismos problemas en una
conferencia celebrada el pasado mes de octubre, y comenzó a realizar un
arduo trabajo para persuadir a los administradores del poderoso Fondo
Petrolero Noruego para que destinen los vastos ingresos obtenidos de la
explotación de su patrimonio del Mar del Norte para pagarle a los
ecuatorianos parte de la deuda ecológica que se les debe.
El analista del clima más elocuente en el Norte quizás sea George
Monbiot, y resultó revelador que en vez de ir a Bali, se haya quedado
en su casa en Gran Bretaña provocando algún revuelo con su columna en
The Guardian:
"Señoras y señores, ¡tengo la respuesta! ¡Por increíble que parezca,
me he topado por casualidad con la única tecnología que nos salvará del
cambio climático desenfrenado! Desde el fondo de mi bondadoso corazón
la ofrezco gratuitamente. Sin patente, sin letra chica, sin cláusulas
escondidas. Esta tecnología –una nueva forma radical de capturar y
almacenar carbono—ya está causando revuelo entre los científicos. Es
barata, es eficiente, y se puede aplicar de inmediato. Se llama...dejar
los combustibles fósiles en el subsuelo."
"En un día aciago de la semana pasada, mientras los gobiernos se
reunían en Bali para prevaricar sobre el cambio climático, un grupo de
nosotros intentó poner está política en práctica. Nos introdujimos en
una mina de carbón a cielo abierto que estaba siendo excavada en
Ffos-y-fran en el Sur de Gales y ocupamos las excavadoras, clausurando
los trabajos por ese día. Nos motivaba un hecho que se les ha pasado
por alto a las sabias cabezas en Bali: si se los extrae, los
combustibles fósiles serán utilizados".
Canadá es otro de los sitios del Norte donde los activistas trabajan
para dejar el petróleo en el subsuelo. En una conferencia de Edmonton
el pasado mes de noviembre, el Instituto Parkland de la Universidad de
Alberta y sus aliados argumentaron a favor de no continuar con
emprendimientos en zonas de depósitos de arena bituminosa (donde es
necesario quemar un litro de combustible por cada tres que se extraen,
y que provocan la devastación del agua, la pesca y la calidad del aire
a nivel local).
El director del Instituto, Gordon Laxer, expuso argumentos sólidos
para establecer límites excepcionalmente estrictos al uso del agua y a
las emisiones de gases de efecto invernadero en la extracción en arenas
bituminosas; planes de recuperación de tierras y depósitos financieros
realistas; que no se subsidie más la producción de energía sucia;
disposiciones para la seguridad energética de los canadienses (ya que
gran parte de la extracción en arenas bituminosas se exporta a Estados
Unidos); y el cobro de tasas mucho mayores a la energía sucia para
financiar la industria de la energía limpia (Alberta tiene actualmente
una tasa de concesión muy baja).
He mencionado con entusiasmo este reclamo en muchos lugares en los
últimos dos años, comentando los méritos morales, políticos, económicos
y ecológicos de dejar el petróleo en el subsuelo. Lamentablemente,
además de confesar mi más profundo pesar por el excesivo combustible
que emplearon los aviones que me llevaron en esta cruzada, debo
informar que el único sitio donde el mensaje cayó como un balde de agua
fría fue entre los queridos compañeros de la petro-socialista
Venezuela.
No importa, son muchísimos los ejemplos en los que las comunidades y
los ambientalistas armados de valor, han logrado con sus campañas
mantener los recursos no renovables (no solamente los combustibles
fósiles) en el subsuelo y la tierra, para el beneficio del
medioambiente y la estabilidad de la comunidad, desincentivando la
corrupción política y favoreciendo la salud y la seguridad de los
trabajadores.
Los casos de mayor interés aquí en Sudáfrica actualmente, son el de
los grandes campos de platino de la Provincia de Limpopo y el del
titanio y otros minerales de las dunas de la Costa Salvaje (donde,
irónicamente, se filmó la película Blood Diamond (Diamantes de
Sangre)). Las comunidades curtidas en la lucha oponen resistencia
contra las empresas multinacionales, pero necesitan la presencia de una
solidaridad vigorosa, ya que la extracción de estos recursos es
sumamente costosa en términos del uso de la tierra local, el
desplazamiento de campesinos, la extracción de agua, el consumo de
energía, y la corrupción política, y demanda constante vigilancia y
solidaridad comunitaria.
La sensibilización que están generando los activistas locales con
estas campañas nos hace a todos más conscientes de lo negativas que son
las estrategias espurias como el comercio de carbono, en contraste con
un proyecto genuino para cambiar al mundo.
Este artículo fue publicado por primera vez en MRZine, un boletín
mensual electrónico, en
Fuente: Enfoque Sobre Comercio , publicado por Focus on the Global
South, que proporciona noticias y análisis sobre las tendencias
regionales y mundiales de la economía y el comercio, la economía
política de la globalización y las luchas populares de resistencia y
alternativas al capitalismo mundial. Focus on the Global South es un
programa autónomo de investigación y acción sobre políticas, asociado
al Instituto de Investigación Social (CUSRI) de la Universidad de
Chulalongkorn, con sede en Bangkok, Tailandia.- Traducción: Alicia
Porrini y Alberto Villarreal para REDES-Amigos de la Tierra Uruguay ()
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